domingo, 25 de marzo de 2012

Sills y Bergonzi: gran Lucia, enorme Edgardo

Aunque a mí Donizetti me hace poca gracia, he querido cambiar de aires musicales este fin de semana volviendo a escuchar una grabación que en su momento me gustó mucho: la Lucia di Lammermoor que en agosto de 1970 grabaron Sills, Bergonzi , Cappuccilli y Schippers para el sello Westminster, pasada a compacto por Deutsche Grammophon con un sonido francamente bueno. Me ha vuelto a encantar, claro, a pesar de que la música a ratos me parece sublime y a ratos –qué ignorante que es uno- un soberano peñazo que no resiste comparación con las mil y una increíbles maravillas que poco después nos iba a legar un tal Giuseppe Verdi, aunque sin duda éste nunca hubiera llegado a ser quien fue sin el de Bérgamo precediéndole.

Donizetti Lammermoor Sills Bergonzi

Me ha vuelto a encantar, decía, la dirección de Thomas Schippers, un señor que a sus cuarenta años -fallecería de cáncer con cuarenta y siete tras una vida más que curiosa que incluyó matrimonio con una rica heredera, largo romance con Giancarlo Menotti y rollo con Leonard Bernstein- puso en sonidos la partitura de Donizetti haciendo gala de una convicción a prueba de bombas y una pasión arrebatadora. Pasión, sí, y un carácter turbio y alucinado que le sienta de perlas a esta ópera, pero sin perder en momento alguno la concentración, paladeando las melodías con asombrosa cantabilidad, matizando con enorme intuición donde parece que no se puede sacar más de sí y logrando que la adecuadísima rusticidad con que hace sonar a la Sinfónica de Londres no se confunda con la vulgar tosquedad con que habitualmente nos castigan tantos maestros en este repertorio. Encima le facilitan una armónica de cristal para la escena de la locura y cuenta en el estudio con los Ambrosian Singers de John McCarthy, que tampoco tienen precisamente mucho que ver con los coros locales que suelen apechugar con esta parte.


También me ha vuelto a gustar mucho Beverly Sills, aunque debo reconocer que tienen razón los que la acusan de ornamentar en exceso. La norteamericana, claro, sabe que tiene una coloratura increíble y quiere lucirse lo más posible, aunque por fortuna al hacer de loca no hace “la loca”, valga la paradoja: la intensidad dramática, aun sin llegar a los niveles de la Callas, está siempre garantizada, por no hablar de sus increíbles trinos y sus incomparables pianísimos. Junto a ella Piero Cappuccilli luce su magnífica voz –está plano como intérprete- y Justino Díaz realiza una aceptable labor, pero lo que a mí más me ha impresionado –la primera vez que escuché este registro no reparé tanto en ello- es lo que hace Carlo Bergonzi. Alfredo Kraus cantaba a Edgardo con una elegancia fuera de serie, eso es verdad, pero el italiano me parece muy superior por su instrumento –robusto, de timbre hermosísimo, rico en armónicos, consistente en toda su tesitura, fulgurante en el agudo-, por su comunicatividad a flor de piel y por su entrega. Que pase algún ligero apuro en “Tu che a Dio” es lo de menos, porque lo suyo es ópera con mayúsculas, es decir, es la suma perfecta de los tres componentes que casi nunca se encuentran al cien por cien: voz, técnica y expresividad. Para derretirse.

En este blog ya he comentado algunas versiones de Lucia: la de Caballé y Carreras, la de Dessay y Alagna, la de Ciofi con este último, la de Sutherland y Kraus y la de Netrebko y Beckzala, las dos últimas sendos DVDs filmados en el Metropolitan de Nueva York. Pues bien, esta de Sills y Bergonzi la encuentro como mínimo igual de extraordinaria que la de la soprano australiana y el tenor canario, y desde luego se encuentra muy por encima de todas las otras citadas. Lo digo para quien se fíe de mis gustos. La de la Callas con Karajan (EMI) hace lustros que no la escucho; algún día tendré que volver sobre ella, supongo.

4 comentarios:

Ángel Carrascosa Almazán dijo...

Estoy completamente de acuerdo con lo que dices de la versión, pero un poco menos con lo que dices de las debilidades musicales de la obra, que, en este caso, me parecen menores: casi no hay puntos muertos, como sí los hay en la mayoría de las óperas de su autor. Desde luego muchos menos altibajos que en el joven Verdi, quien en efecto tanto le debe.
Sólo discrepo en un punto: los irreprochablemente emitidos agudos de Bergonzi no me parecen, en absoluto, "fulgurantes".

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lo siento, Ángel, con Donizetti me pasa como contigo con Shostakovich: cuanto mmás lo escucho, menos me gusta. El primer cuadro del primer acto me parece un monumental ladrillo: chimpún, chimpúm.

A mí el agudo de Bergonzi me encanta. No tiene la pegada, la espectacularidad de otros, claro, pero me parece tan natural, tan hermosa y tan poco exhibicionista su emisión... Incluso cuando en otras grabaciones va claramente a lucirse, lo hace con un gusto exquisito. Cada día estoy más convencido de que él ha sido de lo más grande en tenor italiano que ha existido.

Felirosi dijo...

Comparto la opinión de Ángel sobre la obra y creo que Donizetti es algo más, tiene alguna otra obra sin debilidades (Roberto Devereux por ejemplo) y muchísimas bellezas por aquí y por allá, aunque como sabemos compuso demasiadas óperas y de forma deslavazada. En cuanto a Bergonzi, un maestro indiscutible, al que le faltaron esos agudos, y ese timbre...A la Sill la disfruto y no me estorban esas exhibiciones, la chica se basaba en lo que tenía en abundancia. ¡Que hubiera hecho esta mujer con una voz como la de Caballé!

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues sí, pensar en la Lucia de la Sills conla voz de la catalana roza la lujuria...