lunes, 10 de febrero de 2014

El Tristán de Sellars y Piollet en el Real

Cuando comenté aquí la filmación del Tristán e Isolda con videocreaciones de Bill Viola en Helsinki, esto es, la versión “de concierto”, con orquesta sobre el escenario, de la propuesta escénica de Peter Sellars, dije que había que esperar a ver la producción “completa” para calificar la labor del regista norteamericano. Pues bien, al final he podido ver la última de las funciones que, con enorme éxito de público, ha ofrecido el Teatro Real. Y la verdad es que no se aporta nada sobre lo ya visto: los cantantes van de negro y la oscuridad es casi total, lógicamente para no perturbar la visión de las proyecciones, limitándose Sellars a unos cuantos movimientos escénicos más o menos conseguidos, pero sin demasiadas ideas personales salvo la de convertir a Tristán y Marke en antiguos amantes. Aparte de eso, en Helsinki el protagonista se hace matar por Melot –él mismo se clava la espada que empuña éste– mientras que en Madrid su rival ataca por la espalda. Sobre lo ya dicho sobre los vídeos de Bill Viola no añadiré nada, así que es hora de resumir: una puesta en escena que funciona mal en el primer acto, interesa más en el segundo y ofrece muchos momentos atractivos en el tercero, pero que globalmente dista de convencer.

Tristan Teatro Real 2014

Coincidían dos cantantes con Helsinki. Urmana vuelve a ser una Isolda de alto nivel, a despecho de varios sobreagudos claramente chillados; en cualquier caso, mucho mejor en lo vocal que en su muy decepcionante Lady Macbeth verdiana de hace poco más de un año. Lástima que en su liebestod resultara poco emotiva. Jukka Rasilainen ha ofrecido de nuevo un Kurwenal de muy escaso interés. ¿No los había mejores por ahí?

Tercera vez que escucho en directo a Robert Dean Smith como Tristán. La primera fue en el propio Teatro Real, bajo la muy gris batuta de López Cobos pero con una Isolda de la talla de Waltraud Meier. La segunda fue en 2009 en Sevilla con un Pedro Halffter obsesionado por la belleza sonora. Ninguna novedad: el tenor norteamericano da la mayoría de las notas –cada vez menos– y canta con cierta musicalidad, pero se queda muy a medio camino; gris aunque cumplidor, en definitiva.

Francamente buena la Brangania de Ekaterina Gubanova, como ya fue la que hizo en Valencia con Mehta: una voz puede que no muy personal, tampoco muy grande y sin la carnosidad que asociamos con el personaje, pero en cualquier caso cantante musicalísima y de excelente línea canora. Por cierto que los que estábamos arriba –esta vez me saqué entrada sentado, no de pie como suelo hacer, dada la duración de la obra– la tuvimos cerca durante sus dos bellísimas advertencias del segundo acto. Notable el Marke de Franz-Josef Selig, aunque más por su espléndida y muy adecuada voz que por capacidad de penetración psicológica. En este sentido, me resulta difícil olvidar lo que hizo hace algunas semanas Falk Struckmann en Sevilla bajo la dirección de Barenboim.

Y es precisamente el magisterio de este último lo que pone difícil alabar la labor en el foso –sustituyendo a Currentzis– de Marc Piollet, que venía de dirigir aquí mismo una obra tan distinta como Elisir. Comparando con las maravillas que hace el de Buenos Aires en la presente partitura, a su labor de foso le faltaron colorido, plasticidad, refinamiento, sutileza en las dinámicas, hondura trágica y, sobre todo, idioma wagneriano. Pero Piollet supera, con mucho, al citado López Cobos en pulso dramático, sentido de los contrastes e inmediatez expresiva, aventajando asimismo a Halffter y a Mehta (al Mehta de Valencia, no al del DVD hace poco reseñado) a la hora de no caer en el ensimismamiento, en la blandura ni en el hedonismo sonoro. Dicho de otra manera: su batuta fue más bien primaria, pero no aburrió en ningún momento. La Sinfónica de Madrid le sonó de manera aceptable, aunque me parece que el equilibrio de planos sonoros no estuvo del todo conseguido. El corno inglés tuvo buenas intervenciones en el tercer acto. Al coro lo he escuchado mejor en otras ocasiones.

Muy en resumen: un Tristán globalmente muy digno. Nada más, nada menos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Ahora Tristán y Marke son homosexuales?
LO QUE FALTABA... ¿es que no van a parar hasta que todos seamos como ellos? ¿por qué tenemos que aguantar tanto desatino y tanta imposición? ¿POR QUE ENSUCIAR UNA OPERA O UNA OBRA INMORTAL CON SUS obsesiones?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Doy por sentado que el comentario anterior es una broma, claro.