viernes, 27 de enero de 2012

Tilson Thomas hace Debussy y Berlioz (I)

El "eternamente joven" Michael Tilson Thomas (Los Ángeles, 1944) vuelve cada cierto tiempo a ponerse frente a su queridísima Sinfónica de Londres para hacer gala de su consabida desigualdad como director de orquesta: sensacional para casi todo lo que dirige del siglo XX y no muy interesante, en general, para la música del XIX. Tenemos ahora la ocasión de verle en España dos programas diferentes entre Madrid, Valencia y Zaragoza. En mi caso espero estar en la ciudad del Turia (precios muy inferiores a los de Ibermúsica en el Auditorio Nacional gracias a las subvenciones) para escucharle Debussy en la primera parte y Berlioz en la segunda. Curiosamente ya sé cómo va a estar -más o menos- el referido concierto, porque ha llegado a mi poder la transmisión radiofónica del que los mismos artistas ofrecieron el pasado martes 24 en Londres. Lo comento ahora y así me ahorro de tener que extenderme a la vuelta, que ya estaré bastante ocupado escribiendo sobre el Don Giovanni de Miller y Mehta en Les Arts.


Cuatro preludios en orquestación de Colin Matthew para empezar: Voiles, Le vent dans la plaine, Ce qu’a vu le vent d’Ouest y La cathédrale engloutie. Música de última época, abstracta y fascinante, en la que Tilson Thomas demuestra su enorme sintonía con Debussy con una recreación de pulso concentradísimo, sensual y misteriosa a más no poder, además de extraordinariamente sensible en lo que a timbres y texturas se refiere. A mi entender, un trabajo sensacional y difícilmente superable. Ya solo por esos diecisiete minutos el concierto merece la pena.

Menos interés tiene la Fantasía para piano y orquesta, una obra juvenil en la que el compositor francés, aun dando buena cuenta de su talento, se quedó más bien corto en lo que a inspiración se refiere. La batuta realiza un trabajo cálido y comprometido, aportando además cierto lenguaje "romántico" acorde con la etapa de formación del artista. Paladear el segundo movimiento con mayor calma y voluptuosidad no le vendría nada mal, en cualquier caso. Tampoco clarificar mejor las texturas. Al piano se encuentra el polémico Nelson Freire, sobre el que no puedo emitir juicio global alguno porque conozco poco -algo de Chopin, Brahms, Franck y Saint Saëns- de su trayectoria. En este Debussy me parece que realiza un buen trabajo: solvente en los complicados aspectos virtuosísticos, ortodoxo y musical en lo expresivo, pero sin la variedad en la pulsación ni la riqueza de acentos que en la obra ofrecían un Gieseking o un Ciccolini.



Sinfonía Fantástica en la segunda parte. Recreación algo superior a sus dos grabaciones discográficas comentadas en este blog (enlace), ante todo porque la London Symphony, pese a algunos resbalones puntuales, es aun mejor que la Sinfónica de San Francisco. Me parece que ahora los dos primeros movimientos están algo más conseguidos, perdiendo un poco los dos últimos. En cualquier caso el concepto es parecido. El arranque resulta espléndido, de una morbidez acariciadora, pero en el desarrollo del movimiento, siempre elegante y fluido, el maestro se queda mucho antes con los "ensueños" que con las "pasiones" con que lo definió Berlioz, hasta el punto de que la coda final llega a ser morosa. El vals está bien, a secas: falta empuje dionisíaco. La escena campestre la aborda Tilson Thomas intentanto sonar "en estilo", pero confundiendo "lo francés" con el hiperrefinamiento, la languidez y hasta cierta blandura amanerada, algo que en modo alguno creo que tenga que ver -seguro que más de uno lo querría interpretar así- con su condición de homosexual militante (enlace). En cualquier caso es todo un placer auditivo el modo en el que el maestro trabaja los bloques sonoros, sus colores y texturas, con una plasticidad que ya querría para sí el masivo Herr Frühbeck (enlace). La marcha al cadalso, controlada y ajena al efectismo, solo llega a alcanzar la tensión deseada hacia el final. Al aquelarre le falta un poco de atmósfera, pero poco a poco la batuta se va caldeando hasta conseguir, gracias a su estupenda técnica y al buen rendimiento de la orquesta, un final con toda la brillantez deseable. Nos lo pasaremos muy bien.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es "Fantasía para piano y orquesta" y no rapsodia :)

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Todo un lapsus. Ya lo he corregido. Muchas gracias.