domingo, 22 de agosto de 2010

Inolvidable homenaje a Rodgers y Hammerstein

De los dos Proms que se ofrecían hoy en el Royal Albert Hall he escogido el homenaje a Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II celebrado por el 50 aniversario del fallecimiento del célebre libretista. Se ha encargado del asunto, al frente de su propia orquesta, un verdadero especialista, John Wilson, quien ya triunfó en la pasada edición con un programa de musicales de la MGM que acaba de editarse en DVD. Siete títulos ocupaban la velada, los más exitosos surgidos de la colaboración entre ambos artistas, con la peculiaridad de que no se ofrecían las partituras escénicas originales, sino los arreglos realizados para sus respectivas versiones cinematográficas por el gran Alfred Newman y su equipo musical de la Fox, incluyendo algunas oberturas (es decir, la música que se proyectaba con las luces encendidas antes de comenzar la sesión), largos ballets y hasta canciones compuestas ex-profeso para la gran pantalla.




La selección fue muy sensata pero no siempre se decidió por lo mas popular, lo que me parece un acierto. Como en ningún lugar de la red se encuentra el programa detallado, me entretengo en especificar las piezas que se interpretaron, que por cierto fueron presentadas en estricto orden cronológico de composición. De Oklahoma! escuchamos la Obertura y los títulos de crédito en arreglo de Adolph Deutsch, seguidos por la inevitable "Oh, what a beautiful morging" y "People will say we're in love". Carousel estuvo representada por su celebre vals, seguido por "If I love You", "June is bustin' out all over" y el soliloquio de Billy. La selección de South Pacific incluyó "I'm gonna wash that man right outa my hair", "Bali Ha'ai", el coro "There is nothing like a dame", "This nearly was mine" y -lógicamente- "Some enchanted evening". El popurrí que Edward B. Powell preparó como obertura cinematográfica de The King and I fue lo único que disfrutamos del musical inmortalizado por Yul Brynner. Flower Drum Song nos trajo "I enjoy being a girl", "You are beautiful" y "Grant Avenue". Llegó finalmente The sound of music con los títulos de créditos confeccionados por Irwin Kostal, pero las dos canciones que se ofrecieron a continuación no fueron precisamente las más celebres, sino las compuestas para la película por el propio Rodgers con Julie Andrews en mente: "I have confidence" y "Something good". "Climb every mountain" puso la guinda final y "Oklahoma" sirvio de adecuada propina.

Las interpretaciones, que no lo he dicho hasta ahora, fueron formidables. Y no solo porque los solistas vocales fueran muy buenos y el coro de los Maida Vale Singers cumpliera estupendamente su cometido, sino porque John Wilson logró el milagro de reproducir el "sonido Alfred Newman" del que él mismo habla en su introducción a las notas al programa, incluyendo esas cuerdas vibradisimas que tanta irritacion le producian a Bernard Herrmann cuando le tocaba dirigir a la orquesta de la Fox, esos marcadísimos portamentos tan de la época y esos metales estridentes con un punto de digamos "vulgaridad popular" mucho antes propio de una formación de variedades que del escenario sinfónico. Todo ello, por descontado, con una importante cantidad de azúcar, como demandan los pentagramas, pero sin pasarse lo más mínimo en la dosis, y ofreciendo -también por descontado- esa frescura, ese sentido del ritmo y esa brillantez sin los cuales estas partituras se desinflarían como un globo. El estilo y la fuerza con que tocó la orquesta fueron impresionantes: dudo mucho que nunca se haya recreado mejor esta musica (mejor dicho: el sonido cinematografico de esta música) en el ultimo medio siglo.

Las voces estuvieron muy bien. El joven Julian Ovenden no tiene una emisión muy limpia pero dice con muchísimo arte e intención. La guapa Sierra Bogges, protagonista del original cast de lo último de Lloyd Weber (Love never dies), canta con voz bonita y cierta insipidez. Anna-Jane Casey domina muy bien la escena. El macizo Rodney Gilfry, algo plano en lo espresivo, hizo gala de su oscura y atractiva voz (esperamos como agua de mayo su San Francisco de Asis en Madrid). La estupenda Kim Criswell, finalmente, tuvo estupendos momentos para lucir su arte ("Bali Ha'ai"), si bien nos quedamos con las ganas de disfrutar de su excepcional histrionismo escénico. Ah, buenísimos tanto en lo vocal como en lo escénico los solistas que se desgajaron puntualmente de los Maida Vale singers, redondeando con sus participaciones una velada inolvidable para los amantes del musical.... e incluso para los que preferimos mucho antes a Lerner y Loewe que a los buenos de Rodgers y Hammerstein. A ver si hay suerte y este concierto también sale en DVD.

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