miércoles, 20 de junio de 2012

Geroncio por Barenboim: Elgar a la alemana

El pasado mes de enero Daniel Barenboim se ponía al frente de la Filarmónica de Berlín para acercarse por primera vez a una obra que, a pesar de la importante cantidad de discos que grabó con música de Elgar en los años setenta para CBS, nunca hubiéramos relacionado con sus intereses: El sueño de Geroncio. La elección de la partitura, por cierto, ha sido plenamente suya, no de la orquesta. Seguí en su momento la retransmisión radiofónica, mas no saqué una idea del todo clara de la interpretación. Meses después he vuelto a la misma, esta vez con imágenes, a través de la Digital Concert Hall (enlace), pero escuchando entre medias otras dos versiones, por cierto muy diferentes a ésta: la ya algo antigua de Rattle (EMI) y la mucho más reciente de Ashkenazy (Decca). Y ahora sí me encuentro en condiciones de dejar unas notas sobre lo que se escuchó en la Philharmonie.


De entrada, la interpretación se ve seriamente lastrada por Ian Storey, el Tristán de Barenboim en La Scala, ¿recuerdan? Hay que reconocer que el tenor británico canta su larga y difícil parte con buen gusto y alejado de la afectación que exhiben algunos otros cantantes, pero desde el punto de vista técnico su actuación resulta muy mediocre, por momentos insoportable. ¿No podía la Filarmónica de Berlín haber contratado a alguien mejor? Me parece percibir aquí la mano del de Buenos Aires, y no precisamente para bien. La que sí está estupenda es Anna Larsson: a despecho de algunos agudos tirantes, su línea es muy hermosa y sensible, y hasta cierto punto puede recordar al fraseo señorial de la sublime Janet Baker. Kwangchoul Youn está muy bien, más en su segunda intervención que en la primera. Y fantástico el Rundfunkchor Berlin bajo la dirección de Simon Halsey, quien por cierto ya se había encargado de preparar a los coros en la citada grabación de Rattle.

En cualquier caso, el interés está en lo que hace Barenboim con la partitura: germanizarla, claro, con la obra sinfónico-coral de Liszt en el punto de mira. Para lo bueno y para lo no tan bueno. No hay aquí nada, pero absolutamente nada de pompa victoriana; las texturas son densas y oscuras, sí, y la orquesta posee un sonido suntuoso, pero en ningún momento hay asomo de pesadez o de hipertrofia orquestal. Tampoco hay melifluidad, blandura expresiva ni delectación en el mero hedonismo. Todo esto está muy bien. Pero tampoco encontramos ese peculiarísimo toque, inconfundiblemente británico, de elegancia, refinamiento y relativo distanciamiento expresivo (que no de asepsia) que haría sonar a esta música con más propiedad estilística, ni ese punto de nostalgia y decadentismo bien entendido que la perfilaría de manera más claramente elgariana.

Por otra parte, y como pueden ustedes imaginar, a Barenboim no le van en absoluto las visiones seráficas que propone el texto del Cardenal Newman. Donde se siente cómodo el de Buenos Aires es subrayando con implacable dramatismo los dolores del alma ante la inminencia de la muerte, desatando de manera tempestuosa la furia de los espíritus torturados y sintiendo más terror que admiración contemplativa ante la inminencia del Juicio. Y cuando hay que ofrecer vuelo lírico, espiritualidad y meditación, aspectos que por otra parte en absoluto son ajenos a las maneras directoriales del Barenboim más reciente, lo hace impregnando la atmósfera de una voluptuosidad sensual, carnal incluso, que hace pensar más en este mundo que en el que se nos describe en el muy católico libreto. Ni que decir tiene que a todo este planteamiento le añade el maestro una enorme dosis de sinceridad y temperatura emocional, maravillosamente recogida por una orquesta en verdadero estado de gracia. A conocer.

2 comentarios:

Romina dijo...

Don Fernando:

¿Qué opinión le merece algunas de las versiones del concierto para violín y orquesta de Elgar, es decir, cuál le llega más al corazón? He aquí algunas de las más importantes:

1) Perlman y Barenboim:

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2) Kennedy y Handley:

http://www.amazon.com/Elgar-Violin-Concerto-Introduction-Allegro/dp/B000S56KEC/ref=sr_1_2?s=music&ie=UTF8&qid=1413810240&sr=1-2&keywords=elgar+kennedy

3) Hahn y Davis (versión altamente recomendada por David Hurwitz y Christophe Huss):

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Y muchas más que olvido. No le mencioné las históricas versiones de Sammons/Wood; Menuhin/Elgar y Heifetz/Sargent porque prefiero escuchar el precitado concierto con excelente sonido estéreo, digital o Hybrid SACD. Muchas gracias.

Saludos cordiales,
Romina

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Me temo que solo tengo tres versiones. Las tres me gustan muchísimo: la de Menuhin con el propio Elgar (1932), todo un clásico, la de Zuckerman con Barenboim (1976) y la de Perlman con Rozdestvensky (1981), esta última en DVD de sonido monofónico.

De la de Perlman/Barenboin tengo entendido que es bastante floja para venir de quienes viene, al menos en comparación con lo que ellos mismos hicieron por separado.

Lamento no poderle ayudar más en este asunto. Un cordial saludo.