lunes, 7 de marzo de 2011

Las Carmelitas de Gómez Martínez en Valencia

De Miguel Ángel Gómez Martínez siempre se han dicho dos cosas: que posee una técnica de batuta extraordinaria y que en lo interpretativo suele resultar bastante soso. Yo le he escuchado unas cuantas veces, no muchas, a lo largo de un dilatado período de tiempo, y la impresión que me ha dado es justamente esa. Por eso mismo no esperaba gran cosa de estos Diálogos de Carmelitas en versión de concierto ofrecidos por la Orquesta de Valencia. Pues bien, me equivoqué: en esta ocasión en director granadino volvió a demostrar la primera de las afirmaciones haciendo sonar a la formación levantina mucho mejor de lo que suele (¡cuánto potencial desperdiciado hay en ella!), pero por suerte no corroboró la segunda, esto es, su tendencia al tedio. Todo lo contrario, fue la suya una dirección llena de emoción y carácter teatral en la que además tuvo la osadía -bendita osadía- de apartarse de la línea digamos "oficial" según la cual Poulenc ha de sonar "típicamente francés", es decir, refinado, sensual y un tanto hedonista, para llenar los pentagramas de tensión dramática y un cierto carácter alucinado que le sientan estupendamente a esta partitura, acercándose en este sentido a quien -de lejos- mejor la ha interpretado, que no es otro que Riccardo Muti en la filmación de la genial propuesta escénica de Robert Carsen (DVD imprescindible, dicho sea de paso). La orquesta, como apuntábamos arriba, estuvo muy bien, y la Coral Catedralicia de Valencia realizó un muy correcto trabajo.

Para la ocasión se congregó un elenco con nombres internacionales de cierta relevancia, pero paradójicamente quien mejor estuvo fue, en el rol principal, la soprano local Isabel Monar, una cantante muy estimable que me parece un tanto infravalorada, por no decir desaprovechada. Cierto es que el rol de Blanche de la Force le viene un poquito grande -hubo agudos gritados-, pero su canto tuvo estilo, comprensión del personaje -incluyendo su evolución psicológica- y emoción. Desde el punto de vista puramente vocal la mejor fue sin duda la reputada mezzo Iris Vermillion, aunque no la vi muy centrada como Madre María de la Encarnación. Y en cuanto a intención expresiva se refiere, sobresalió la Priora de la veterana Kathryn Harries, aunque debo dejar constancia de que si bien yo, sentado en primera fila, no tuve problema a la hora de disfrutar de su voz, según me contaron desde el Paraíso apenas fue audible. Lástima, porque como digo hubo mucha intención en sus decisivas intervenciones.

Del resto no se pueden decir muchas cosas buenas. Fue una sorpresa encontrarse a María Cristina Kiehr como Sor Constance. Una sorpresa desagradable, deberíamos añadir, porque su actuación, por decirlo suavemente, estuvo llena de problemas técnicos. Sin llegar a tales extremos, Janice Watson resultó también muy decepcionante como la nueva Priora. El veterano Anthony Michaels-Moore se limitó a cumplir como el Marqués y Roger Padullés, este sí, hizo un buen trabajo como el Caballero de la Force. El resto de los papeles estuvieron en manos de miembros de la Coral Catedralicia, que resolvieron la papeleta con más voluntad que acierto; como no son profesionales, creo que huelgan los reproches. Al final hubo aplausos relativamente cálidos para la frialdad habitual del público valenciano, que ha podido finalmente disfrutar en su ciudad del estreno de este título fundamental de la ópera del siglo XX.

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