miércoles, 6 de noviembre de 2013

Decepcionante Aida en el Maestranza

Salí desilusionado de la Aida que ofreció el Teatro de la Maestranza el pasado domingo 3 de noviembre. Acudía yo con ganas, teniendo noticias de la belleza de la producción procedente del Liceo barcelonés a base de papeles pintados por Mestres Cabanes, sabiendo que iba a haber unas voces prometedoras sobre la escena y teniendo en mente la globalmente digna dirección musical que de Rigoletto ofreció hace tan solo unos meses Pedro Halffter. Pero no: la decepción fue grande pese a que hubo tres cosas que me gustaron muchísimo.

Una fue precisamente la escenografía, con más de medio siglo de antigüedad pero aún vigente no ya por el impacto que causan sus trampantojos, sino por su extraordinaria belleza visual y su enorme capacidad para sugerir atmósferas. La segunda, la notable Aida de Tamara Wilson, que por cierto cantó a menor volumen que en otras funciones debido a una afección gripal anunciada previamente por megafonía. Su timbre no me parece particularmente interesante, su extensión por abajo tampoco es muy holgada y no se puede decir que la norteamericana sea un prodigio de fuerza dramática, pero la señora cantó con muchísimo gusto, con enorme clase, llenando el fraseo de riqueza belcantista pensada no en aras de “hacer bonito”, sino con la adecuada intencionalidad expresiva. Su “patria mia” queda para el recuerdo. Eso sí, como actriz es una nulidad y apareció maquillada por su peor enemigo.

El tercer elemento que me pareció admirable fue el Ramfis de Dmitri Ulyanov, un artista al que últimamente he tenido la oportunidad de escuchar varias veces. Por ejemplo, en el Boris y el Macbeth del Real o en el Rigoletto del Maestranza arriba referido. Lástima que su personaje cante tan poco, porque las demás voces me interesaron bastante menos.

Es el caso del tenor Alfred Kim: voz de mucha calidad y agudos tan seguros como bien timbrado para un cantante de nula sensibilidad expresiva, desinteresado por ofrecer el menor matiz e incapaz siquiera de hacer un regulador. Aburridísimo e inexpresivo, en suma. Tampoco creo que haya mucho Radamés aceptable por ahí suelto: el Maestranza habrá hecho lo que ha podido con el presupuesto del que dispone.

A la madre de María Luisa Corbacho le escuché hace años una muy buena Amneris en Jerez. Ahora es ella la que toma el testigo en el papel, y la verdad es que de momento no parece preparada para él: tiene que trabajar mucho para darle homogeneidad a su voz, que posee un enorme potencial, y darle mayor riqueza a los aspectos expresivos. La mallorquina es aún muy joven, así que tiene tiempo de transformar esas posibilidades en una magnífica realidad. En cualquier caso fue la suya una aceptable realización, como lo fue también la del algo vulgar pero efectivo Amonasro de Mark S. Doss. Deficiente el Rey de Carlo Malinverno: ¿qué hacía ese señor ahí?

Hasta aquí, pensará con razón el lector, no parece que el elenco de esta Aida resultara malo; al contrario, fue digno dentro de esos inevitables altibajos habituales en cualquier teatro de ópera. Si el firmante de estas líneas salió frustrado fue ante todo por Pedro Halffter, un director que alberga mucho talento para determinados repertorios y al que he elogiado en bastantes ocasiones. Incluso su Rigoletto, ya lo dije arriba, me parece que funcionó con solvencia. Pero de esta Aida no puedo en absoluto decir lo mismo. Escribió un amigo que su dirección no necesita parecerse a la referencial de Riccardo Muti, que hay otras maneras de acercarse a Verdi. Estoy de acuerdo. Pero cualquier batuta, adopte el enfoque que adopte, requiere un ingrediente que le faltó de manera muy obvia a la del madrileño: tensión sonora. Se echaron también de menos garra dramática y variedad de acentos. El resultado fue una lectura plana, sin pulso y muy aburrida, con una excepción: en el tercer acto Halffter pudo hacer gala de su gran sentido para la atmósfera sensual y para las texturas, y además acompañó con gran sutileza a la Wilson en su aria. Ahí sí, único momento de la noche, el maestro ayudó en la partitura en lugar de lastrarla.

No he hablado aún de la dirección de actores a cargo de José Antonio Gutiérrez. En una palabra: bochornosa. Porque ese calificativo es el único que se puede aplicar a la que permite a una Aida entrar en escena como lo hizo la Wilson, entre saltitos y risitas por su gozo ante la presencia de Radamés. De acuerdo con que con la escenografía de Mestres Cabanes no permite un movimiento escénico precisamente agitado, pero una cosa es eso y otra muy distinta montar una función escolar de fin de curso. Con un poquito de trabajo y de talento se podían haber solucionado cosas como la colocación de los brazos, las entradas y salidas de escena, los movimientos del coro… Mal, muy mal, aunque muy a tono con el chirriante vestuario de Franca Squarciapino. Bastante mejor las coreografías de Ramón Oller, que por sí mismas no sirvieron para salvar un espectáculo teatralmente muy pobre. Lo dicho, una decepción. Me hubiera encantado poder escribir lo contrario.

Ah, no coloco fotos porque no encuentro ninguna medianamente decente que no esté sujeta a derechos de autor. Lo siento.

9 comentarios:

Pablo dijo...

Yo voy el sábado. Tu crítica es casi lo único que he leído, porque tengo por costumbre no crearme prejuicios antes de la función. A ver qué me encuentro.

Mj. Hermosilla dijo...

En total desacuerdo con tu crítica. Asistí el domingo 3 pero parece que en otra dimensión. Por qué no aceptas simplemente que es la partitura la que carece de fuerza expresiva? Sin duda Aida no es la mejor obra de Verdi con diferencia y tanto el Director como los cantantes hicieron lo que pudieron con una obra que pretende impactar al público a grosso modo, más que en los detalles y sutilezas.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

http://flvargasmachuca.blogspot.com.es/2013/10/la-aida-de-toscanini.html

Vaya, precisamente en esa entrada de hace unos días otra persona me criticaba precisamente por decir que Aida es una música irregular. Efectivamente, estoy de acuerdo en que esta ópera no es en modo alguno la mejor de Verdi, pero también pienso que contiene mucha música de enorme calidad, sobre todo en su segunda mitad.

Por lo demás, creo que a estas alturas sé distinguir entre calidad de la música y calidad de la interpretación: en mi opinión personal, muy insuficiente en Sevilla por parte de directores musical y escénico. Creo que se puede hacer muchísimo mejor.

Gracias por los comentarios. Un saludo.

Mitchum dijo...

Decir que una obra del Verdi maduro carece de fuerza expresiva... En fin, creo que poco se puede añadir. Ocurre que perdemos de perspectiva la obra como un todo, y nos quedamos con las fanfarrias del segundo acto y la imagen de esa música chimpunera en manos de Luis Cobos. No, hombre, no. El recogimiento de Aida en el "Ritorna, vincitor" o el "Oh patria mia" pone los pelos de punta. Y si no es expresivo el dúo barítono-soprano en el que el padre llama esclava a la hija... En fin. Cosas veredes.
La dirección de Halffter, por lo que me aseguran asistentes a estas funciones, es lo de siempre: incapacidad para encontrar el color verdiano, para respetar a los cantantes, para saber cuál es el lugar de la orquesta (que desde luego no es sepultar a los artistas bajo un manto sonoro). PH es la mediocridad como batuta en este repertorio, que se empeña una y otra vez en pisotear. No lo entiende él. Y tampoco lo entiende un público maestrante que lo aplaude como si fuera Giulini redivivo. Sordera sevillana de la buena.
Estimado Fernando, te leía con interés tu apreciación sobre la Aida toscaniniana. A mí me parece una lectura orquestal magnífica, austera, eficaz, pero sobre todo, teatralísima. Toscanini plantea casi una Aida íntima, sin los excesos de batutas posteriores. Y el resultado es Verdi en su esencia más pura. Me ocurre también con su Otello, menos con su Traviata. Es de obligada escucha esa forma de entender la dirección orquestal. Y quiénes canten acaba siendo un poco accesorio, porque mira que la Nelli era una cantante honesta pero correctita, y Peerce tenía una voz fea fea. Al menos está Valdengo, barítono espléndido. Pero incluso voces poco agraciadas como Vinay sabían crear personajes bajo la dirección de Toscanini.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por los comentarios, Mitchum. Estoy ahora en Valencia. Contestaré cuando vuelva a casa.

Pablo dijo...

Después de ir a la función, coincidimos en la gran mayoría de las cosas, aunque o bien Corbacho tuvo mejor noche o simplemente me gustó más que a ti. Por cierto, interesantes esos apuntes biográficos verdianos que venían con el libreto...

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Perdón por la tardanza en contestar.

Mitchum, no quiero que te lleves la impresión de que quiero descalificar la dirección de Aida que hace Toscanini. Tiene valores importantes, entre ellos el altísimo sentido teatral que señalas. Pero no estoy de acuerdo con que sea "la esencia más pura" de Verdi, por citar tus palabras, porque para serlo el fraseo tiene que sonar... pues como si estuviera cantando Bergonzi. Y ahí mi impresión personal es que Toscanini no acierta. La cantabilidad es un concepto fundamental en la ópera italiana no solo en las voces (¡obviamente!), sino también en la orquesta. Por eso mismo tampoco me termina de convencer su en cualquier caso notabilísimo Otello. El Falstaff sí que me parece sensacional, aunque tela de raro: amargo y agrio a más no poder.

Un detalle: Peerce no canta en esta retransmisión televisiva de Aida, sino Tucker.

En cuando a dudar seriamente de la calidad de esta partitura, pues vaya: el lector Mj. Hermosilla expone sus razones y lo hace con respeto, cosa que le agradezco, pero otros por ahí que han lanzado auténticos rebuznos sin el menor reparo. Claro que hay también quienes dicen barbaridades sobre esa maravilla que fue en el Real "La Conquista de México"... o sobre todo lo que suene medianamente contemporáneo. En fin, que así nos va, con los bandos refugiados en sus trincheras negándose a mover mínimamente sus posiciones. Mala cosa.

Sobre Pedro Halffter no tengo mucho más que decir. Él sabrá lo que hace, pero me da pena que pudiendo hacer cosas estupendas en otros repertorios se empeñe con Verdi.

Pablo, ya leí tu reseña de la Aida. Nunca me había pasado esto de coincidir tantísimo en las valoraciones con alguien al que no conozco absolutamente de nada. ¡A ver si un día tengo el gusto de saludarte en persona! La Corbacho, pues eso, o tuvo mejor noche o simplemente a mí me gustó menos, pero ojo que creo que por ahí se ha sido muy duro (y hasta soez) escribiendo sobre ella. Me parece que lo hizo globalmemte con dignidad y, desde luego, estuvo muy por encima del tenor.

Saludos.

Mitchum dijo...

Claro que esa Aida la canta Tucker. Yo me refería a Peerce por otros títulos que cantó bajo la batuta toscaniniana, como el Ballo o la Traviata. Era una reflexión general acerca de que, con Toscanini, las voces tienen un lugar casi secundario frente a su concepción del drama verdiano, con el que (salvo en Traviata) estoy bastante de acuerdo. En todo caso, ese juvenil Tucker cantando Radamés es un pequeño lujo, aunque el papel le luciría más unos años después, en la grabación con la Callas.
Es cierto que es un sonido seco, austero, nada ampuloso ni complaciente. Y que, en alguna ocasión, hay una tensión que, de tan mantenida, puede resultar excesiva. Pero el resultado final, cuanto menos, me parece que debe conocerse por cualquier aficionado para establecer estándares.
Yo sí creo que haya cantabilidad en las direcciones de Toscanini. Su Otello es prodigioso en ese sentido. Incluso la Aida. También le digo que de Aida no he visto el video, sino sólo he escuchado el audio.
Pero siempre es un gusto charlar de ópera con quien aprecia a los clásicos!

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lo de Peerce es confusión mía, que no entendí tu texto, perdón. Confieso haberle escuchado poco. Ciertamente voz fea, sí.

Y es verdad que Valdegno era desde luego un gran cantante, aunque la claridad del timbre no jugó a su favor. En cualquier caso, estoy de acuerdo en que la personalidad inconfundible de Toscanini se ponía siempre muy por encima de cualquier otra consideración. Otra cosa es que a mí me no me entusiasme: para personalidades arrolladoras me quedo con Klemperer, aunque nunca dirigiera a Verdi.

Un cordial saludo.