lunes, 12 de agosto de 2013

Barenboim hace Berg en homenaje a Said

Las palabras de Daniel Barenboim al público del Teatro de la Maestranza tras su único concierto andaluz de la gira 2012 de la Orquesta del West-Eastern Divan (enlace) sonaron a despedida: el Partido Popular, indudable favorito en las encuestas electorales, había prometido liquidar la Fundación Barenboim-Said en cuanto llegara al poder. La derecha ganó las elecciones autonómicas, efectivamente, pero los partidos de izquierda sumaron muchos más votos y se hicieron con la presidencia de la Junta de Andalucía, así que el proyecto –todo esto lo cuento para los lectores del extranjero que no estén informados del asunto– sigue adelante para desesperación de sus detractores, entre los que no me cuento precisamente, aunque desde luego lo hace con un fortísimo recorte del muy abultado presupuesto con que contó en sus primeros años en nuestra comunidad autónoma.

Barenboim WEDO Andalucia 2013

Los dos conciertos de este año en tierras andaluzas, que comentaré en otra entrada, fueron precedidos de un homenaje al teórico literario y pensador palestino Edward Said, colaborador de Barenboim –con el que le unía una estrechísima amistad– en el proyecto desde el primer momento, fallecido ahora hace diez años. Se celebró no en el Maestranza sino en el Teatro Central de la misma Sevilla, un recinto escénico que se levantó para la Expo’92 pensando en espectáculos más o menos alternativos. Había larga cola en taquilla. En un momento dado se indicó que los que venían a recoger invitaciones pasaran por otra puerta: todas las personas menos un matrimonio y un servidor –al final fui invitado, aunque yo ya me había comprado mi entrada y la de mi acompañante– se movieron en ese momento, lo que dejó en evidencia que muchos de los que acudieron al evento lo hicieron a través del protocolo.

Y protocolaria, efectivamente, fue esa velada del jueves 8 de agosto. Protocolaria y aburrida en su hora y tres cuartos de duración. Fue bonito el video de unos ocho minutos (aquí abajo lo tienen) con figuras como Felipe González o Juan Goytisolo glosando la figura de Said. Me pareció honesta pero pesada y tópica la intervención del político Bernardino León, independientemente de lo mucho que haya hecho el político malagueño por el proyecto. Decepcionante la pequeña charla de la profesora Ana Dopico, discípula de Edward Said, y deslavazadas sus preguntas a Daniel Barenboim, el cual –ese sí– dijo cosas interesantes y con la profundidad en él esperables, aunque se mostrase notoriamente cansado; también, por razones obvias, algo triste.

En medio de todo esto, interpretación dirigida por Barenboim del Concierto de cámara para violín, piano y trece instrumentos de viento de Alban Berg, obra cuya ejecución en nuestra tierra me parece todo un maravilloso atrevimiento, toda vez que aún se oyen sonoros rebuznos –la última vez los he escuchado en un foro de ópera– de presuntos melómanos que afirman que lo que compone el autor de Wozzeck no es música sino ruido. En una entrada anterior ya escribí sobre la extrema dificultad de escucha de la página: el público del Teatro Central, invitado o no, lo hizo en enorme silencio y sin la cascada de toses que se podía prever. También escribí sobre las amplísimas posibilidades expresivas de esta partitura especialmente ambigua y abierta, así como de las dificultades de su interpretación: no solo exige una batuta de especial lucidez que organice con lógica, claridad y perfecto pulso el material a su disposición, sino también unos instrumentistas de enorme virtuosismo y gran intención expresiva –sea en una dirección u otra– en cada una de sus intervenciones.

Los miembros de la WEDO superaron la prueba de fuego, y además con nota, aunque personalmente, después de haberme maravillado con los prodigios del Ensemble Intercontemporain en la última de sus grabaciones, encontré algunos desequilibrios tanto a nivel técnico como en el expresivo: creo que es necesario distinguir entre lo muy bueno o incluso magnífico, es el caso de estos chicos, y lo absolutamente excepcional que otras formaciones son capaces de ofrecer. En cuanto a los dos solistas, hubo un descubrimiento y una confirmación. El descubrimiento, el pianista Karim Said, sobrino-nieto de Edward que demostró estar perfectamente capacitado para una pieza tan comprometida como esta. La confirmación, Michael Barenboim: si la grabación radiofónica del Concierto para violín de Schönberg  bajo la dirección de su padre ponía de manifiesto su deslumbrante maduración a lo largo de estos últimos años, este Berg le sitúa en primera fila como intérprete del repertorio expresionista. Y digo intérprete, que no ejecutante: Barenboim Jr. no se conforma con dar las notas, sino que sabe impregnarlas de comunicatividad para “traducirlas” al oyente. Estuvo sensacional.

En cuanto a Barenboim Sr., en su dirección se nota que fue el pianista de las dos primeras grabaciones de Boulez. Se nota en su renuncia tanto al trazo expresionista virulento como al sentido del humor más o menos negro, más o menos desenfadado. Fue la suya, como la del enorme compositor y director francés, una visión realizada desde la atalaya de un cierto clasicismo analítico y expresivamente ambiguo. La diferencia es que mientras Boulez es mucho más cerebral, más minucioso y técnicamente perfecto, el de Buenos Aires aporta una dosis de inmediatez y comunicatividad impregnada no de la densidad dramática del Barenboim de otros tiempos, sino del lirismo digamos que “humanístico” que cada año que pasa se evidencia más en sus interpretaciones. Fue, en este sentido, una reivindicación del Berg más lírico y cantabile, una opción –conociendo la obra del autor– tan válida como cualquier otra, aunque funcionó mejor en el segundo tiempo –recreado de manera con lentitud y excelente pulso– que en los otros dos. En cualquier caso, interpretación de muy alto nivel que supone un verdadero lujo para la vida musical sevillana, por mucho que algunos o muchos presuntos buenos melómanos de esos que tanto se quejan de lo mal que está la cosa no quisieran hacer acto de presencia. Ellos sabrán por qué.

4 comentarios:

Julio Salvador Belda Vaguer dijo...

Querido amigo, lectores todos de este espacio. Espero, deseo con todo el corazón que lo aquí comentado, que me trae a la memoria palabras similares dichas al final del concierto del verano pasado, no se haga realidad. Si llegara a suceder habría que tomar medidas muy serias con los responsable de que una pérdida así ocurriera en España.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mi postura sobre el tema, querido Julio, es la de siempre.

Me parece por completo comprensible que haya muchas personas que se molesten de que la Junta financie con una cantidad importante, aunque considerablemente menguada ahora, a la Fundación Barenboim-Said, mientras deja languidecer las programaciones de orquestas y auditorios de nuestra comunidad.

Lo que no entiendo (o sí lo entiendo, pero me parece detestable) es que haya muchos que pidan que cierren la referida Fundación, cuando saben perfectamente que los políticos no iban a invertir el dinero "ahorrado" precisamente en programación de música culta, sino en otros campos más rentables electoralmente. Pero el odio (no sé si político o ad hominem) les ciega: lo que quieren es a Barenboim fuera, aunque ello suponga quedarnos sin el enorme privilegio que es contar con su presencia y sin las múltiples actividades, aparte de los conciertos, que organiza la Fundación.

Julio Salvador Belda Vaguer dijo...

Completamente de acuerdo querido Fernando. No creo que deba enfocarse como un tema polítio, aunque desgraciadamente se así, sino simplemente como un tema de patrimonio cultural. Lo que aporta a esta nación, comunidad, ciudad y personas es de tal valor que en cualquier lugar con mínimas luces se darían tortas por tenerlo. Tengo el privilegio de tener a mi hija en la Fundación, he asistido a muchas de sus actividades escolares, he degustado la presencia del maestro Barenboim en Sevilla y no puedo más que lamentar que se pase por la cabeza deshacernos de ese patrimonio.
Ojalá que no.
Un fuerte abrazo y en cuanto pueda compraré el disco de Berlioz.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Me atrevo a recomendarle, Julio, que no se compre el disco de Liszt y Berlioz con la WEDO editado por Decca: es muy bueno, pero ni está grabado con mucho acierto ni la Fantástica es tan admirable como la del otro día en Sevilla.

Por cinco euros encuentra usted en la FNAC de la Avenida la que a mi entender mejor de las cuatro Fantásticas de Barenboim, la segunda de ellas. Y por cuatro euros en Amazon:

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