martes, 1 de mayo de 2012

Lo hicieron por nosotros

Vaya por delante -por si acaso: siempre sale algún manipulador- que no soy comunista, y que la experiencia soviética me parece uno de los episodios más lamentables vividos por la humanidad en el siglo XX. Quiero sin embargo traer hoy, 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores que rinde homenaje a los sindicalistas ajusticiados en Chicago en 1886, una partitura que surge en el seno de la URSS y que en principio hace referencia directa a la revolución de 1905, concretamente a la jornada del “domingo sangriento”: el tercer movimiento de la Sinfonía nº 11 de Dmitri Shostakovich. El mismo es un canto fúnebre dedicado a quienes dieron la vida en aquella oportunidad, pero creo que podemos suscribir la afirmación de Rostropovich -que es por cierto quien mejor ha dirigido esta música- de que la obra es “un réquiem por todas las revueltas reprimidas”. La interpretación que he encontrado en YouTube no es muy buena, pero servirá para quien no conozca esta página.


¿Por qué precisamente esta música hoy? Quienes viven en España ya lo habrán imaginado. Es tal la campaña desatada por nuestro actual gobierno derechista y sus medios afines en contra de la acción sindical -inmejorablemente ayudados por los graves errores cometidos por los propios sindicatos-, que resulta imprescindible recordar que la progresiva mejoría en los derechos de los trabajadores que se ha venido experimentando en el último siglo y medio tiene no poco que ver con el esfuerzo que durante todo este período, arriesgando mucho y a veces sufriendo terribles consecuencias, han realizado multitud de trabajadores en busca de una idea común. Una idea ante la que la burguesía, fiel defensora de los principios liberales (¿les suena?) en torno a la inhibición del Estado frente a la relación entre empresarios y empleados, se manifestó con la mayor dureza posible hasta que tras la Segunda Guerra Mundial descubrió que la transformación del proletariado en clase media consumidora le vendría bien para incrementar sus ingresos.

Conviene recordar todo esto ahora que, debido a la competencia de los mercados asiáticos, los empresarios del mundo occidental han decidido recortar nuestros derechos con la excusa de la crisis: es la única manera de mantener sus márgenes de beneficio. Conviene recordarlo, también, en unos momentos en los que el gobierno del Partido Popular anda reformando la legislación para restringir el margen de maniobra de los movimientos de protesta -de nuevo con una excusa perfecta: la inevitable acción de los violentos- y castigar con duras penas a quienes organicen y participen en acciones no ya abiertamente violentas, lo que desde luego ha de ser punible, sino que deriven por donde no estaba planeado, o incluso incurran (¡el mismo delito de Gandhi!) en la resistencia pasiva. Conviene recordarlo, finalmente, en un país donde gran parte de la población ha perdido su capacidad de reacción frente a los brutales recortes emprendidos por un gobierno que ha traicionado -mentira tras mentira- a sus propios votantes. Una población que parece no darse cuenta de que todo esto que estamos perdiendo ha supuesto muchas décadas de sufrimiento -en España en fechas no muy lejanas- a cientos de personas anónimas que lucharon para que nosotros viviéramos mejor. Va por ellos.

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