jueves, 19 de diciembre de 2013

Eschenbach con la Nacional de España: mejor que nunca

Escribir en la red sirve, entre otras cosas, para recordar lo que se ha visto. De este modo he logrado enumerar las veces que he escuchado en directo, siempre en su faceta de director, a ese músico desconcertante e inclasificable que es Cristoph Eschenbach: primero en Valencia en 2004 frente a la Orquesta de Philadelphia, después en la misma ciudad de nuevo con la formidable formación norteamericana en 2009, y finalmente en Granada con la Orquesta del Schleswig-Holstein en julio de 2011. De este modo la sesión matinal del pasado domingo 15 de diciembre ha sido la cuarta, y desde luego la más reveladora de la formidable técnica del artista alemán: con él la Orquesta Nacional de España ha sonado mejor que nunca.


Me refiero a sonoridad global, claro, porque entre los solistas hubo desigualdades; muy bien, por ejemplo, el primer violín en la partitura de Richard Strauss, pero bastante flojo –no solo por los deslices sino también por el fraseo- la trompa en la sinfonía de Tchaikovsky. Pero en cualquier caso puedo aseverar que nunca había visto a la ONE tan sólida, empastada y virtuosística como en la referida ocasión. Bueno, con Semyon Bychkov tampoco estuvo precisamente mal hace unos meses. ¿No será que nuestra orquesta necesita mucho antes a directores de primera, aunque sean invitados puntuales que vengan, cobren y se vayan, que el típico titular “paciente, honrado y trabajador” tipo Josep Pons? Porque ha sido marcharse el maestro catalán y subir rápidamente el nivel de la formación. Y miren ustedes lo que ha pasado con la Sinfónica de Madrid: cuando se largó López Cobos y vinieron los invitados de Mortier los resultados fueron espectaculares. Lamento decirlo, pero yo cada vez creo menos en el “día a día" y más en el talento.

Pero volvamos a Eschenbach. Se abrió el programa con Till Eulenspieguel. Formidable trabajo técnico: no solo la orquesta funcionó estupendamente –no está de más repetirlo–, sino que se escucharon todas y cada una de las líneas instrumentales del complejo entramado sonoro diseñado por Strauss. Interpretativamente se trató de una lectura ortodoxa, que sonó a lo que tiene que sonar, pero también flexible, creativa y ricamente matizada en lo expresivo; desarrolló, además, un buen sentido de la atmósfera y tuvo su imprescindible punto de humor negro, aunque en alguna que otra frase un poco más de retranca hubiera sido bienvenida.

Página infrecuente a continuación: el arreglo para piano y orquesta que hizo Franz Liszt de la Fantasía Wanderer de Schubert. Infrecuente y no del todo redonda, vamos a reconocerlo, porque el resultado está demasiado cerca del universo del autor de la Sinfonía Fausto y no termina terminar de dar al pobre Schubert todo lo que le pertenece.


La interpretación madrileña no fue precisamente inferior a la única que conozco, la que en 1986 grabaron Sir Georg Solti y Jorge Bolet para Decca. Eschenbach dirigió con energía magníficamente controlada y gran convicción, mientras que el joven Christopher Park no solo demostró plena solvencia en cuestiones de virtuosismo sino también una enorme sensibilidad y concentración; al contrario que Bolet, supo hacer sonar al piano de manera propiamente schubertiana, particularmente en un segundo movimiento que hubiera rozado lo sublime si no hubiera sido porque alguien del público montó un numerito. La verdad, no sé como no se paró la interpretación después de sufrir durante al menos un minuto el lento –parsimonioso, realmente sádico– derramar de monedas por el suelo del Auditorio Nacional. ¿Qué necesidad, señor o señora, tenía usted de rebuscar en su monedero o bolso durante uno de los pasajes más sublimes y concentrados de toda la inspiración schubertiana?

El pianista alemán de origen coreano perdonó este incidente y unos cuantos más con los móviles (¡menudo público el del domingo!) y ofreció de propina una buena –solo eso– interpretación de una página de Prokofiev que me fascina: Sugestión diabólica.

Quinta sinfonía de Tchaikovsky en la segunda parte. Interpretación lenta –cerca de cincuenta minutos– y otoñal, paladeada con amorosa concentración, dicha con toda la ternura, calidez y sensibilidad que demanda el autor. En lo puramente sonoro estuvo trabajada con enorme plasticidad y renunció a las asperezas propiamente rusas para optar por una visión digamos que occidentalizada, de gran belleza pero por completo ajena al amaneramiento, la blandura o el efectismo. Eso sí, personalmente eché de menos una dosis mayor de tensión sonora, de rabia y visceralidad, ingredientes que no son incompatibles con la visión madura adoptada; a veces me resultó excesivamente meditativa y poco teatral. Reparos menores, en cualquier caso, para una interpretación que ya quisiéramos como nivel medio para los programas de abono de nuestras orquestas.

13 comentarios:

Agustín dijo...

Yo tengo una casette del sello Deutsche Grammofon, comprada hace años, con Christoph Eschenbach como pianista, donde interpretaba la impresionante Fantasía K.475 (cuando digo impresionante, es porque es impresionante)de Mozart, junto con las sonatas K.457 y K.525.
Es una de mis grabaciones más queridas, unas interpretaciones de esas que consiguen que la música te apasione todavía más, así que no me extraña nada su calidad como director.
Respecto a la sinfonía nº 5 de Ilia, aunque todo el mundo dice que la mejor es la 6ª, a mi me ocurre que me parece mejor la quinta.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues no sabría con cual de las dos sinfonías quedarme. Eso sí, aprovecho para recomendar las interpretaciones de Böhm con la Sinfónica de Londres... si es que alguien tiene la suerte de encontrarlas. Saludos.

Agustín dijo...

¿Y las de Mravinsky con la Filarmónica de Leningrado?
Yo tenía entendido que son la referencia, al menos para la 5ª y 6ª de Tchaikovsky.
No conozco en absoluto las de Böhm con la Sinfónica de Londres.
Por cierto, me gustaría que algún día, si es posible, hiciera un análisis de las principales orquestas del mundo, con su opinión sobre cada una.
¿Es variable con el tiempo la calidad de esas orquestas?
Gracias.

vicentet dijo...

El problema que veo en los grandes maestros es que no se quieren atrever con orquestas de segunda fila.No creo que a barenboim, a Rattle o Muti le "ponga" el asunto de dirigir aquello que no controlan. Por lo demas en cuanto a la quinta de tchaikovksy creo que la de bernstein y la de celibidache son buenisimas. La de Bohm es facil de encontrar en tiendas de segunda mano pues en España el circulo del libro la comercializó hace mas de 20 años.

Agustín dijo...

Desde luego, el director es importantísimo. Pongo un ejemplo de unas obras que me gustan especialmente: las Sinfonías "Londres" de Haydn.
He oído muchas versiones, incluso de diferentes directores con la misma orquesta, por ejemplo, la del Concertgebow de Amsterdam, en un caso Colin Davis y en otro Harnoncourt. Hay un abismo, aunque yo conocí esas obras con Davis y están muy bien.
Otros directores, como Bernstein y Szell, con orquestas no tan buenas, firman interpretaciones para mí superiores.
En fin, es un mundo apasionante y hay tarea para muchos años escuchando y comparando versiones.
Para colmo, todo es subjetivo.

Anónimo dijo...

Las de Böhm con la London Symphony que recomienda Fernando están aquí:

http://torrent-poisk.org/torrents/407078

Anónimo dijo...

Las de Böhm con la London Symphony que recomienda Fernando están aquí:

http://torrent-poisk.org/torrents/407078

Agustin dijo...

Pues yo debo de ser un poco inútil, pero no consigo verlo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Vamos por parte.

Vicente, es verdad que a muchos maestros de primera no les gusta trabajar con orquestas de segunda. Creo que la razón es muy simple: no basta con "hacer su versión", sino que hay que currarse cuestiones técnicas y eso supone mucho más esfuerzo. La llegada de Eschenbach ha sido un lujo para la ONE.

Anónimo: gracias por el enlace para lo de Böhm. Quiero aclarar que no las considero como "las mejores versiones de todos los tiempos", pero sí son grabaciones de altísimo nivel y enorme personalidad que hay que conocer. Por eso aproveché para recomendarlas. Quizá las comente en una próxima entrada.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Continuo.

Agustín, las versiones de Mravinsky quizá no sean para tantísimo como algunos han dicho.

Por descontado que la calidad de las orquestas varía con el tiempo. No soy nungún experto en el tema, pero a lo mejor le hago caso y en otra entrada escribo sobre mis orquestas preferidas. En la línea rusa, quizá haya que reivindicar a Markevitch, sobre todo.

En cuanto al enlace de las versiones de Böhm, es un Torrent. Tiene usted que tener instalado el programa adecuado. Lo puede encontrar aquí, por ejemplo:

http://torrent-poisk.org/torrents/407078

En enlace al Tchaikovsky propiamente dicho lo tiene usted arriba a la izquierda en un rectángulo azul, con letras en ruso. Un saludo.

Agustín dijo...

Muchas gracias.

Anónimo dijo...

A mi me encantan las 3 ultimas sinfonias por Celibidache. Dichas con muchisima lentitud, parsimoniosas, sobre todo la cuarta que le dura casi una hora. Nadie ha ido tan lejos. Las de Bohm son muy buenas, y con respecto a los rusos creo que pasa un poco con los mitos que con el el tiempo se desmoronan y a Mravinsky le pasa eso.Ahora a disfrutar de la navidad con el cascanueces de Kna.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mi Quinta de Tchaikovsky preferida en discos es la de Celibidache/Múnich, precisamente.