miércoles, 5 de febrero de 2014

Primer concierto para piano de Brahms por Pollini y Thielemann

No es habitual que cuando uno tiene una serie de críticos favoritos, por compartir gustos y preferencias con ellos, se encuentre con que estos te ofrecen valoraciones diametralmente opuestas sobre un disco. Pero a veces ocurre, claro: es el caso de este Concierto para piano nº 1 de Brahms que grabaron en vivo en junio de 2011 Maurizio Pollini y Christian Thielemann con el concurso de la Staatskapelle de Dresde para Deutsche Grammophon, que uno de mis críticos de cabecera elogió ampliamente mientras otro calificó como muy decepcionante.


Pues bien, ahora he tenido por fin la oportunidad de escucharlo con detenimiento y extraer mis propias conclusiones: me parece una solvente interpretación sin más, muy lejos de las grandes que he escuchado en discos, como son las de Barenboim y Barbirolli (EMI, 1967), Giles y Jochum (DG, 1972), Ashkenazy y Haitink (Decca, 1981), Barenboim y Celibidache (Euroarts, 1991), Zimerman y Rattle (2003-04), Barenboim con el propio Rattle (Euroarts, 2004) y de nuevo Barenboim, esta vez con Mehta (Euroarts, 2006), sin olvidar el increíble segundo movimiento de Arrau y Giulini (EMI, 1960). Habrá más, claro, pero esas son las mejores que he escuchado.

Thielemann pasa por ser el gran heredero de la tradición directoral germánica para el repertorio decimonónico. Pues en este disco no parece eso: es un gran director, pero si algo precisamente falla aquí es el “sabor tradicional” a Brahms ¡Y eso que dirige a la orquesta con mayor solera de todas las europeas! El sonido que obtiene de ella es hermosísimo, muy hermoso y opulento, pero carece de esa densidad, calidez y tersura tan peculiares que sí obtienen los maestros arriba citados. Escúchese, por ejemplo, al “kapellmeister” Jochum en su enorme recreación con la Filarmónica de Berlín: eso sí que es Brahms a cien por cien, fraseado además con esa cantabilidad, esa hondura al mismo sobria y comunicativa y ese digamos “poso venerable” que caracterizan al compositor.


Tampoco termina Thielemann, a mi modo de ver, de administrar correctamente las líneas de tensión, sobre todo en un primer movimiento que comienza con una introducción en exceso nerviosa –y con algún detalle creativo más bien blando– para luego desarrollarse con incuestionable empuje y apreciable comunicatividad, pero sin la densidad dramática necesaria hasta llegar a un clímax central poco preparado, más decibélico que intenso, donde no se produce en absoluto la descarga de tensiones esperada. Funciona mejor el segundo movimiento, muy bello aunque sin el regusto amargo que alcanza con otros directores. En el Allegro ma non troppo conclusivo sí que el maestro berlinés da buena cuenta de su potencia y ofrece una recreación luminosa, fluida y natural, dicha con adecuado júbilo y sin apresuramientos; en cualquier caso, lejos del carácter escarpado con que lo han abordado batutas más arriesgadas (pienso sobre todo en Barbirolli).

A sus 69 años, Maurizio Pollini sigue tocando con esa asombrosa agilidad y limpieza digital que le caracterizan. Lo hace, además, con un sonido que sin ser el más brahmsiano posible, posee fuerza, empuje y rotundidad, fraseando con tensión sonora y sin caer –como le ocurre otras veces– en lo mecánico ni en lo meramente virtuosístico. Pero le faltan, como a Thielemann, efusividad y calor humano en su fraseo, así como rebeldía en  los momentos más encrespados y, en general, matices creativos que enriquezcan su planteamiento no ya objetivo, sino en exceso distante y no poco impersonal. Si les aparece realizar su propia valoración, ahí arriba tienen el vídeo del evento.

7 comentarios:

Bruno dijo...

Leí esta entrada hace varios días. Hoy escucho el 1º tiempo.
Pienso: no frasean bien. Es como si no hubieran ensayado. La orquesta a veces me recuerda ese ejemplo que puso de Abbado con Mozart. Y en Pollini me extraña más porque él si que puede frasear a su aire.
Luego leo su crítica y ya veo que habla de fraseo. Siempre tengo la misma metodología: Esta obra la conozco bien. (La escuché la primera vez y en directo a Markevich con Orozco y me impresionó). Luego he escuchado otras versiones distintas que también me han gustado. Esta no me ha gustado.

Agustín dijo...

BRAHMS está fuera de mi "Ethos" palabra que leí en una entrevista a Christopher Hogwood (a él le pasaba con Beethoven). No conecto con su música, tal vez me esté perdiendo maravillas...pero no conecto.
Tal vez me puedan recomendar alguna obra suya que me sirva de introducción a su música, si es que merece la pena.

Bruno dijo...

Pruebe con el segundo movimiento de su Requiem Alemán. O el 1º tiempo de su 4ª Sinfonía. Algunas danzas húngaras. Si está de buen humor la Obertura Trágica, y si está de mal humor la Ob. Académica. Otra pieza que se capta bien es el 2º tiempo de su segundo concierto para piano. Todo está en youtube. Si no pasa, pues lo intenta dentro de varios años. Le recuerdo que Brahms empezó a estar en el repertorio español sobre los 50. Llevaba ya bastante tiempo muerto. Argenta, y alguno más, lo introdujo. Para entonces era un moderno ininteligible. Cada cosa lleva su tiempo.
Y otro seguro que le recomendará unas obras distintas.
¡Ah! Merece la pena. Seguro.

Agustín dijo...

Gracias Bruno, muy amable.

Bruno dijo...

Agustín, me he repensado lo que le he recomendado. Pero he recordado mi propia dificultad para escuchar a Brahms cuando yo era joven Porque no es un autor fácil de entender a la primera. Desde mi punto de vista ha de tener en cuenta dos cosas: En todas sus obras hay bastantes líneas melódicas y de acompañamiento. Eso hace difícil captar a la primera la línea esencial. Suenan muchas cosas a la vez. Pero además el tal Brahms siempre está variando su propia línea melódica. No espere a escuchar otra vez exactamente lo mismo. Pero todo eso lo verá en seguida como una virtud. Seguro que el propietario del blog o cualquiera tiene mejores u otros consejos.

bruckner13 dijo...

Fernando, ¿no te gusta la 1ª grabación de Zimerman? http://www.youtube.com/watch?v=oWRhkKlBzPE

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Perdonen ustedes que no haya intervenido hasta ahora: he estado ocupadísimo.

Agustín, comparto las recomendaciones de Bruno. No pasa nada si no le entusiasma Brahms ahora: lo hará más adelante, porque es uno de los más grandes.

Bruckner 13: por descontado que la interpretación de Zimerman/Bernstein me gusta muchísimo. Sencillamente es que se me ha olvidado ponerla en la lista.