miércoles, 16 de abril de 2014

Las Siete Palabras (x 3) a la húngara

¿Ha escuchado usted Las siete palabras, ya sabe, la obra que Franz Joseph Haydn escribió a raíz de un encargo realizado desde Cádiz en 1786? Supongo que sí. En caso negativo, no sabe lo que se está perdiendo. ¿Y la versión oratorio, es decir, con coro y solistas vocales? Porque lo habitual es escuchar la partitura en sus versiones originales para orquesta o para cuarteto de cuerdas, pero no la sinfónico-coral, que es más tardía. Pues miren, les confieso que esto último yo no lo he hecho hasta hace unos días, y que he quedado por completo maravillado. No diría, desde luego, que es superior a las otras dos, pero tampoco me parece inferior: la increíble belleza de la inspiración haydiniana adquiere además nuevos colores y se enriquece con diferentes perspectivas.

Ferencsik Haydn Siete Palabras

Por eso mismo les traigo aquí, en plena Semana Santa, este triple compacto que compré en Diverdi antes de su desaparición y que ofrece la oportunidad de meter en la discoteca de una tacada las tres versiones en lecturas de nivel francamente alto. Se trata de la reunión en un estuche de tres grabaciones realizadas en 1978 (cuarteto de cuerdas), 1979 (oratorio) y 1981 (orquesta, ya en digital) por el sello Hungaroton contando con fuerzas locales de no escaso prestigio: La Orquesta Estatal Húngara bajo la dirección de János Ferencsik por un lado y el Cuarteto Tátrai por otro.

Las recreaciones del ya por entonces muy veterano maestro de Budapest me parecen espléndidas. Cierto es que las sonoridades son demasiado densas, al menos para oídos acostumbrados a recreaciones historicistas (conozco las recreaciones orquestales de Barry Sargent y Jordi Savall, además de una de Muti en Salzburgo y la que le escuché en directo a Brüggen en Córdoba). También es verdad que en el terremoto se echan de menos incisividad y sentido dramático. Pero a pesar de lo dicho, se trata –en los dos casos, versión orquestal y oratorio– de admirables interpretaciones que se caracterizan por su hondura, calidez, concentración y carácter reflexivo, pero sobre todo por su intensísima espiritualidad, muy por encima de los aspectos galantes, delicados y apolíneos de la obra, que también existen y son los que más parecen interesar al mundo de los instrumentos originales.

Hay quien verá aquí un exceso de pathos, pero a mí no me lo parece: creo que esta música ante todo debe ser religiosa en el más amplio sentido del término, y que por ende debe ir mucho más allá de la mera belleza sonora, que por lo demás está garantizada. Bueno, hay que hacer la excepción del mediocre bajo (József Gregor)y de un tenor (Gÿorgy Korondi), una soprano (Veronika Kincses) y una contralto (Klára Takács) que tampoco parecen gran cosa, pero la verdad es que los cuatro solistas cantan muy poco y el resultado global no se ve apenas empañado. La orquesta rinde a buen nivel, como también lo hace el Coro de Budapest. Las tomas sonoras, algo difuminadas pero muy notables.

Por otro derrotero muy distinto discurre la interpretación del Cuarteto Tátrai: aquí priman la teatralidad, el carácter dramático y hasta el desgarro emocional, dejando bien claro el carácter luctuoso (y programático, no se olvide) de la genial partitura, aunque el fraseo, venturosamente, posee la adecuada elegancia clásica y nunca se llegue a perder el equilibrio expresivo. Eso sí, no se puede pasar por alto que la afinación del por otro lado muy incisivo y vehemente violín de Vilmos Tátrai deja en ocasiones bastante que desear, como también un equilibrio polifónico en el que el líder del grupo suele salir en exceso beneficiado. De todas formas, notable y muy atractiva interpretación que complementa con toda dignidad a las otras dos.

Como hay pocas grabaciones de la versión oratorio, este triple CD editado en 2009 se recomienda por sí solo. No es fácil de encontrar, así que ánimo con la búsqueda, que yo me dedicaré a localizar la versión para piano solo.

4 comentarios:

Agustín dijo...

Haydn son palabras mayores en la música.
Sin duda se programa poco en las salas de concierto y canales de TV especializados, para la importancia que tiene.
También es verdad que hay mucho y bueno para escuchar, pero hay que conocer la obra de Haydn si eres un buen aficionado a la música clásica.
En tu propio interés, más que nada.

Juan Zaragoza dijo...

Disco fantástico, sin duda, donde los haya. Yo me voy a referir, exclusivamente, a la versión oratorio (sinfónico-coral), que es la que tengo.

Se trata de un disco que compré hace muchos años en formato LP y que digitalicé (a CD) hace unos pocos debido a la dificultad en encontrarlo. Te aseguro, Fernando, que tuve la tentación de mandártelo, sin indicaciones externas, para que realizases una escucha a ciegas, con la casi seguridad de que te iba a sorprender y maravillar al mismo tiempo. Si esto fuese un foro (más vivo, con posibilidad de cambiar de temas fácilmente) en lugar de un blog, ya habría sacado el tema a la palestra. Pero hoy ya tienes el CD, lo has escuchado y eres tú el que lo ha hecho aflorar en el blog.

Coincido plenamente con tus apreciaciones y valoraciones, pero me voy a permitir algunos comentarios añadidos.

Totalmente de acuerdo en que es una obra de conocimiento obligatorio para cualquier aficionado, sobre todo la versión sinfónico-coral, y me explicaré. Al contrario que Bach, (casi) siempre religioso, tristón y seriote, en el que resulta muy difícil encontrar obras alegres y divertidas (prácticamente tan solo los Conciertos de Brandenburgo y otras obras profanas del periodo de Köthen que, por cierto, la mayoría de las veces se interpretan contagiadas por el rigor y seriedad propios de las Pasiones y Cantatas del autor) Haydn se nos muestra como un compositor siempre alegre, luminoso, divertido y, a veces, bromista. Incluso en sus Oratorios (La Creación, Las Estaciones…) o sus Misas, nos muestra el lado más alegre de la Religión (Recordemos, por cierto, que tanto Haydn como Mozart y Beethoven, aunque procedentes de áreas germánicas, eran de tradición católica, lo cual no deja de sorprendernos un poco). Por eso, este oratorio tan adecuado para las fechas en que nos encontramos, junto con alguna escasa obra más (me viene a la cabeza el Stabat Mater) constituye una de las pocas ocasiones en que tenemos la oportunidad de conocer esa otra cara de Haydn, ese registro al cual no nos tiene precisamente acostumbrados.

Considero que esta apreciación justifica por sí sola la afirmación antes expuesta: que esta obra debería ser conocida por todos los amantes de la música e invito, al igual que tú, a los seguidores de este blog a que consigan una versión en condiciones.

Por lo antes expuesto coincido también contigo en que la interpretación de esta obra se beneficiará mucho más del subrayado de los aspectos espirituales y religiosos que de otros relacionados meramente con el sonido. Doy fe de que la versión de la que estamos hablando se encuentra claramente dentro de esta línea.

Acabo de comprobar que actualmente (Semana Santa de 2014) en Amazon se encuentran disponibles (y a un precio aceptable) las tres versiones que tú propones, tanto juntas en un pack como por separado, amén de otras muchas a cargo de diferentes intérpretes. Por favor, que nadie se pierda esta fantástica obra.

Saludos desde Zaragoza.

Juan.

Pablo dijo...

La versión oratorio es una maravilla. Yo tengo tres grabaciones de ella (Harnoncourt, Spering y Equilbey), las tres historicistas, y recomiendo especialmente la última de ellas, que publicó el sello Naïve hace unos años. Una delicia.

Hans Grande dijo...

Quedan varios ejemplares usados en Amazon Alemania.

Un saludo,

Hans