domingo, 20 de abril de 2014

Boskovsky 1979: arrebatador

Ya se imaginarán los lectores que el título de esta entrada hace referencia al Concierto de Año Nuevo de 1979. La verdad es que nunca lo había escuchado y que me he llevado una gratísima sorpresa. Y no porque un servidor desconociera la valía de las interpretaciones de la música de los Strauss en manos del que fuera durante décadas concertino de la Filarmónica de Viena, en absoluto, sino porque en esta que fue la última de sus 25 comparecencias el 1 de enero en la Musikverein me ha parecido especialmente entusiasta, inspirado y arrebatador, a la altura de las más memorables ocasiones de esta cita a cargo de otros directores.

Concierto Año Nuevo 1979

No son necesariamente las de Willy Boskovsky la más redondas, perfectas e indiscutibles de las interpretaciones posibles. Se pueden echar de menos la elegancia de un Carlos Kleiber, el equilibrio de un Maazel, la sensualidad de un Prêtre, la delicadeza de un Ozawa, la rotundidad de un Muti, el sentido dramático de un Barenboim y, por descontado, la magia sonora de un Karajan, por citar a sus más celebrados sus sucesores en este evento, pero creo que ninguno de ellos, con la excepción de Kleiber en las polcas rápidas, le supera en vitalidad, energía –siempre bien controlada–, entusiasmo, desparpajo y convicción, atrapando al oyente de inmediato y dejándole sin respiro desde la primera pieza hasta la última.

Por otro lado, desde el punto de vista puramente sonoro la Filarmónica de Viena –en su mejor momento y con la extraordinaria belleza tímbrica que ya conocemos– está tratada con un sentido de la rusticidad que a mi entender le sienta muy bien a estas músicas y que, lejos de potenciar los aspectos más sinfónicos de las mismas o de buscar la sofisticación, miran cara a cara al mundo de lo popular al que tanto deben. Hay elegancia, por descontado, pero una elegancia más bien picarona y fresca, mientras que la ligereza no está entendida como ingravidez o falta de densidad sonora –la orquesta suena con cuerpo y robustez–, sino más bien como espíritu bullicioso y trepidante, y desde luego sin hacerle ascos a la rotundidad ni a la grandeza en los clímax. Eso sí, con tanta vehemencia se puede echar de menos la delectación en el fraseo, la sensualidad y el carácter evocador que consiguen otros directores, pero ya hemos dicho que estas lecturas de Boskovsky no son definitivas, sino una opción más que se encuentra aquí inmejorablemente realizada.


Ha publicado Ángel Carrascosa en su blog una lista con “versiones 10” de obras de la Dinastía Strauss, que pueden ustedes consultar en el siguiente enlace. En ella se recogen varias de las interpretaciones de este concierto. No estoy muy seguro de que sean exactamente esas las que escogería: desde luego me parecen sensacionales las recreaciones de la polca Moulinet de Josef Strauss, una verdadera delicia, o de la celebérrima Tik-Tak Polka  de Johan Strauss II, pero páginas como Vino, mujeres y canciones, del mismo autor, creo que aún podrían estar más paladeadas. Al mismo tiempo, yo metería en mi particular lista la polca Sin frenos, de Eduard Strauss, e incluso la obertura de La bella Galatea, única incursión de Suppé en el programa. Matices sin importancia, en cualquier caso: todo aquí oscila entre lo excelente y lo genial.

Dos cuestiones técnicas. Una, que siendo esta la primera toma sonora digital realizada en Europa, el sonido no termina de convencer ni siquiera con el reciente 96kHz 24-bit Super Digital Transfer: más adelante se han hecho cosas muchísimo mejores en estos conciertos del 1 de enero. Segunda, que la edición que yo he manejado, la de la colección Decca Legends –arriba tienen la carátula–, se encuentra en un solo compacto que se extiende hasta los 81’05’’, todo un récord, pero deja fuera nada menos que Música de las Esferas. Quienes quieran el programa completo tendrán que buscar la edición en 2 CDs que salió en la colección The Classics Sound. En un formato u otro, nadie debería perderse esta joya.

4 comentarios:

Agustín dijo...

Partiendo de que todos los directores mencionados son grandes artistas y de que las comparaciones son odiosas, yo me quedo con Boskovsky para estas obras.
Escúchese, por ejemplo, uno de mis favoritos, Rosas del Sur: Boskovsky le saca todo el jugo, por decirlo de alguna forma y otros, no.
Por cierto y ésto es una apreciación personal, la Sinfonía Clásica de Prokofiev, en uno de sus movimientos, se inspira en un vals de Strauss, no recuerdo ahora cuál. Yo diría que hace algo más que inspirarse.

Carlos dijo...

Mi Concierto de Año Nuevo favorito, que unido a los de Karajan, Kleiber y Maazel 1996 configura una discografía excepcional. Sublime el vals Sonidos de las Esferas, más alegre y festivo que las soberbias versiones de 1987 y 1989 (mis tres grandes referencias).

Muchas gracias por esta crítica y saludos cordiales.

Carlos dijo...

Corrijo un error, Sonidos de las Esferas se tocó en 1992, no en 1989

Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por las aportaciones, Carlos. A ver si puedo escuchar esos Sonidos de las esferas aquí escamoteados.