sábado, 9 de febrero de 2013

I due Foscari en Valencia con Domingo

Quien quiera leer una crónica completa sobre las funciones de I due Foscari que está ofreciendo en producción escénica de Thaddeus Strassberger y bajo la batuta de Omer Meir Wellber con protagonismo absoluto de Plácido Domingo, puede acudir -si no lo ha hecho ya- a los blogs de Atticus y Maac. Como tengo que salir ahora hacia Madrid, me limito aquí a dejar unos apuntes de urgencia sobre la función de ayer viernes 8, la última de cuantas ha ofrecido el Palau de Les Arts.


Plácido, maravilloso. Con un instrumento inadecuado, sí, pasándolo mal en los pasajes de bravura y con problemas para hacerse oír en los concertantes, pero conservando una voz de increíble belleza en el centro, fraseando con un legato exquisito, cantando las melodías con verdadero espíritu verdiano y matizando en lo expresivo con un altísimo grado de sutileza y emotividad. Esta semana he escuchado dos grabaciones con Leo Nucci (el DVD comentado por aquí y una toma con Muti en la Scala) y no tengo la menor duda de quedarme con el madrileño, muchísimo más musical, más emocionante y más artista, por mucho que no sea barítono.

Estupendo el tenor Ivan Magrì, con problemas en su primera aria pero a partir de ahí valiente, luminoso y entregado, muy en sintonía con el Verdi primerizo. La jovencísima y prácticamente debutante Guanqun Yu tiene aun muchas cosas por mejorar, sobre todo en dicción y espíritu italiano, pero su voz es de fuste -sin ser una dramática de agilidad, pero apuntando en esa dirección- y su técnica solvente; estuvo muy bien y probablemente en el futuro podrá desarrollar una carrera importante si se cuida. Poderosa la voz del bajo Gianluca Buratto.

Omer Meir Wellber dirigió en plan Toscanini: tempi muy rápidos, fraseo ágil, incisivo y cargado de electricidad, enorme sentido teatral y un descuido muy considerable hacia la cantabilidad, la sensualidad y la atmósfera. Así las cosas, se alternaron momentos rutilantes con otros precipitados, excesivamente nerviosos y dichos por completo de pasada, por no hablar de la habitual tendencia del director israelí al decibelio gratuito; a Domingo lo tapó en más de una ocasión, mientras que no dejó al tenor frasear con la suficiente amplitud su segunda aria. La orquesta, sensacional, con solistas repletos de musicalidad. ¡Menos mal!

La dirección de actores fue muy pobre e incluyó alguna considerable chorrada, como el hecho de que al final la infeliz Lucrezia ahogase a su propio hijo provocando la muerte por infarto de Francesco. Fueron sin embargo muy atractivas la escenografía y el vestuario, y muy sugerente la iluminación. En conjunto, muy digna producción escénica que redondeó una velada quizá no sensacional, pero sí de notabilísimo nivel: si se hubiera grabado en DVD, sería mucho más recomendable que el de Parma comentado en la anterior entrada. Yo me lo pasé divinamente. Ah, entre el público estaba Mortier: ¿estará pensando en llevarse estos Foscari al Real?



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