domingo, 10 de marzo de 2013

Adiós a la “Hoja Parroquial”

Se veía venir: el número de marzo de 2013 es el último de vida del Boletín de Diverdi, más conocido como “Hoja Parroquial” desde que Ángel-Fernando Mayo decidió seguirle un chiste a alguien sobre el presunto sectarismo de sus enseñanzas wagnerianas.

Es mala noticia para todos, no solo para la distribuidora de discos a la que servía de promoción: cuanto menos difusión del hecho musical, cuanto menos formación e información, no solo paladares menos afinados, sino también, a la larga, menos número de espectadores, menos taquilla, menos venta de discos en general, menos conciertos... Es la bola de nieve que va rodando haciéndose cada vez más grande. Los recortes se retroalimentan y nos encaminan hacia un estadio de desarrollo musical como el que teníamos antes del boom de los noventa.

En cuanto al Boletín propiamente dicho, la leía con mucho interés y alcanzaba una calidad incuestionable, pero nunca me acabó de convencer por una razón muy sencilla: no era una revista de crítica musical sino una publicación de publirreportajes. Por muy bien realizados que estos estuvieran, los artículos tenían como fin primordial vender los discos distribuidos por Diverdi, y por ende era muy difícil que alguno saliera mal parado. Era divertido ver cómo algunos de los colaboradores daban dobles y triples saltos mortales, escribiendo entre líneas y ofreciendo argumentos de lo más peregrino, para poner bien discos que se notaba claramente que no les habían gustado.

Cuando el disco en cuestión estaba bien no había problema, aunque aquí luego estaba el interés de la firma en cuestión. A mí unos colaboradores me gustaban mucho, otros regular y otros poco. El que más, ya lo pueden ustedes imaginar: precisamente el malogrado Ángel-Fernando Mayo, uno de los pocos que –con su prestigio y categoría se lo podía permitir– ponían a caldo una grabación cuando hacía falta. Pero también había otros que, independientemente de que se pudiera estar o no de acuerdo con sus criterios, yo podía aprender mucho. Y otros de los que no.

Está feo decir el nombre del que menos me gustaba, pero lo voy a hacer porque este señor no dudó a la hora de denunciar mi presunta ignorancia a la dirección de la revista Filomúsica a raíz de una reseña del disco Aromas de Sefarad, casualmente distribuido por (¿hace falta decirlo?) los señores de Diverdi. Ni a él ni a otros amigos del Trío Sefarad les hizo ninguna gracia que hablara mal de ellos, y de hecho me montaron un acoso por la red en toda regla. Ah, el nombre del crítico en cuestión es Pierre Élie Mamou, también conocido como Pedro Elías. Sí, el mismo que escribió dos de los cuatro volúmenes de la Guía de la Música Clásica grabada editada por la Diputación de Sevilla a principios de los noventa. Esos mismos en los que ninguneaba a Karajan y a Solti al tiempo que ponía por las nubes a Hogwood y Norrington en el repertorio decimonónico. Con el Trío Sefarad les dejo, para que lo disfruten como crean conveniente. Pobre Diverdi.

2 comentarios:

JAVIR M.F. dijo...

Vengo recibiendo el Boletín de Diverdi desde hace muchos años. Su presentación, volumen y calidad de los artículos, hacían que excediera el ámbito publicitario de boletín para entrar en el campo de revista especializada.
No obstante cualquier crítica a este boletín sin situarnos antes en el contexto y objetivo con el que nace, haría que naciera viciada de ante mano y además de forma injusta.
En cuanto al sentir de las críticas había que saber leer entre líneas para sacar las conclusiones debidas.
Lo echaremos de menos.

Bruno dijo...

Creo que el asunto va por otro lado. No tengo idea de si el amor a la clásica disminuye o aumenta. En cualquier caso las posibilidades de acceso son ahora muy grandes. Allá cada cual con sus gustos y sus educadores.
Me imagino que el origen en concreto de la crisis de esa Revista está en la del CD. Ahora se accede a la música por la red.Y por la copia. Esto es así y las productoras, y el público, se tendrán que adaptar a los nuevos medios.
Basta recordar los m2 que en los últimos 20 años ha ido dedicando El Corte Inglés al CD clásico. O al número de tiendas.