martes, 6 de septiembre de 2011

Kondrashin dirige Rimski y Franck

RIMSKI-KORSAKOV: La gran Pascua Rusa. FRANCK: Sinfonía en Re menor.
Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Dir: Kyrill Kondrashin.
BR Klassik 900704
51’49’’
ADD
Ferysa
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Los días 7 y 8 de febrero de 1980 Kirill Kondrashin se presentaba por primera vez ante la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. En el programa, primero de los dos únicos que llegaría a dirigir a la formación muniquesa, se debió de incluir una obra concertante de la que nada se nos dice en la carpetilla. Las otras dos obras son las que se incluyen en este disco que acaba de editar BR Klassik: La gran Pascua Rusa de Rimski-Kórsakov y la Sinfonía de César Franck. Los resultados fueron memorables, particularmente en la obra del ruso.

Como ocurre con su portentosa Scheherazade con la Concertgebouw del año anterior (Philips), este es un Rimski que sobresale no tanto por su brillantez o su electricidad como por la enorme sensualidad que desprende, merced a un rico sentido del color y de las texturas, a una gran naturalidad en el fraseo y, sobre todo, a una conmovedora manera de cantar las melodías, todo ello alejándose por completo de cualquier clase de blandura o efectismo. El resultado, de referencia. Si algo hay que lamentar es que la orquesta no sea la mejor posible.

Parecidas virtudes son las que elevan la interpretación de la página de Franck a una posición cercana a lo más alto de la discografía, a mi modo de ver al lado del ortodoxo Monteux (RCA) y palideciendo solo ante los más heterodoxos Klemperer (EMI) y Giulini (su grabación con la Filarmónica de Berlín, DG). En cualquier caso la lectura de Kondrashin no tiene mucho que ver con el carácter opresivo, ominoso y profundamente trágico de estos dos últimos, ofreciendo en su lugar una recreación de perfecto equilibrio entre los aspectos épicos, los dramáticos y los líricos de la página que sobresale por la plasticidad con que está modelada la orquesta, la flexibilidad del trazo, la naturalidad con la que respira y la cantabilidad con la que están paladeadas sus frases. Solo se me ocurre reprochar que, debido a su carácter particularmente encendido, algunos momentos del Allegro non troppo conclusivo resulten un poco precipitados, como ocurre con la reaparición del tema del segundo movimiento, si bien la coda final, a veces problemática, está llevada con perfecto control de la arquitectura.

No es de extrañar que, con tan espléndidas interpretaciones, la Bayerischen Rundfunks decidiese nombrar a Kondrashin sucesor de Rafael Kubelik. Lástima que un infarto en marzo de 1981 -el maestro ruso contaba solo sesenta y siete años- acabase con los planes para el futuro.

3 comentarios:

pastoso dijo...

De este señor me hice yo hace poco con su grabación con la RCA Victor de la suite Masquerade de Khachaturian y los comediantes de Kabalevsky completado con los caprichos de Rimsky y Tchaikovsky que es una auténtica delicia.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues no conozco ese registro, así que se agradece esa recomendación. ¡Qué pena que Kondrashin apenas pudiera grabar para Occidente!

Eugenio Murcia dijo...

A mi la suite de "Mascarada" me parece fabulosa, los cinco números, no sólo el celebérrimo y genial Vals. Aunque Khachaturian es muy irregular, no tiene la grandeza de Prokofiev y Shostakovich. Pero cuando está inspirado es muy bueno.