miércoles, 21 de agosto de 2013

Sinfonía Fantástica: una aproximación a su discografía

Actualizaciones.

21-08-2013. He reformado sustancialmente la introducción (ya no hago referencia al concierto de Barenboim que dio pie originalmete a esta entrada) y añado las interpretaciones de Van Otterloo, Freccia, Munch en DVD, Chung, Salonen y Barenboim con la WEDO, alcanzando ya las cuarenta y ocho referencias. He aprovechado para modificar ligeramente el comentario del registro del maestro de Buenos Aires en Berlín y para cambiar alguna carátula.
 
19-01.2012. Añado ocho nuevas referencias, las de Argenta, Colin Davis ‘63, Celibidache, Mehta ‘79, Inbal, Van Immerseel y Tilson Thomas, este último por partida doble. Además he rehecho, tras una nueva audición, los comentarios sobre la de Markevitch en DG. Eso sí, no sigue habiendo duda sobre quién sigue ocupando lo más alto del podio: la interpretación de Colin Davis con la Orquesta del Concertgebouw es “la que hay que tener”, preferiblemente –si se dispone de reproductor de SACD– en su versión cuadrafónica.

Berlioz Fantastica Colin Davis Pentatone

14-08-2011. Esta entrada se publicó originalmente el 1 de agosto de 2009. Añado ahora diez referencias más: Monteux, Munch, Cluytens, Solti '71, Davis/Viena, Gergiev, Jansons/Berlín, Dudamel y las de Rattle y Nézet-Séguin en la Digital Concert Hall de la Berliner Philharmoniker. Asimismo he modificado el comentario de la de Eschenbach (no así la puntuación) y he realizado algunos retoques aislados en el resto. También he aprovechado para actualizar algunas carátulas.
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El estreno de la Sinfonía Fantástica en el Conservatorio de París en diciembre de 1830 supuso un verdadero hito musical, no solo por la revolucionaria y todavía hoy asombrosa labor orquestadora realizada por Hector Berlioz, sino también por la manera en la que, partiendo de la Sinfonía Pastoral beethoveniana, se ofrece un modelo ya acabado de lo que va a ser la música programática. La extensísima discografía de semejante obra maestra se mueve, como sabrá el buen aficionado, entre dos extremos interpretativos distintos: la tradición francesa, rica y difuminada en el colorido, elegante y con frecuencia evanescente, y la tradición digamos centroeuropea, mucho más preocupada por las tensiones internas, la robustez sonora y la garra dramática.


1. Monteux/San Francisco (RCA, 1945). La rapidez de los tempi no permite al mítico maestro mucha delectación melódica ni resultar todo lo ensoñado que debiera, lo que se nota bastante en un vals poco elegante y un tanto prosaico, pero contribuyen a mantener la tensión en una interpretación sincera, extrovertida y encendida, a ratos febril, lo que no le impide andar escasa de concentración o de sentido del color. A destacar el sarcástico tratamiento de la marcha y la acentuación de los aspectos grotescos de aquelarre, animadísimo aunque con algún momento de barullo. La orquesta realiza un notable trabajo para la época. (9)



2. Van Otterloo/Filarmónica de Berlín (DG, 1951). La primera grabación de la partitura realizada por la orquesta berlinesa después de la guerra contó con un aún joven maestro holandés que nunca llegó a dirigir a la formación alemana en concierto. Es la de Van Otterloo una interpretación que frente al binomio de ensueños-pasiones se decanta mucho antes por lo segundo que por lo primero, ofreciendo seguidamente un vals rapidísimo y muy ágil, una escena campestre delineada de un solo trazo, no del todo sensual pero de timbales muy amenazadores, una marcha al patíbulo en exceso festiva y un aquelarre a toda máquina. Un poco más de reposo, de concentración, de sentido de la atmósfera y de creatividad le hubiera venido bastante bien, aunque la planificación no es tosca y la orquesta responde con una potencia y una agilidad admirables para la época, amén de con su habitual sonido poderoso que hasta cierto punto compensa la falta de densidad de la batuta. La toma sonora se conserva bastante bien. (7)


 
3. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1954). Volver a escuchar esta celebrada y prestigiosísima interpretación, de la que tenía buen recuerdo, me ha supuesto un verdadero chasco. Es verdad que los tres primeros movimientos están muy bien: aunque carecen por completo de garra, negrura y fuerza dramática son hermosos, cálidos y comunicativos, manteniéndose siempre en una línea muy francesa. Pero la marcha al patíbulo resulta desinflada, canija, intrascendente, superficial y hasta ridícula, con unos metales (¡los de Boston, nada menos!) que suenan a banda de pueblo. El aquelarre, rápido y dicho de pasada, es al menos animado y se queda en lo simplemente mediocre. Maravillosa para la época, eso sí, la ya estereofónica toma sonora, aunque se echa de menos una más amplia gama dinámica. La edición que actualmente circula por el mercado incluye una pista en SACD. (6)


Berlioz Fantastica Argenta

4. Argenta/Conservatorio de París (Decca, 1957). Aunque parezca un tópico, el maestro cántabro inyecta una buena dosis de “temperamento latino” a la partitura sin dejar de mantener un ropaje sonoro claramente francés, en gran medida debido a la presencia de la formación parisina. El resultado es muy interesante, arrebatador por momentos, y aún sería más satisfactorio si el nivel técnico de la orquesta hubiese sido superior y si Argenta se hubiese mostrado más sensual y elegante en el vals. Sonido estereofónico notable para la época. (9)

 
 
5. Mitropoulos/Nueva York (CBS, 1957). Al frente de la voluntariosa orquesta neoyorquina y beneficiándose de una espléndida toma sonora estereofónica, el veterano maestro griego -una batuta decididamente a reivindicar- ofrece una interpretación tensa, extrovertida, teatral y muy comunicativa, alejada de la línea “francesa”, que triunfa por completo en los dos primeros movimientos, magníficos pese a que el final del vals no es del todo apasionado. La escena campestre resulta anhelante, muy dramática, pero le faltan sensualidad y poesía, quizá porque tanto desasosiego le hace precipitarse un tanto; hay además frases no del todo bien planificadas, y por su parte corno inglés y oboe no están muy bien. La marcha es irreprochable, pero podría alcanzar aún más fuerza, quedándose la orquesta algo corta. No del todo perfecto, pero excelente el aquelarre. (8)
 



6. Cluytens/Philharmonia (EMI, 1958). Interpretación de corte claramente francés donde la batuta se muestra siempre elegante, natural, fluida y musical, atmosférica cuando debe y con un gran sentido del color y de la cantabilidad, pero también algo sosa, no del todo variada en lo expresivo y muy poco creativa. La espléndida orquesta contribuye a mejorar el resultado. Lo mejor, un aquelarre dicho con mucho entusiasmo y sanamente humorístico, aunque podía aún ser más imaginativo. (7)


 
7. Beecham/Nacional de la Radio de Francia (EMI, 1959). He aquí otro mito discográfico a revisar. Primer y tercer movimiento son magníficos, cálidos pero con toda la sensualidad, elegancia, refinamiento y sentido del color característicos de “lo francés”. El segundo convence por su evanescencia y atmósfera decadente, aunque se le podía pedir una progresión más acentuada que conduzca al arrebato. Por desgracia cuarto y quinto se ven perjudicados por una orquesta muy idiomática pero de metales insuficientes, guiada por una batuta que no logra solventar ciertos desajustes ni ofrecer toda la unidad deseable en cada uno. Pese a todo, a conocer. (7)
 



8. Markevitch/Lamoreux (DG, 1961). El electrizante director de Kiev, pese a tener que trabajar con una orquesta con limitaciones, triunfa por completo –es su segunda grabación oficial de la obra– alejándose de la órbita francesa, olvidándose por tanto de la evanescencia y la morbidez, para ofrecernos una recreación de una sinceridad expresiva y una tensión dramática excepcionales que, haciendo gala de una enorme flexibilidad y una gran imaginación, y por ende arriesgando mucho y resultando por momentos discutible, subraya los aspectos más dramáticos y alucinados de la partitura, particularmente en el primer movimiento. No tan conseguido resulta el baile, que comienza pesante y sin mucha elegancia, aunque luego alcanza un enorme arrebato. En el tercero destaca la manera nada tímida de tratar a los timbales, y en el cuarto un atractivo sentido de la onomatopeya. El aquelarre, lento y admirablemente diseccionado gracias a un absoluto control de la batuta, es uno de los más siniestros de la discografía. Lástima que la toma sonora, buena para la época, comprima los fortísimos (10)



9. Munch/Sinfónica de Boston (DVD Vai, 1962). El único interés de este DVD de imagen aceptable y sonido insuficiente es poder ver dirigiendo (a ratos: las cámaras se centran en la orquesta) al maestro francés, porque la interpretación deja muchísimo que desear. El primer movimiento alterna momentos muy sensuales y concentrados con otros de gran arrebato, pero las licencias en la agógica terminan perjudicando seriamente la arquitectura de la pieza. El vals está muy bien planteado, siempre con un estilo muy francés. El tercero funciona de manera satisfactoria, pero de nuevo el pulso es irregular y no se redondean los resultados. Lamentables los dos últimos, canijos, triviales, pimpantes y ridículos en el peor sentido, trazados como una mera caricatura sin alcanzar el equilibrio necesario entre lo terrorífico, lo imponente y lo grotesco, culminando el aquelarre con un larguísimo calderón fuera de tiesto. Los metales, completamente verbeneros. (5) 



10. Freccia/Royal Philharmonic (Chesky, 1962). El maestro italo-norteamericano Massimo Freccia (1906-2004) tuvo una vida y una carrera extraordinariamente longeva en la que pudo codearse con muchos de los grandes nombres de la interpretación musical del pasado siglo, pero no dejó demasiados testimonios fonográficos de su arte. Por eso mismo es de agradecer que el productor Charles Gerhardt, admirablemente secundado por la ingeniería de su habitual K. E. Wilkinson, se fijara en él para su colección de Reader’s Digest. Se diría que su batuta quiere arrojar luz italiana sobre la partitura: nada hay aquí de brumas o densidades más o menos germánicas, tampoco de refinamiento, sensualidad ni fragancias francesas, ni de de ensoñación o misterio: su lectura, ágil y rápida sin resultar precipitada, más atenta al trazo global que al detalle, es ante todo vitalista, luminosa y teatral, llena de vida e inmediatez, de elevado carácter narrativo y brillante a más no poder. El resultado engancha desde la primera nota hasta la última, pero de lo dicho de desprende que a la postre va a resultar muy superficial, sobre todo en un tercer movimiento carente de poesía. La marcha, excesivamente trompetera. En el aquelarre se agradece el cachondeo, pero de nuevo es muy verbenera; el refuerzo de las campanadas con el gong resulta un efectismo innecesario. (7)




11. Klemperer/Philharmonia (EMI, 1963). ¿Es posible interpretar la sinfonía más descaradamente romántica de todo el repertorio desde una óptica cerebral, cartesiana, analítica y distanciada, sin que la partitura pierda su expresividad y fuerza dramática? El de Breslau, director genial donde los haya, consigue hacerlo con una lectura lentísima, muy controlada, pero de una tensión interna descomunal. El primer movimiento, de una planificación tan minuciosa como férrea, es particularmente memorable. La claridad es absoluta, a lo que contribuye una orquesta que por aquél entonces era la mejor del mundo: basta escuchar el virtuosismo de los timbales al final de la escena campestre para comprobarlo. En fin, típico “experimento” de Klemperer, tan discutible como fascinante. (9)



Berlioz Fantastica Colin Davis LSO Philips

12. Colin Davis/Sinfónica de Londres (Philips, 1963). Haciendo uso –como en sus otros tres registros más recientes– de la edición revisada de 1833, el joven maestro ofrece un borrador de trazo grueso de lo que será su grabación en Ámsterdam once años posterior. Ya está aquí el perfecto idioma del manejo berlioziano, con su conseguido equilibrio entre elegancia, sensualidad, brillantez y desenfreno, pero queda mucho aún por recorrer en lo que a planificación, virtuosismo, tensión dramática y creatividad se refiere. Además, la manera en que Davis aborda la marcha al patíbulo se antoja en exceso festiva, incluso frívola. (7)




13. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). El de Salzburgo, en la segunda de sus cuatro grabaciones (incluyendo una filmación televisiva), tuvo su disposición a una orquesta casi tan buena como la Philharmonia de entonces, pero al contrario que Markevitch se mostró más preocupado por cuestiones técnicas (mejor dicho, por la exhibición de virtuosismo) que por el contenido expresivo. En general sobra un poco de acartonamiento, además de cierta frivolidad en la marcha y de seriedad en el aquelarre. Faltan una mayor sinceridad y fantasía en el primer movimiento, algo más de elegancia e impulso en el segundo y una mayor calidez en el tercero, un tanto lánguido y distante. En cualquier caso, una interpretación de muy alto nivel en la que sobresalen su denso y compacto sonido y su excelente arquitectura. Lástima que la toma sonora dejara bastante que desear. (7)





14. Munch/Conservatorio de París (EMI, 1967). El director francés apenas mejora aquí los resultados de su grabaciones en Boston. El primer movimiento, que empieza lánguido y ensoñado, alterna momentos muy arrebatados por otros de notable belleza, pero falla por completo la arquitectura y, con injustificados caprichos en el tempo, carece de unidad. El segundo está bien a secas. Magnífico el tercero, sensualísimo y también arrebatado, aunque en la sección final roce la blandura. Muy sugestiva la introducción de la marcha, siendo el resto es bueno sin más. El aquelarre, con momentos encendidos pero globalmente desarticulado, cae en su mayor parte en la blandura y la trivialidad. La gama dinámica es asombrosa, pero los fortísimos están muy saturados. (6)
 

 
15. Ansermet/Suisse Romande (Decca, 1967). El siempre ortodoxo y objetivo maestro suizo ofrece una visión eminentemente apolínea, muy elegante, apartado de arrebatos y efectismos, pero en absoluto escasa de sensualidad, calidez y comunicatividad. Por desgracia todo el final del tercer movimiento suena más bien blando, muy ajeno a lo dramático y lo ominoso. El cuarto y –a ratos– el quinto resultan descafeinados, en parte por culpa de una orquesta muy notable, pero poco dada al virtuosismo, la potencia y la brillantez. Hay sin embargo interesantes hallazgos en las apariciones satánicas. (7)
 




16. Bernstein/Nueva York (CBS-Sony, 1968). Esta grabación parece un compendio de las virtudes y los defectos del Bernstein de los sesenta. Entre los primeros, una gran frescura, una enorme vitalidad y una admirable comunicatividad, fruto de unas tremendas ganas de hacer música. Entre los segundos, una evidente irregularidad en la concentración, una planificación excesivamente deudora del arrebato espontáneo, una tendencia al descontrol, una escasa atención a los matices expresivos y una manifiesta superficialidad. El aquelarre, muy animado, es lo que queda más digno, y la escena campestre, blanda y morosa, lo más censurable. La carátula que he colocado corresponde a la primitiva edición en vinilo. El registro se encuentra en compacto en la serie "Royal Edition". (6)


Berlioz Fantastica Celibidache DVD

17. Celibidache/Sinfónica de la RAI de Turín (DVD Opus Arte, 1969). Ya desde una introducción particularmente concentrada se advierte que estamos ante una interpretación de muy altos vuelos, amplia y fraseada con maravillosa naturalidad, aunque el resultado final se vaya a ver seriamente limitado por una orquesta deficiente tanto en su sonoridad global como en la calidad de sus solistas. El primer movimiento de desarrolla con perfecta arquitectura y despliega enorme sensualidad. Tras un vals impulsivo y algún portamento no muy convincente, el maestro rumano roza el cielo con una escena campestre paladeada con inigualable delectación (18’46’’ frente a los 15’27 de Argenta, los 16’25 de Cluytens/Philharmonia o los 17’’08’’ de Davis/Concertgebouw, para que se hagan una idea) y una efusividad, un sentido humanista y un lirismo portentosos, lo que no le impide alcanzar un clímax particularmente rebelde. Lenta, solemne y ominosa la marcha al patíbulo, y magníficamente trazado -pese a las pifias de la orquesta- el aquelarre. La imagen -en blanco y negro- es de buena calidad, pero la toma sonora se queda corta. Por eso mismo este registro se recomienda ante todo a los amantes del arte celibidachiano. (8)






18. Solti/Chicago (Decca, 1971). Aunque la introducción es algo prosaica y, en general, se pueden pedir mayor morbidez y “evanescencia” francesas, nos encontramos ante una fabulosa lectura, extrovertida y con una enorme fuerza dramática, pero también muy rica en matices expresivos, con mucha concentración en los momentos poéticos y en absoluto precipitada. Portentoso el vals, con mucha fuerza pero también elegante, apasionado sin ensoñación y sin sacar los pies del plato. Los dos últimos movimientos, sin genialidades pero magníficos. Los menos extraordinarios son el primero y el tercero, que podrían alcanzar aún mayor poesía. Asombrosa la ejecución orquestal, como también la transparencia, descubriendo Solti muchos detalles nuevos. Magnífica la grabación. (10)



19. Colin
Davis/Concertgebouw (Philips/Pentatone, 1974). El director británico llevó la Fantástica cuatro veces al disco, pero la crítica es unánime al considerar que la de Ámsterdam -la segunda cronológicamente- es la mejor de todas. Más aún, suele afirmarse que se trata que de la mejor interpretación de toda la discografía de esta obra universal. Efectivamente. Alcanzado el punto justo de equilibrio entre “lo francés” y “lo alemán” y añadiendo una buena dosis de distinción y humor marcadamente británicos, Sir Colin ofrece una lectura que sabe aunar todo el ímpetu juvenil, la extroversión, el fuego, la rusticidad y hasta la ordinariez de la partitura con la necesaria dosis de poesía íntima, vuelo lírico y sentido del equilibrio, obteniendo un fenomenal provecho de la orquesta, que maneja con una portentosa plasticidad, y haciendo gala de una apabullante sinceridad expresiva. A destacar la elegancia sin amaneramiento del vals y el sobrecogedor el clímax del tercer movimiento. El aquelarre, terrorífico pero no exento de humor, resulta especialmente arrebatador. Total, un disco imprescindible en cualquier discoteca, a ser posible no en la edición de Philips sino en la reciente de Pentatone, que ofrece -junto una nueva y excelente remasterización estereofónica- la pista cuadrafónica original en SACD, formato en el que la toma sonora alcanza un relieve y una gama dinámica admirables. (10)
 



20. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1975). Quizá molesto ante la mediocre toma sonora de su anterior grabación para el mismo sello, el salzburgués volvió a grabar la partitura y mejoró un tanto los resultados anteriores, aunque la interpretación sigue en la misma línea. Ante todo deslumbran la perfección técnica de la orquesta, su sonido tan compacto como brillante, el virtuosismo de sus secciones y la extrema minuciosidad con que está trabajada por la batuta, que por otra parte no deja de atender a la estructura global. Pero de nuevo el resultado es un tanto insincero, echándose de menos naturalidad y calidez. La marcha, en este sentido, resulta más brillante que opresiva, y al aquelarre le falta desmelene. (8)



21. Barenboim/Orquesta de París (DG, 1978?). En los años setenta el de Buenos Aires dijo “aquí estoy yo” y ofreció en su faceta de director unos planteamientos muy personales que, por desgracia, se mostraban un tanto unilaterales y no estaban siempre acompañados de un total control de la arquitectura. Así, en su primera grabación de la Fantástica ofrece un primer movimiento ardiente y frenético hasta el punto de rozar el desbordamiento, aunque también paladea con delectación los momentos más “góticos”. Al vals, en cualquier caso muy correcto, le faltan elegancia, ligereza y sensualidad: aunque tenga delante a la Orquesta de París, de la que por entonces era titular, a Barenboim nunca le fue mucho “lo francés”. El tercer movimiento es dramático, por momentos punzante, pero también un punto más austero de la cuenta: se echa de menos calidez. La marcha está muy bien, aun siendo preferible un enfoque más opresivo. Y el aquelarre sería magnífico si no fuera porque hay algún descontrol. La orquesta se queda algo corta y hay más de un desajuste. La toma sonora, espléndida. (7)


Berlioz Fantastica Mehta Decca

22. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Decca, 1979). En este tempranísima toma digital, un Mehta que aún no había sucumbido a la rutina ofrece una interpretación –de la edición revisada de la partitura– rápida, brillante y con garra, quizá también algo expeditiva. No hay aquí espacio para la delectación lírica, para la atmósfera ni para descender al detalle, solo para la pasión romántica más intensa, aunque no por ello carente de control en la planificación ni de virtuosismo. Lo que menos convence es la marcha al cadalso. El mismo director tiene un registro posterior, para el sello Teldec, que desconozco. (8)

Fantastica_Kubelik

23. Kubelik/Radio Bávara (Orfeo, 1981). Naturalidad, fluidez, transparencia, elegancia sin amaneramiento, belleza sonora sin superficialidad y teatralidad ajena al exceso, es decir, los rasgos que son habituales en el arte del gran Kubelik, presiden esta interpretación marcadamente apolínea pero en absoluto superficial. Ahora bien, hay que reconocer que funciona mejor en los tres primeros movimientos, realmente magníficos dentro de semejante óptica, que en los dos últimos, más que notables pero necesitados de un mayor compromiso expresivo, de mayor garra dramática y de mayor visceralidad, especialmente en lo que al aquelarre se refiere. (8)


Fantastica_Maazel

24. Maazel/Cleveland (Telarc, 1982). Capaz de lo mejor y de lo peor no ya en un disco, sino en un mismo concierto, Maazel ofreció en este aburridísimo registro la de arena. Todo es correctísimo, la respuesta orquestal resulta sin duda espléndida, pero en conjunto su dirección resulta rápida, no muy matizada y bastante aséptica, aun dentro de un muy digno nivel, en los tres primeros movimientos. La marcha es rápida y banal, incluso vulgar, mientras que el aquelarre cae claramente en el efectismo, circunstancia que recoge bien la amplísima gama dinámica de los ingenieros de Telarc. El disco se puede adquirir actualmente en formato SACD. (5)


Fantastica_Abbado_CSO

25. Abbado/Sinfónica de Chicago (DG, 1982). No comprendo por qué este registro no tiene más fama, porque me ha parecido la de Abbado (el Abbado de los buenos tiempos, no el de ahora) una Fantástica extrovertida, espontánea, juvenil y flexible, en la que además se hace gala de un extremado virtuosismo en lo que a la batuta se refiere. Le falta algo de reflexión, como también de mala leche y sarcasmo, aunque paradójicamente la orgía resulta divertidísima, muy burlona. Ni que decir tiene que la orquesta se muestra inigualable, siendo particularmente impresionante su cuerda grave. (9)


26. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Sony, 1984). Con la formación que era aún de Karajan, el argentino repitió el planteamiento que ofreció con la Orquesta de París y alcanzó unos resultados muy superiores. El primer movimiento sigue siendo en sus manos emocionante y arrebatado, pero ahora se muestra bastante más concentrado y menos extrovertido, destacando la sensualidad de su fraseo y la honda belleza de su acongojante final. Bien a secas el vals, el movimiento que siempre se le da peor a Barenboim: resulta un punto soso. Sensual y cálida la escena campestre, paladeada a más no poder, sobresaliendo unos timbales muy amenazadores. Los dos últimos movimientos son espléndidos, con una marcha sobria, poderosa y opresiva, de final impactante pero nada grandilocuente, aunque quizá en exceso seria, y un aquelarre de bien trazadas tensiones, aunque no muy personal. La orquesta está magnífica pero aún podría haber más claridad, culpa quizá de una toma sonora que deja bastante de desear pese a su amplísima gama dinámica. La reedición en serie barata realizada en 2006 por Sony Classical mejora por fortuna el sonido original, y lo ha vuelto a hacer la de la 2012. (9)




27. Muti/Philadelphia (EMI, 1985). Pese a que el italiano hace gala de su proverbial sentido dramático, electricidad de batuta, sabiduría constructiva y personalidad ajena a los devaneos sonoros, los movimientos primero y tercero resultan algo asépticos, carentes de atmósfera. Bien el vals, fresco y nada rubateado. Brillantísima la marcha, tensa aunque no opresiva, beneficiándose de una orquesta excepcional. Y de verdadera referencia el aquelarre, de una tensión dramática y una fuerza avasalladoras, pero también muy claro y muy bien planificado. La toma sonora, siendo espléndida, se muestra muy baja de volumen. (8)


inbal_berlioz_edition

28. Inbal/Radio de Francfort (Denon-Brilliant, 1987). Grabada a un volumen muy bajo, esta muy bella interpretación sobresale por la capacidad de la batuta a la hora de subrayar los aspectos más líricos, sensuales y ensoñados de la partitura, pero se queda corta de brillantez debido, fundamentalmente, a una orquesta con claras limitaciones, sobre todo por parte de los metales. Así las cosas, se entiende que los tres primeros movimientos estén bastante más logrados que los dos últimos. (8)


Fantastica_Norrington

29. Norrington/London Classical Players (EMI, 1988). Sir Roger nos engañó a muchos con sus interesantísimas notas de la carpetilla: realmente pensamos estar escuchando bastantes cosas nuevas en la Fantástica gracias a los instrumentos originales. Aun siendo muy interesante la cuestión organológica, hoy tendemos a ver las cosa de otra manera. Así por ejemplo el primer movimiento parece estar muy bien tocado y dirigido, prestando una gran atención a los silencios, pero no aporta nada en particular y peca de rigidez y superficialidad en la coda, a la que se le podría sacar mucho mayor partido. El vals está bien, pero faltan sensualidad y elegancia, y en la conclusión la batuta cae en el atropellamiento e incluso la brutalidad. En la escena campestre, más luminosa que atmosférica, se echa de menos comunicatividad. La marcha al patíbulo parece patosa y no todo lo brillante que debiera; también queda algo bruta. El aquelarre resulta deslavazado, insulso, rutinario y hasta chapucero. Al menos el disco está excelentemente grabado y recoge una muy amplia gama dinámica. No conozco la versión posterior del mismo director. (4) 



 30. Colin Davis/Filarmónica de Viena (Philips, 1990). Aun haciendo Colin Davis gala de un perfecto idioma berlioziano y de una musicalidad digna de todo elogio, esta grabación deja un mal sabor de boca en comparación con la realizada en el Concertgebouw, pues habiendo ganado en refinamiento y sensualidad, pierde de manera considerable en tensión dramática, sentido del humor y fuerza expresiva, resultando este nuevo acercamiento en exceso apolíneo, y también quizá un punto más otoñal de la cuenta. En cualquier caso resulta un placer escuchar a la Filarmónica de Viena, que rinde de manera fabulosa bajo una batuta que sabe extraer lo mejor de la misma. (9) 



Fantastica_Gardiner

31. Gardiner/Revolucionaria y Romántica (Philips, 1991). Sir John es un músico con mucho más talento que Sir Roger, pero también conoce sus limitaciones, fundamentalmente esa gélida sequedad “de profesor británico” de la que suele hacer gala. En su interpretación de la Fantástica, que se puede conocer tanto en CD como en DVD, la arquitectura es irreprochable; la ejecución, espléndida; el entusiasmo de su minuciosa y sobria batuta, evidente. Pero se echan mucho de menos atmósfera y, sobre todo, sensualidad, hasta el punto de que el tercer movimiento llega a aburrir. La utilización de instrumentos originales aporta hallazgos tímbricos interesantes y revela diversos aspectos de la orquestación, pero la percusión por momentos resulta excesiva, quizá en parte debido a la acústica de la sala, que es ni más ni menos que la misma en la que Berlioz estrenó la partitura. (7)



Fantastica_Solti_DDD

32. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1992). Grabada en vivo en el Festival de Salzburgo, se trata de una ortodoxa, objetiva, brillantísima pero también muy elegante y transparente versión en la que Solti hace gala de una fluidez, una naturalidad y un sentido de la arquitectura admirables, pero que queda muy rezagada en comparación con su soberbio registro de Chicago: se echa de menos un punto más de imaginación, de matices y, sobre todo, de efusividad, especialmente en el movimiento central. Y es que el maestro, de la última década de su trayectoria artística, ya no era el mismo de siempre. Aun así el nivel interpretativo es muy alto, y las referidas insuficiencias las compensa una ejecución orquestal muy difícilmente alcanzable. (8)



33. Chung/Orquesta de la Ópera de la Bastilla (DG, 1993). Este registro se realizó para otorgar credenciales al director coreano, a la sazón titular de la Ópera de París, como intérprete del repertorio francés. Consigue, ciertamente, un sonido un tanto aéreo y un fraseo ágil adecuados para la ortodoxia del estilo, pero no el fraseo mórbido ni la sensualidad propia del mismo, como tampoco el pathos y el frenesí que esta partitura –versión revisada– demanda: Chung resuta en exceso nervioso, incluo desconcentrado, al menos en los dos primeros movimientos. Mejor el tercero. Los dos últimos, vistosos pero en exceso lineales y trazados con brocha gorda. Tampoco los ingenieros de sonido estuvieron muy allá. (7)


Fantastica_Barenboim_CSO

34. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec, 1995). Paso atrás en esta tercera aproximación de Barenboim a la obra maestra de Berlioz. Se trata, por descontado, de una lectura inflamada y extrovertida, que alcanza momentos verdaderamente volcánicos, llenos de frenesí, pero que carece del suficiente abandono sensual y de concentración en momentos tan decisivos como el final de primer acto. Flojo el baile, escaso de refinamiento y algo pesante. El aquelarre, por su parte es más orgiástico que terrorífico o humorístico. Y la orquesta está impresionante, desde luego, sonando más robusta pero menos refinada que con Abbado y Solti, quienes para ser sinceros la aprovechaban mejor. La toma sonora no es óptima. (8)



Fantastica_Boulez

35. Boulez/Cleveland (DG, 1996). El enorme músico galo consigue el fraseo y el colorido exactos del repertorio francés, pero su habitual distanciamiento expresivo hacen que su lectura resulte fría e incluso aburrida. La cosa mejora en el aquelarre, donde Boulez parece mostrarse más motivado. Eso sí, y como era de esperar, la ejecución resulta perfecta y la claridad es absoluta, lo que otorga cierto interés esta interpretación fabulosamente grabada por los ingenieros de la Deutsche Grammophon. (7)



Berlioz Fantastica Tilson Thomas

36. Tilson Thomas/San Francisco (RCA, 1997). El maestro norteamericano opta por acentuar los contrastes y ofrece una primera parte apolínea, cantable, elegantísima y ensoñada, pero carente de la pasión y de la atmósfera turbulenta necesaria, para destapar la caja de los truenos en los dos últimos movimientos haciendo gala -por fin- de la fuerza, el entusiasmo y la garra dramática deseables, aunque afortunadamente sin perder el control. La toma sonora es sensacional. La edición incluye dos fragmentos de Lelio. (7)




37. Jansons/Filarmónica de Berlín (DVD Medici Arts, 1 mayo 2001). Los tres primeros movimientos son un maravilloso ejercicio de artesanía, con todo estupendamente expuesto, sin salidas de tono, muy en estilo, con buen pulso y con notable atención a la arquitectura, pero la poesía no aparece, el compromiso expresivo se echa de menos, por lo que el resutado termina siendo impersonal. La marcha estaría bien si no fuera por unos sforzandi completamente fuera de lugar en los metales en la coda final. En el aquelarre se alternan los momentos brillantes con otros por completo deshilachados, blandos y fuera de lugar, con resultados muy deslavazados. La fabulosa orquesta hace subir el nivel. (7)



38. Eschenbach/Orquesta de París (DVD Bel Air, 2001). Eschenbach, como Gardiner o Boulez, es un músico serio para lo bueno y para lo malo. De ahí que a los movimientos primero y tercero, en cualquier caso notables, les falte sensualidad, chispa e imaginación. El vals apuesta por la ligereza y resulta un punto ingrávido. El director se traiciona sorprendentemente a sí mismo en los dos últimos, pero con resultados desiguales: el cuarto resulta en exceso festivo y no convence, mientras que el aquelarre es muy notable, a medio camino entre lo siniestro y lo humorístico, aunque resulta algo más bullangero de la cuenta y por momentos se bordea el descontrol. La realización visual intenta ser original, pero a la postre resulta confusa e irritante. La toma sonora le da mucho trabajo al subwoofer, pero el sonido está demasiado “centrado” y no convence que la cuerda se escuche por detrás. El DVD se completa con un Harold en Italia (con Tabea Zimmermann) absolutamente sensacional que justifica por completo la compra. (7)




Fantastica_Minkowski

39. Minkowski/Orquesta de Cámara Mahler y Les Musiciens del Louvre (DG-Brilliant, 2002). El mediocre Minkowski confunde “lo francés” con la languidez, la concentración con la morosidad y la brillantez con el ruido. De este modo el primer movimiento comienza muy lento y lánguido, sin fuerza alguna, mejorando después para mantenerse en un digno nivel y terminando de manera excesivamente dulce y resignada. El vals gustará a quienes entiendan este movimiento desde una óptica evanescente y ensoñada, pero se echan de menos pasión y arrebato. Lentísimo, lánguido y muy aburrido le queda el tercer movimiento, pues Minkowski carece de talento para planificar tensiones. El desmadre llega con los dos últimos: confusa, vulgar y estruendosa la marcha, tan animado como precipitado el aquelarre, dicho de pasada y con excesos. El registro ha sido reeditado por Brilliant Classics a un precio baratísimo, pero ni por esas, oiga. (4)




40. Gergiev/Filarmónica de Viena (Philips, 2003). Como era de esperar, el ruso ofrece una dirección de sonoridades no ya robustas, sino abiertamente toscas -la orquesta vienesa no suena a ella misma- y de enfoque extrovertido, lo que garantiza la vistosidad pero no logra ocultar la escasísima emotividad de los momentos poéticos ni la ausencia de matices de su más bien aparatosa recreación. Elegancia y sensualidad brillan por su ausencia. Lo mejor, un aquelarre dicho con bastantes ganas. La toma sonora es mejorable. ¿Para qué demonios se grabó esto? (5)




41. Dudamel/Filarmónica de Los Ángeles (DG Digital Concerts, 2008). Las ediciones on-line de sello DG (disponibles para descarga mas no en soporte físico) nos permite conocer el acercamiento del tan talentoso como irregular maestro venezolano a la obra maestra de Berlioz. El primer movimiento resulta correctísimo, elegante y fluido -salvando algún bache de excesivo ensimismamiento-, equilibrado, pero un tanto distanciado. El vals es muy lírico pero algo pesante, mejorando en un arrebatador final. El tercero le queda lento y ensoñadísimo, sin llegar a la blandura. Muy bien los dos últimos, ortodoxos brillantes sin excesos (salvo el bombo, quizá por culpa de la grabación), aunque sin ninguna aportación en particular ni especial gancho. Nada en particular, pues. (7)


Berlioz Fantastica Van Immerseel

42. Van Immerseel/Anima Eterna (Zigzag, 2008). Sinceramente, la presencia de los instrumentos originales solo aporta algo realmente importante en el último movimiento, donde por cierto en esta interpretación se sustituyen las campanas por dos pianos Erard. Es aquí quizá donde Van Immerseel se muestra más inspirado. El resto, una lectura tan correcta, ortodoxa y sensata como aburrida: la falta de tensión interna hace estragos. La toma sonora, eso sí, es excepcional. La edición de la partitura es la revisada. (6)



43. Salonen/Phiharmonia (Signum Classics, 2008). Esta toma en vivo realizada con muy buena ingeniería en el Royal Festival Hall nos trae a una Philharmonia en excelente forma y a un Salonen que responde plenamente a su imagen de director cerebral ante todo. Por un lado, el trabajo técnico es formidable, tanto en lo que al pulso del discurso se refiere como al equilibrio de planos sonoros –tratada con mucha plasticidad la cuerda grave– y la claridad general, verdaderamente admirable: sin ir más lejos, el cornetín –edición revisada, obviamente– se escucha mucho mejor de lo que suele. Por otro lado, se echa de menos la poesía turbia, sensual y embriagadora que debe aflorar en los tres primeros movimientos, dichos con excesivo distanciamiento, sobre todo el tercero. Los otros dos funcionan sin problemas: muy brillante la marcha –aunque hay una ralentización incecesaria– y con vitalidad y adecuada sorna –primera aparición del Dies Irae– el aquelarre. (8)




44. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2009). Notabilísima esta filmación disponible on-line, que no debe ser confundida con el registro oficial de Rattle para EMI, que es anterior. El vals tiene un pulso irregular, incluso en la primera parte resulta un poco desmayado, pero poco a poco va consiguiendo el arrebato que merece. Demasiado control hay quizá en la marcha, muy elegante y sin el menor efectismo, atenta a los detalles tímbricos, pero falta de carácter alucinado. Muy animado el aquelarre, aunque va un poco rápido y le podría sacar más partido con mayor creatividad y acentuando los aspectos teatrales de la página. Estupenda la orquesta, pese a algún desajuste puntual, y gran claridad, atendiendo a la escritura particular de la edición revisada de la partitura. (8) 


Berlioz Fantastica Tilson Thomas Bluray

45. Tilson Thomas/San Francisco (Blu-ray OSF, 2009). Como ya ocurriera su interpretación en audio doce años anterior con la misma orquesta –aquí no en óptima forma: los primeros violines lo pasan mal en más de un momento–, Tilson Thomas resulta excesivamente apolíneo en los tres primeros movimientos, incluso un tanto lánguido en una por lo demás bellísimamente sonada escena campestre, para convencer en los dos últimos gracias a una dirección clara, detallista, de buen sentido del color y al servicio de una concepción sí sabe responder al empuje dionisíaco de la partitura. La pista en 7.1 Dolby TrueHD que ofrece el Blu-ray es probablemente la mejor de la que se ha beneficiado la Fantástica, lo cual no es precisamente una tontería habida cuenta de la singularidad de la partitura. (7)



46. Barenboim/West Eastern Divan Orchestra (Decca, 2009). En comparación con su grabación de Berlín, que es la mejor de las suyas, el primer movimiento ha perdido en ardor y en tensión dramática, pero ha ganado en sensualidad tímbrica y refinamiento de las texturas; también ha aparecido un portamento innecesario cerca del principio. El vals ha ganado en naturalidad, fluidez, refinamiento y elegancia. El tercero es ahora de una belleza abrumadora, ensimismada pero no precisamente exenta de desazón, aunque los timbales no son ni mucho menos tan terroríficos como entonces: la amenaza queda un poco en la lejanía. A la marcha le faltan brillantez y rotundidad, en gran medida por unos metales que se quedan bastante cortos. El aquelarre está planteado con enorme sensatez, en su punto justo de equilibrio entre lo terrorífico y lo humorístico, sin excesos ni precipitaciones, pero de nuevo los metales dejan que desear y hay algún muy evidente desajuste en las maderas, que tampoco son el colmo del virtuosismo. Para el interesado que no quiera comprar el CD, la filmación se encuentra, por movimientos, en YouTube. (8)



47. Nézet-Séguin/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2010). Esta otra filmación de la Berliner Philharmoniker no resulta tan interesante como la realizada bajo la batuta de su titular. Desde luego nos encontramos ante un acercamiento notable en el que lo “francés”, con todo lo que tiene de elegancia, sensualidad y evanescencia, está muy presente, pero tampoco se desatiende a la robustez sonora, a la brillantez y a lo espectacular. El problema es que a la batuta se le olvida un poco la tensión dramática y lo que de alucinado tiene esta partitura, resultando su interpretación más comedida de la cuenta en los movimientos primero y tercero. El vals es sí que es mucho antes arrebatado que sensual. La marcha está dicha con decisión y con una tensión que se va acumulando en la parte final sin caer en el efectismo. En el aquelarre se quieren aportar cosas nuevas, pero algunas funcionan muy bien, como la caricaturesca aparición de la idea fija (en parte quizá por el solista, que ya lo hacía de modo parecido con Rattle) y otras no tanto, como la blandura del Dies Irae. En cualquier caso el movimiento triunfa por su ímpetu, su manera de destacar los aspectos burlescos y su brillantez. (7)


48. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Han pasado treinta y un años desde su magnífica grabación con la Sinfónica de Chicago. El enorme virtuosismo del maestro italiano sigue ahí, pero este ahora solo le sirve para ofrecer esas sonoridades ingrávidas y esos pianísimos imposibles marca de la casa en esta lectura flácida, con frecuencia anémica y en general aburrida en la que la gran ausente es esa pasión enfermiza que caracteriza a esta partitura. Menos mal que están los solistas de la formidable orquesta berlinesa para ponerle un poco de vida y arrebato a la interpretación. La toma sonora dista de ofrecer toda la dinámica posible. (7)

13 comentarios:

Andrés M.C.S. dijo...

En primer lugar, felicitarle por su magnífico blog que ,para mí, es de consulta obligatoria diariamente, y una referencia indiscutible en cuanto a la calidad de la crítica que usted realiza.En particular, me interesa mas aquellas veces en que usted hace una comparación, siempre acertadísima, de las versiones mas relevantes de una determinada obra. Hablando de la Fantática de Berlioz, me gustaría, si es posible, tiene tiempo y a bien, pudiera hacer una crítica de dos versiones de aquélla obra que yo considero entre las mejores; me refiero a las de Charles Dutoit con la Sinfónica de Montréal y a la de Ataúlfo Argenta, con una orquesta menor francesa. Muchas Gracias.

FLV-M dijo...

Muchas gracias, pero mi labor es la de un mero advenedizo - con ganas de aprender cada día más, eso sí.

Esta tarde me traen una remesa con cinco versiones más de la Fantástica. Argenta y Dutoit no están entre ellas, pero ando buscándolas desde hace tiempo. A ver si las pillo. Seguramente en el futuro ampliaré este artículo de manera sustancial. Un cordial saludo.

Juan Zaragoza dijo...

Aprovecho el relanzamiento de la entrada para comentar algunas cosillas.

En su día te hice caso y me compré dos de los “dieces” que tienes adjudicados (Davis / Concertgebouw y Markevitch / Lamoureux; me faltaría Solti).

Verdaderamente se nota la diferencia con respecto a todas las versiones que llevo escuhadas hasta la fecha. Y lo que más me ha gustado es que son dos interpretaciones bastante diferentes entre sí y no cortadas por el mismo patrón.

Gracias por tus opiniones y sigue así.

Juan Zaragoza.

Juan Zaragoza dijo...

Resulta curioso que, con lo bien representada que está (tanto en cantidad como en calidad de los registros) la Sinfonía Fantástica en formato audio, los DVD de calidad escasean. Parece imposible encontrar una versión que merezca el sobresaliente.

Dado que a todas las versiones en DVD las has calificado con un 7, ¿sería mucho pedir que hilases un poco más fino indicando tu orden de preferencia o, al menos, la versión que recomendarías?

Muchas gracias.

Juan Zaragoza.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues mis preferencias en DVD van claramente hacia Celibidache, pero la calidad audiovisual deja que desear. Todo lo contrario le pasa a la de Tilson Thomas: es una gozada técnica, pero como interpretación dista de ser de las mejores. La de Gardiner está chula porque está filmada en la sala donde se estrenó la obra. La de Eschenbach no perece la pena por sí misma, pero el Harold que le acompaña es sensacional. La de Jansons a mi entender no tiene particular interés. ¡Ah! La de Rattle en el Digital Concert Hall quizá sea primera opción con imágenes para quien pueda verla en la opción de alta calidad (no llega a la de un Blu-ray, pero aun así es impresionante).

Espero haberte servido de algo, Juan, pero confieso que no tengo la menos intención de sentar cátedra. Simplemente recopilo mis apuntes para intentar poner un poco en orden mis ideas. Un cordial saludo desde Valencia.

Eduardo Padilla dijo...

Hay una versión mas que podrían considerar

Massimo Freccia / The Royal Philarmonic, tuve la suerte de conocer esta obra en esta versión, en lo personal me encanta, pero describiré mejor la calidad de grabación, me ha impresionado por completo, el mejor sonido que he escuchado de los traspasos analogo a digital, esta versión fue grabada en 1962, la otra parte se las dejo a los especialistas la nota que le pongan, pero tengo la intuición que esta muy bien considerada.

Saludos al foro

Eduardo Padilla dijo...

Hay una versión mas que podrían considerar

Massimo Freccia / The Royal Philarmonic, tuve la suerte de conocer esta obra en esta versión, en lo personal me encanta, pero describiré mejor la calidad de grabación, me ha impresionado por completo, el mejor sonido que he escuchado de los traspasos analogo a digital, esta versión fue grabada en 1962, la otra parte se las dejo a los especialistas la nota que le pongan, pero tengo la intuición que esta muy bien considerada.

Saludos al foro

Anónimo dijo...

Échele un vistazo a esta versión. El tercer tiempo es oir para creer:

http://metrognomemusic.blogspot.com.es/2014/02/sergiu-celibidache-conducts-symphonie.html

currocrespo

Anónimo dijo...

¿Qué tal la grabación de Markevitch con los Berliner para DG? ¿No la considera referencial?

Anónimo dijo...

¿Ni tampoco la de mi admirado Jean Martinon?
Espero su respuesta con interés. Gracias por adelantado.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Desdichadamente, las interpretaciones de Markevitch/Berlín y Martinon no forman parte de mi discoteca. Desde luego que, al menos sobre el papel, su interés es enorme, pero no me he podido hacer con ellas. Lo siento.

La de Celibidache/Múnich del antepenúltimo comentario aún no me me animado a escucharla, y eso que promete muchísimo. Mil perdones.

Anónimo dijo...

Buenos días.
Le agradezco la aclaración.

Además de las lecturas referenciales ya citadas (Markevitch-Berliner y Martinon-ORTF), me tomo la licencia de recomendarle una grabación videográfica de Gustavo Dudamel al frente de la Orchestre Philharmonique de Radio France y la Juvenil Simon Bolivar de Venezuela en la Sala Pleyel de París: http://www.youtube.com/watch?v=WVbQ-oro7FQ

Es una interpretación algo primaria, que aúna aciertos y algunos errores, pero de una intensidad abrumadora al duplicar los efectivos orquestales.

Saludos cordiales.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues gracias también por la nueva recomendación. Lo que no termino de compartir es la costumbre de Dudamel por utilizar en ocasiones una orquesta enorme. Mi sensación es que no quiere dejar a ninguno de los chicos sin tocar, cosa que está muy bien desde el punto de vista humano pero puede no funcionar interpretativamente hablando. Un saludo.