miércoles, 4 de septiembre de 2013

Refrescante reencuentro con Morricone: La mejor oferta

El pasado fin de semana, aún en Jerez de la Frontera, tuve la oportunidad de ver en cine la última cinta de Giuseppe Tornatore. Me refiero a La mejor oferta, que como bien dice en su blog mi amigo Juan José Roldán (leer) puede entenderse como una enésima y excelente revisitación de esa obra maestra absoluta que es Vértigo de Hitchcock. Me gustó bastante, y confieso que intentaré volverla a ver, esta vez en inglés, para apreciar como es debido al gran Geoffrey Rush. Pero lo que en estas líneas quiero destacar es lo muy refrescante que ha sido reencontrarme con la música de mi en otros tiempos muy admirado Ennio Morricone, posiblemente –eso dicen algunos– persona un tanto mezquina, y sin duda –de eso doy fe– discreto director de orquesta, pero importantísimo compositor para el cine.


Y digo refrescante porque la partitura del italiano, cuya personalidad creativa no enlaza con la tradición sinfónica hollywoodiense sino que encuentra sus raíces en la música de vanguardia italiana y en cierto pop europeo, no tiene absolutamente nada que ver con el muy adocenado y previsible sonido estándar que, tras la inmensa explosión creativa de los ochenta, se ha impuesto en el cine comercial de los últimos lustros, con una larga serie de compositores increíblemente dominadores de la técnica de fusión de la música y la imagen, dueños de toda clase de recursos de orquestales y perfectos conocedores de una tradición de grandes maestros que saben hacer suya sin tener que recurrir al plagio, pero incapacitados para decir nada personal en ningún aspecto: perfectos artesanos de eficiencia garantizada, pero escasísima personalidad –todos se parecen a todos– y ninguna inspiración.

El octogenario Morricone felizmente no tiene nada que ver con eso. La suya es una voz propia, inconfundible, más aún cuando vuelve a recurrir a la voz susurrante (¿cuántas obras maestras nos han entregado juntos a lo largo del último medio siglo?) de Edda Dell'Orso, otro gratísimo reencuentro. Pero es también una voz que, cuando trabaja a gusto, sabe arriesgar y ser creativo sin perder personalidad. Aquí nos entrega un trabajo de texturas –como en él es habitual– poco sinfónicas y carácter mucho antes atmosférico que narrativo en la que la escritura musical va a estar sutilmente engarzada por la historia que se nos cuenta y con el cómo se nos cuenta.


De este modo, la reducida gama cromática de la fotografía de Fabio Zamarion, tendente a un azul irreal, encuentra su equivalente con una paleta orquestal basada casi por completo en la cuerda tratada con tonalidades ocre. El mundo del coleccionismo artístico en que se desenvuelve el misántropo personaje encarnado por Geoffrey Rush, como también el juego de espejos –quizá de trampantojos barrocos– que nos propone el un tanto previsible guión, hacen que el estilo propiamente morriconiano se refleje en la música italiana de la Edad Moderna: efectos de eco propios de los conciertos del setecientos, agilidades violinísticas a la manera de un Paganini, incluso (pistas 16 y 17 del compacto editado por Warner, que ustedes pueden escuchar completo en Spotify) ejemplos perfectos de contrapunto digamos que bachiano… Las citas cultas, por fortuna, ni resultan pretenciosas ni caen en el mero pastiche.

Los retratos femeninos que con compulsiva obsesión colecciona y atesora secretamente el protagonista –búsqueda del ideal femenino que terminará encontrando en la enigmática chica que vive oculta a la vista de todos en su decadente palacio italiano– se traducen musicalmente en las voces femeninas –entre ellas la de la citada Dell'Orso– que se superponen creando oníricos efectos de eco que podría recordarnos lejanamente a la policoralidad veneciana. El autómata cuyas piezas va recogiendo nuestro personaje por la referida mansión para ponerlas en manos de un joven mecánico que al mismo tiempo le aconseja sobre cómo conquistar a la joven, se integra en la partitura con las fantasmagóricas sonoridades oxidadas de la armónica de cristal –supongo que aquí manipuladas electrónicamente–, una idea que ya utilizó Nino Rota para la muñeca mecánica de Il Casanova en su más grande partitura para Fellini.


Hay también, y en este sentido la originalidad desde luego es menor, que no así la eficacia, escenas de suspense a base de trémolos en la cuerda con ostinati de clavicémbalo, este último un detalle no ya seteccentista sino más bien setentero, esto es, de la música cinematográfica europea de hace cuarenta años. Y para terminar, ya que Tornatore se permite realizar varias citas directas al filme de Hitchcock arriba citado, Morricone hace lo propio con la correspondiente partitura de Bernard Herrmann: el arranque de “Sguardi furtivi” (pista 5) se parece al que abría Vértigo, y en “Cercarla e non trovarla” (pista 7) hay un motivo de cuatro notas descendentes y ascendentes que refleja –espejos nuevamente– al celebérrimo tema que articulaba “en espiral” los títulos de crédito de la cinta protagonizada por James Stewart y Kim Nowak. Todo ello, por descontado, revistiendo musicalmente a la cinta de Tornatore del halo melancólico y otoñal que demanda.

¿Alguna insuficiencia? El “tema principal”, si es que se puede hablar aquí de tal cosa, no es lo más melódicamente inspirado que ha salido de la pluma de Morricone, pero quizá sea una decisión voluntaria: la renuncia a la calidez de una melodía hermosa retrata mejor la desolación del protagonista.

4 comentarios:

Atticus dijo...

Yo no soy Tornatoriano ni Morriconiano en absoluto, pero creo que nos encontramos ante una notable película y una banda sonora estupenda, mas efectiva que efectista, que me ha reconciliado con el compositor romano.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No seré yo el que niegue que en la extremadamente prolífica carrera de Morricone haya habido una gran cantidad de bodrios. Pero entre ellos, también obras de singular belleza.

jc_buitre dijo...

Concuerdo con lo escrito por usted en este pos,t en lo magistral que está la banda sonora de Ennio Morricone, y donde la voz de Edda dell'Orso, es plácido escucharla...Muy buena descripción.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias. A ver si tenemos pronto nuevos trabajos del maestro.