domingo, 16 de junio de 2013

Primera Sinfonía de Shostakovich: discografía comparada

Actualizaciones.

16-01-2010. Esta entrada se publicó originalmente el 6 de enero de 2010. Añado ahora un comentarios sobre las interpretaciones de Efrem Kurtz y Karel Ancerl.

11-08-2011. Incluyo comentarios sobre las grabaciones de Leopold Stokowski, Neeme Järvi y Vasily Petrenko.

16-06-2013. Se añaden las interpretaciones de Ormandy, Solti/1977 y Wigglesworth, y se modifica muy ligeramente el comentario de la de Solti/1991.
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Completando una entrada anterior sobre la Primera Sinfonía de Shostakovich (enlace), presento aquí una breve discografía comparada que recoge la mayoría de las grabaciones que circulan por el mercado. Confío en que sea de utilidad. 


1. Markevitch/Orquesta de la ORTF (EMI, 1955). El joven Markevitch construye una versión rápida y electrizante. El primer movimiento resulta muy teatral, animado y humorístico, no especialmente corrosivo aunque tampoco nada naif, sino lleno de intención, a lo que ayuda una tímbrica muy incisiva. El segundo, lleno dinamismo, se precipita y no deja respirar a la música con el sentido atmosférico que debe. El tercero y el cuarto son muy punzantes y poseen una adecuada rebeldía. Impresionantes los timbales antes del final, de un carácter implacable lleno de amenaza. Lástima que la planificación no sea irreprochable y que existan momentos de barullo. (8)




2. Kurtz/Philharmonia (EMI, 1957). Al frente de una orquesta maravillosa y beneficiándose de una toma de sonido ya estereofónica, el director ruso realiza una interpretación objetiva, maravillosamente construida, directa y sin el menor devaneo, y dotada de un elevado sentido teatral. Es sí, sin ofrecer toda la ironía que debe destilar el primer movimiento, el sentido de lo inquietante y lo misterioso del segundo, la hondura dramática del tercero ni la emotividad del cuarto. (8) 




3. Stokowski/ Symphony of the Air (EMI, 1959). Ya desde un agrio y sarcástico comienzo queda claro que el maestro captura a la perfección el espíritu de la obra y va a optar por una lectura poco festiva y con mucha retranca que se beneficia de su gusto por la tímbrica descarnada, pero que también se ve lastrada por un pulso muy irregular -deplorable el arranque del scherzo-, por una ejecución un tanto chapucera y por alguna excentricidad marca de la casa. A destacar, en cualquier caso, el carácter particularmente amargo que Stokowski destila en los dos últimos movimientos, así como su alejamiento de la retórica y el triunfalismo. En la toma sonora, estereofónica, se notan demasiado los empalmes. (7) 



4. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (Sony, 1959). Sin ser el precisamente el colmo del riesgo y de la personalidad, sino más bien un artesano de la más absoluta honestidad, Ormandy demuestra una perfecta comprensión de la tempranísima partitura, tanto del componente gamberro y circense de su primera parte -sin llegar al extremo de sarcasmo que más adelante ofrecerá un Rozhdestvensky- como del indisimulado romanticismo de la segunda -sin alcanzar el profundo e intenso pathos de un Bernstein-, y todo ello lo pone en sonido mediante una técnica sin fisuras y una orquesta en estado de gracia. (9)



5. Markevitch/Orquesta Nacional de la ORTF (DVD EMI, 1963). Ocho años después de su registro en audio para EMI, la Radiodifusión Francesa realizó esta filmación de mediocre calidad audiovisual que no solo no mejoró el registro oficial realizado para EMI, sino que dejó más aún en evidencia las limitaciones de la orquesta. Los parámetros interpretativos son prácticamente los mismos. En cualquier caso, resulta impagable contemplar el gesto sobrio y marcial de Markevitch. (8)



6. Ancerl/Orquesta Filarmónica Checa (Supraphon, 1964). El director checho acierta por completo con una interpretación fresca y juvenil, desprejuiciada, extrovertida y muy sincera. El primer movimiento resulta especialmente animado y bullicioso, ofreciendo una acertada tímbrica incisiva, aunque quizá sea un poco más risueño de la cuenta y por momentos roce lo pimpante. Muy animado y dinámico el segundo movimiento, aunque por fortuna no rehúye lo inquietante. Abiertamente rebelde -más que nihilista- el Lento, y de gran sentido de la teatralidad pero sin asomo de retórica el final, cuya tímbrica áspera y tratamiento dramático resultan muy acertados. (9) 



7. Kondrashin/Filarmónica de Moscú (Melodiya, 1972). Evidenciando su contrastada afinidad con la musica del autor, el gran director ruso ofrece en su pionera integral una interpretación tensa y corrosiva, de clímax hirientes y rebeldes, atenta tanto al sarcasmo como al dramatismo, que podría ganar aún en refinamiento y paladear mejor el -aun así, intenso- tercer movimiento. Magnífico el final, frenético y nada triunfalista. (9)



8. Rozhdestvensky/State Academy Symphony Orchestra of the URSS (Brilliant, 1976). Aunque en su integral obtendrá resultado más convincentes, por ofrecer un trazo más cuidado y una mejor planificación global, el marido de la Postnikova ofrece ya una interpretación ácida, tensa y corrosiva, que no mira al pasado romántico sino al futuro Shostakovich expresionista. El Allegretto es juguetón pero albergando mucha mala leche. El Allegro que le sigue resultando aristado aunque no del todo gótico. El tercer movimiento es muy negro y doliente, mientras que el cuarto sabe ser antes frenético que triunfalista. Lástima que a veces haya algo de confusión y que la grabación, más bien pobre, desequilibre los planos sonoros. (9)



9. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). En uno de los primeros acercamientos del maestro al universo del autor de La nariz, Solti nos ofrece una interpretación rápida, bulliciosa y chispeante, dicha con claridad y virtuosismo extremos por parte de una orquesta y una batuta de técnica insuperables, trazada con la adecuada electricidad interna y sin la menor concesión al efectismo, pero un tanto limitada en lo expresivo al no mirar más que a la etapa gamberra, extrovertida y humorística del Shostakovich juvenil –a veces parece que estamos escuchando la banda sonora de una cinta de animación– y, por ende, a desentenderse de la atmósfera inquitantes y el pathos no poco romántico que subyacen en la partitura. Dicho de otra manera: espléndidos los movimientos iniciales, desaprovechados los dos últimos. La toma sonora podría haber sido mucho mejor. (7)
 

10. Haitink/Filarmónica de Londres (Decca, 1980). Siempre objetivo y un tanto distanciado, el maestro holandés ofrece una gran versión en su conjunto, pero a la que le falta chispa y sentido del humor -carencia habitual de Haitink- en el segundo movimiento. El resto es sólido y ofrece un acertado dramatismo, manteniendo la tensión en todo momento. Excelente prestación orquestal, aunque la toma sonora no sea la mejor del globalmente admirable ciclo grabado por Decca. (9)





11. Rozhdestvensky/Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS (Melodiya, 1983). Resulta francamente difícil superar esta modélica lectura, sarcástica y juguetona pero también altamente dramática, con algún detalle personal algo discutible pero llena de fuerza. Sería aún más disfrutable con una orquesta de primerísima fila y con una toma sonora a la altura de las circunstancias. Lástima que toda esta imprescindible integral esté hoy por hoy descatalogada. (10)




12. Sanderling/Sinfónica de Berlín (Berlin Classics, 1983). Intérprete nihilista por excelencia de la música del autor, Sanderling ofrece una visión marcadamente gótica y sombría, no sólo en los dos últimos movimientos, excepcionales por su dramatismo, su pathos, su sinceridad y su ausencia de falsa retórica, sino también en los dos primeros, poco joviales pero llenos de carácter ominoso, incluido el segundo tema del segundo movimiento, que nunca ha sonado tan turbio e inquietante. Lo más discutible, el flojo arranque del referido movimiento, sin garra alguna. (9)


 
13. Neeme Järvi/Nacional de Escocia (Chandos, 1984). No sé si será porque en la primera mitad de los ochenta el director estonio aún no había sucumbido a la grabación compulsiva de discos, pero lo cierto es que sorprende escuchar al tantas veces pedestre y rutinario Neeme Järvi una Primera de Shostakovich así, no solo bien trazada y dicha con convicción, sino además muy comprometida en un enfoque que desdeña todo lo que de festivo y juguetón pueda rastrearse en la obra para decantarse por subrayar los aspectos más incisivos, sombríos y amargos de la partitura. Sobran, eso sí, cierta blandenguería en el solo de violonchelo anterior a la cola final y la tendencia a acumular decibelios en los clímax, a lo que en este sentido le ayuda una toma sonora que, además de poseer una admirable transparencia, posee una amplísima gama dinámica. (9) 




14. Bernstein/Sinfónica de Chicago (DG, junio 1988). Lectura sobresaliente que destaca por su enorme pathos, por su tremenda sinceridad expresiva y por su sentido del dolor y de la tragedia, ante todo en los dos últimos movimientos. Los dos primeros no resultan especialmente sarcásticos ni electrizantes, pero están ricamente matizados, desmenuzados hasta el límite y dotados de un sentido del misterio y de lo inquietante muy apropiado. Solo Celibidache será capaz de llegar aún más lejos, si bien Bernstein cuenta con la enorme ventaja de tener a su servicio una orquesta absolutamente insuperable. (10)



15. Bernstein/Orquesta del Festival Schleswig-Holstein (DVD Euroarts, julio 1988). Como en su lectura inmediatamente anterior para DG, los dos primeros movimientos están llenos de intención, misterio y fina ironía, si bien se puede echar de menos la electricidad de otras lecturas, así como una mayor dosis de mala leche. Los dos últimos resultan extraordnariamente conmovedores por su pathos, cantabilidad, fuerza dramática y carga expresiva, extrayendo Bernstein un lirismo de lo más acongojante. Desdichadamente las diferentes familias de la orquesta juvenil y algunos de sus solistas muestran sus relativas insuficiecias, por lo que el nivel se acaba resintiendo. En cualquier caso, los extensos y fascinantes ensayos que incluyen este DVD hacen su conocimiento indispensable. (9)




16. Ashkenazy/Royal Philharmonic (Decca, 1988). Siempre solvente pero rara vez brillante en sus aproximaciones a la obra del compositor, Ashkenazy encuentra un certero punto de equilibrio entre los componentes dramáticos y lúdicos de la pieza. Por desgracia la versión pierde fuelle por cierta languidez en el tercer movimiento, así como por una tendencia al efectismo en el cuarto que hace que el resultado sea más espectacular que sincero. La realización es muy buena, pero al final hay algo de barullo. (7)




17. Solti/Orquesta del Concertgebouw (Decca, 1991). Nos encontramos aquí en la antípoda de Sanderling. Hay en esta lectura mucho de sentido del humor, de fuerza, de tensión sonora y de rebeldía, triunfando Solti en un primer movimiento animadísimo pero nada mecánico, y también en un Allegro que sabe conciliar lo juguetón con lo tenso (aunque su segundo tema no es del todo inquietante). En la segunda mitad de la obra, y aunque por fortuna el maestro ha remansado un poco los excesivos tempi de su interpretación con Chicago, siguen echándose de menos poso dramático, ambigüedad, nihilismo y carácter atmosférico, careciendo el fraseo de la intención y de la concentración deseable. De este modo resulta superficial el tercer movimiento y solo bueno el cuarto, que finaliza, eso sí, con una enorme fuerza y sin la menor retórica. Lástima que la toma sonora, en vivo, deje que desear. (8)



18. Rostropovich/Orquesta Sinfónica Nacional de Washington (Teldec, 1993). La integral de Rostropovich, menos sarcástica pero con mayor vuelo lírico y profundidad humana, es el complemento perfecto a la de Rozhdestvensky. Esta Primera resulta admirable por su perfecto equilibrio entre los ingredientes de la partitura, siendo de un humor muy elegante -más irónico que sarcástico- el primer movimiento, animadísimo pero también inquietante el Allegro, de gran pathos -aunque no especialmente nihilista- el tercero y adecuadamente dramático el cuarto, si bien el final podría ser aún más tenso y rebelde. (9)




19. Barshai/Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia (Brilliant, 1994). En su notable y baratísima integral, el experto Rudolf Barshai mostró un irreprochable conocimiento del idioma, pero también ciertas desigualdades interpretativas. Así las cosas, el primer movimiento le quedó fresco y juguetón, pero no muy matizado, dicho un tanto de pasada. Bastante soso el Allegro. Tercero y cuarto, rápidos en sus tempi, ofrecieron un muy adecuado dramatismo, aunque podían estar más paladeados. Muy notable la orquesta, y fantástica la grabación. (7)




20. Celibidache/Orquesta Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Plenamente inmerso en su estilo interpretativo de última época, esencial y abstracto, el maestro rumano ofreció una genial recreación en la que uno no sabe si asombrarse más por cómo está desmenuzado el tejido orquestal, por la manera de sostener el pulso a pesar de la lentitud de los tempi, por la naturalidad y flexibilidad del fraseo, por la enorme cantidad de matices expresivos que se descubren, por la riqueza de la paleta de colores desplegada, por esa ironía al mismo tiempo fina y socarrona puramente celibidachiana, por el marcadísimo sentido de lo atmosférico o por el trágico y hondo patetismo -que no nihilismo, a la manera de un Sanderling- que se logra aquí extraer de la partitura. Lástima que la orquesta no sea de primera y que la grabación, lógicamente en vivo, no esté a la altura de la época. (10)




21. Jansons/Filarmónica de Berlín (EMI, 1994). Al frente de una orquesta maravillosa, el irregular Jansons ofreció una versión rutilante y espectacular, dicha con muchas ganas, bien planificada y soberbiamente tocada, de notable sentido del humor, pero un tanto externa e insincera en los momentos más dramáticos. Como suele pasar con este algo sobrevalorado director, más ruido que nueces. (8)




22. Vladimir Jurowski/Orquesta Nacional Rusa (Pentatone, 2004). La realización es espléndida y el enfoque dramático muy certero, pero el conjunto desprende cierta sensación de distanciamiento y frialdad que no casa bien con esta música que necesita ante todo ironía y pasión. Un relativo chasco para venir de una de las más interesantes batutas del panorama actual. Fabulosa, eso sí, la toma de sonido. (7)




23. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2004). Al frente de una notable orquesta y dentro de una más que digna integral que aprovecha el formato SACD, el ya veterano maestro ofrece una lectura de muy buen pulso e irreprochable idioma, equilibrada entre lo burlón y lo dramático, a la que sólo le falta un punto de creatividad y le sobra algo de tosquedad para ser excepcional. (8)




24. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque el maestro británico suele mostrarse más atento al lado lúdico de las obras que dirige que al dramático, en esta página apuesta por una visión abiertamente áspera y sombría. El primer movimiento resulta así seco y dramático, parco en sentido del humor. Lo mismo el segundo, que le queda algo soso. El Lento es muy siniestro, algo mortecino por momentos, mientras que el último vuelve a ser más dramático que brillante. La orquesta es fabulosa, pero por momentos la realización resulta algo tosca en lo sonoro. (8)



25. Wigglesworth/Filarmónica de la Radio de Holanda (BIS, 2006). De manera parecida a la de un Sanderling o un Rattle, el maestro británico pasa un tanto de largo ante los aspectos más juveniles, burlones y electrizantes de la partitura para, moderando los tempi y creando atmósferas espectrales, encontrar en esta obra tan temprana el germen del Shostakovich maduro. Ciertamente lo consigue, y además lo hace con apreciable musicalidad y trazo fino, pero el pulso no es regular, hay clímax sin garra -tercer movimiento- y, en general, se echa de menos la tensión interna que debe recorrer la obra. La toma sonora, al estar realizada a un volumen bajísimo, recoge de manera asombrosa toda la gama dinámica que proponen los pentagramas. (7)




26. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Mariinski, 2008). Moderando su habitual tendencia a la vulgaridad y el efectismo, el director ruso ofrece una interpretación de notable nivel técnico y buen gusto en lo expresivo, si bien dentro de un enfoque mucho antes romántico que expresionista. En este sentido, la comicidad del primer movimiento está teñida de cierta melancolía, mientras que el Allegro, no muy tenso ni aristado, quizá algo desvaído, alberga un atractivo carácter sombrío. En el tercer movimiento se alcanza un apreciable vuelo lírico, y solo hay que reprochar que por momentos lo trágico se confunda con lo sollozante. El cuarto resulta convincente pese a su coda algo efectista y no muy sincera. (7)



27. Vasily Petrenko/Royal Liverpool Philharmonia (Naxos, 2009). Aunque ha realizado algunos muy buenos acercamientos a la obra del autor, Petrenko defrauda aquí con una interpretación lenta, flácida y con tendencia a la blandura, en la que sustituye la tensión interna por un juego extremo con las dinámicas. Lo mejor es el primer movimiento, algo descafeinado pero bien bien trazado. El segundo es un disparate, pues las secciones lentas las hace ralentiza al límite y el resultado, lejos de ser inquietante, es amanerado. En el tercero la batuta mira a la pasacaglia de la Octava, pero en lugar de lentitud y desolación hay flacidez y un aire tristón. En el cuarto los pasajes líricos no tienen garra y los solistas ofrecen intervenciones sollozantes, optándose en la coda final por el estruendo para contrastar. (4)

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Además de las arriba enumeradas, conozco una interpretación a cargo de Kurt Masur y la Filarmónica de Londres filmada en Baden-Baden en 2004 y retransmitida via satélite, que debe de ser muy parecida a la registrada en enero de ese mismo año en la capital británica a cargo de los mismos intérpretes editada por el sello LPO. De ahí que merezca la pena dejar constancia de que se trata de una buena interpretación, desde luego más artesanal que creativa, en la que hay que reprochar la ausencia de sarcasmo e ironía, como también la tendencia a caer en la languidez e incluso en lo sollozante. Su final resulta, además, algo efectista. (6)

Por lo demás, y sin conocer lo que han hecho gente como Oleg Caetani o Maxim Shostakovich al respecto (dudo que gran cosa, la verdad), mi opinión es que Rozdestvensky en una línea, Bernstein y Celibidache en otra muy distinta, han sido los mayores recreadores es esta admirable partitura. Veremos si en el futuro alguien es capaz de igualarlos.

3 comentarios:

vi_ac_ma dijo...

Fernando, es muy buena la de Efrenz Kurtz con la Philarmonia (emi) grabada en los 50 y siguiendo los consejos interpretativos del compositor.

FLV-M dijo...

Siguiendo tu consejo, he escuchado y comentado la interpretación de Kurzt que refieres, aunque también he escrito algo sobre otra que me ha gustado más aún, la de Ancerl. Muchas gracias :-)

vicentet dijo...

Las versiones de Eugene Ormandy con Philadelphia (CBS) pioneras en EEUU no han tenido nunca un gran exito, aunque el director hungaro contase con una formacion tan excelsa.¿A que crees que se debe esto?