lunes, 8 de octubre de 2012

Fiarse o no fiarse

En referencia a mi discografía comparada de Ein Heldenleben, me ha comentado un lector lo siguiente:

"Sobre Barenboin solo decir que al igual que sucede con el Sr. Carrascosa y en su día con Pedro Gonzalez le profesan una admiración demasiado incondicional, ya se sabe que le van encumbrar de entrada, no sirve".

Entiendo que el comentario lleva su parte de razón, porque yo mismo tiendo a desconfiar cuando un crítico pone casi siempre por las nubes a un artista determinado. Quizá sera el momento de realizar algunas reflexiones sobre ello distinguiendo entre dos circunstancias muy diferentes entre sí.

Una de ellas se da cuando el músico elogiado de semejante manera es un artista local o, al menos, pertenece a un círculo en el que -de un modo u otro- se mueve el crítico que lo alaba constantemente al tiempo que minimiza u obvia sus desaciertos. En estos casos entiendo que hay dos posibilidades: el músico es un genio que rara vez baja de la excelencia o el crítico un adulador. ¿Puede darse la primera posibilidad? Claro que sí. Pero coincidirán ustedes conmigo en que genios, lo que se dice genios de la interpretación, de esos a los que rara vez se le pueden poner reparos serios, hay pocos en el mundo, y lo normal es que a los buenos, notables o excelentes músicos que nos rodean sí que podemos censurarle de vez en cuando -como a todo hijo de vecino- algunas cosas. Por eso mismo, cuando me encuentro con críticos que siempre elogian y jamás censuran -aunque sea moderadamente- a un artista más o menos cercano, inmediatamentente tiendo a pensar que hay gato encerrado. Claro, al final uno puede descubrir que el crítico en cuestión acostumbra a cenar con los referidos artistas -a veces, incluso, a acudir a fiestas en su casa- o que el mismo suele acercarse a las instituciones en que ellos trabajan para solicitar -léase exigir- notas al programa, traducciones y otras prebendas. Al final sale la cuenta: dos y dos son cuatro.

La otra circunstancia se da cuando el artista está bien lejano. Se le puede conocer más o menos en persona, pero uno sabe que nada le importará lo que sobre él se escriba, bueno o malo. Hablamos de artistas de fama internacional ya tan encumbrados que ni a ellos les afectará lo que se diga ni -desde luego- se dejarán conmover por lo que un modesto crítico local  plantee a sus lectores. En tal caso de lo que se trata, para entendernos, es de "admiración incondicional". Ahí me sitúo yo con respecto a Barenboim, al que por cierto no conozco (le he pedido varios autógrafos, cierto, desde que le vi por primera vez en 1992 hasta ahora, pero él no sabe quién soy yo, ni puñetera falta que hace). De nuevo hay dos posibilidades que explican el fenómeno: o al crítico se le derriten los sesos con semejante artista por los motivos extramusicales que sea, o el músico en cuestión sí es, efectivamente, un artista excepcional, independientemente de que a uno le guste o no su modus operandi.

Permítanme un sencillo ejemplo sobre un señor al que no conozco pero respeto profundamente dentro de la discrepancia: Enrique Pérez Adrián frente a Claudio Abbado. Quienes leemos Scherzo desde hace tiempo sabemos de la particular devoción que el crítico profesa por el milanés. Yo no la comparto. Por ende "no me fío" de lo que este señor escribe sobre el maestro, al igual que el lector que me dejó el comentario arriba parcialmente reproducido "no se fía" de mí cuando de Barenboim hablo. Ahora bien, ¿significa esto que el veterano Pérez Adrián o este aún joven y mucho menos sabio bloguero -lo digo sin segundas- nos comportemos como idiotas cada vez que escribimos sobre los referidos artistas? Creo que no. Lo que ocurre es que Abbado y Barenboim son dos artistas de excepcional talento para hacer la música de la manera que a cada uno más nos gusta. Resulta lógico que la excelencia que habitualmente E.P.A. encuentra en Abbado a mí me parezcan ingravidez, cursilería y superficialidad, al igual que a este señor la para mí incuestionable genialidad de Barenboim no sean sino pesadez, grisura y aburrimiento. Son dos maneras opuestas de hacer música en la que cada uno de los referidos artistas alcanza, eso creo que nadie lo discute, las cotas más altas. Todo ello independientemente, claro está, de que en muchas otras cosas críticos dispares puedan coincidir por completo. ¿Que a Pérez Adrián y a mí nos parece sublime el Bruckner de Celibidache? ¡Pues claro! Y si a usted no, pues sus razones tendrá, y en su derecho estará de "desconfiar" de nosotros. Lo que no vamos a hacer es renunciar a nuestro gustos y moderar el entusiasmo para que no "piensen mal" de lo que escribimos.

6 comentarios:

Bruno dijo...

Hay muchas maneras y resultados al interpretar música. Y le damos vueltas para encontrar la versión que recoge más tesoros de lo escrito, según nuestro gusto.
Pero cada uno tiene sus gustos. Y los artistas también. Cada uno suele seguir una línea en la que puede estar más o menos acertado.
La crítica suele señalar la línea de cada uno, y su grado de acierto, y valorar más cuando coincide la intención del intérprete y el gusto del crítico.
Todo esto azucarado cuando el intérprete resulta que tiene una línea, personalidad, bien definida, la cumple y es interesante.
De estas cosas nos informan los críticos. Además de sus gustos personales. En cuanto uno conoce los gustos del crítico entiende bien, o mejor, sus reseñas.
Afortunadamente aún no hay una forma estándar de interpretar la Heróica.
Ahora, a ver qué me hace el robot.

Felirosi dijo...

Quizás me pasé con mi comentario y le pido disculpas si he podido molestar. La opinión o "crítica" sobre una interpretación, la versión que más nos gusta, en efecto, son conceptos subjetivos muy válidos. Siempre me ha parecido ambiguo y confuso usar la expresión "versión de referencia", esto es algo que en mi opinión no existe. Uno tiene derecho a mantener una opinión muy unidireccional, pero me hace desconfiar. El caso Barenboin es sintomático en este pais, nunca he entendido la ojeriza que le han mantenido desde Scherzo, frases como "es un gran pianista pero mediocre director" hoy sabemos que están fuera de lugar, pero las han usado demasiado tiempo, de igual forma y quizás como reacción a lo anterior desde Ritmo se ha practicado una defensa excesiva del director argentino. Y esa actitud no cae dentro del dominio del gusto, del subjetivosmo, quizás proceda más de la simpatía, de la afinidad, del "me cae muy bien". También tenemos todos derecha a manifestar nuestras preferencias, pero hay que hacer un ejercicio de objetividad dentro de lo posible. Le he leído al Sr. Carrascosa la defensa a ultranza, incondicional, de una determinada interpretación de Barenboim en una ópera de Mozart que el resto de opiniones críticas han sido unanimente negativas. ¿Es un problema de gustos o de afinidades, o de simpatías?. Si somos tan sesgados en nuestras opiniones ¿no estamos cayendo en la actitud de un hincha cuando defiende a su equipo? Por otra parte, magnífica la polémica del Sr. Carrascosa en su Blog con el "enfant terrible" Gino.
En fin, meras elucubraciones calenturientas. Mi comentario fue motivado ante lo escrito por varios usuarios de un foro que frecuento y es algo que piensan muchos.
Por lo demás, siempre sigo lo que publica el Sr. López Vargas-Machuca en este atractivo blog y sus opiniones me suelen interesar.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Vaya, no sabía que en ese foro se me leyera. Acabo de ver lo que se dice sobre mí. Lo respeto, salvo eso de que -en el hilo sobre el Beethoven de Brüggen- alguien que es profesor de Geografía e Historia no debería escribir críticas musicales. Me he suscrito al foro, pero no pienso entrar al trapo.

En cuanto a Ritmo y Scherzo, es un viejo tema que no me apetece mucho remover ahora. Cuando muy a principio de los noventa comencé a leer ambas revistas también me sorprendió la radical discrepancia en torno a Barenboim. Con el tiempo, pero desde luego mucho antes de empezar a escribir en Ritmo, tuve claro que me sentía mucho más cerca de los primeros que de los segundos.

En cuanto a mi amigo Ángel Carrascosa, él sabe bien la cantidad de veces que hemos discutidos -a veces muy acaloradamente- sobre ciertas interpretaciones barenboinianas, pero tengo claro que fue él quien acertó ya hace muchos lustros al valorar al de Buenos Aires como uno de los más grandes de nuestros tiempo.

Sobre Gino, solo diré que lo desagradable de su comportamiento me parece aun mayor que su sabiduría. Eliminé hace tiempo el enlace a su blog desde el mío y no volveré a colocarlo. Sinceramente, estoy muy harto de los que van de prepotentes por la vida. Con lo interesante que es intercambiar opiniones sin descalificar la del otro...

vicentet dijo...

En scherzo se metian hasta hace poco con la vertiente de director de orquesta de Barenboim,no como pianista que si que lo trataban muy bien. De todas formas algo ha cambiado porque desde hace tiempo le estan dando bastantes -EX a los discos del argentino, incluida la integral Beethoven del Divan. Es mas bien una linea editorial,pasa como con las guias scherzo, la de Bach es deplorable, solo habla de versiones historicistas y desprecia a las que no usan instrumentos originales.Eso es sectarismo.

Nemo dijo...

Leí Ritmo y Scherzo desde tiempos inmemoriales (la segunda desde su fundación). Siempre me chocaron los sesgos, muy marcados, de una y otra revista. Ritmo, a partir de la escisión, con su exageradas y un tanto ridículas -en la expresión- alabanzas a Barenboim o Solti; o su fea agresividad contra Levine, Sinopoli, etc. Scherzo con su rechazo a Barenboim o Solti, y otras estrellas del presente, y su fervor por músicos del pasado (más o menos remoto), aunque con un estilo menos chafardero en general (pero con pullas).

De Ritmo (post-escición), me chocó siempre su falta de finura al valorar grabaciones más antiguas, una tendencia a dejarse llevar por la calidad del sonido y un sesgo a favor de lo último, de lo reciente. De Scherzo, todo lo contrario.

Una parecía la imagen espejo de la otra, lo cual era posible por los marcados sesgos de ambas, que se invertían en la oponente.

De Ritmo me gustaba que en muchos casos iban al grano, y resultaban frescos y directos al opinar (a veces demasiado coloquiales), sin temor a comparar "a ciegas" (buen ejercicio). De Scherzo me gustaba cómo fundamentaban históricamente y musicalmente en muchos de los artículos extensos de sus mejores críticos, aunque a cambio muchas veces ni mencionaban la calidad de sonido o se molestaban en comparar con otras referencias.

Valoro mucho a críticos de uno y otro bando (hablo de estas revistas años atrás), con sus sesgos o preferencias, por haber demostrado un talante abierto, curiosidad, disposición a rectificar, a aprender y revisar y por un cuidado en tratar de ser siempre justos, por no mencionar un estilo respetuoso y serio.

Mi crítica ideal combinaría un poco de ambas cosas, más un análisis de la interpretación partitura en mano (como hace, por ejemplo, Stravinsky, con muy mala leche, en referencia a algunas interpretaciones de Beethoven), más las cualidades antedichas.



Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Nemo, creo que estoy más o menos de acuerdo con usted. Solo una puntualización: en Ritmo recuerdo "fea agresividad" hacia Levine, pero no hacia Sinopoli, que a mí me parece que en general salía bien parado.

Muchas gracias por sus aportaciones. Un saludo.