miércoles, 30 de septiembre de 2009

Dos películas sobre Shostakovich: Sonata para viola y Testimonio

DMITRI SHOSTAKOVICH, SONATA PARA VIOLA. Una película de Semion Aranovitch y Alexandre Sokourov.
Ideale, DVD5DS14
DVD - 75’
ADD
Ferysa
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TESTIMONIO. Una película de Tony Palmer, protagonizada por Ben Kingsley. Guión de David Rudkin. Fotografía de Nic Knowland. Orquesta Filarmónica de Londres. Dir: Rudolf Barshai.
Voiceprint Records, TPDVD155.
DVD - 151’
ADD
Ferysa
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Shostakovich_Sonata_Viola_Sokurov

Sonata para viola fue el particular homenaje que en 1981 el guionista Boris Dobrodeev quiso realizar a la memoria de Dmitri Shostakovich, fallecido seis años antes y por entonces aún visto por muchos como “compositor oficial soviético”. Contó para ello con la complicidad de un joven Alexander Sokurov, quien logró ofrecer una visión personal, poética y atractiva sobre el autor de La nariz con un trabajo que es fundamentalmente de edición y montaje, toda vez que la mayoría del material que incluye este documental es de origen histórico y no fue, por tanto, filmado para la ocasión.

La mirada de Sokurov es tan sombría como la obra que da título al documental, no en balde la última de su autor. Su carácter elegíaco resulta evidente desde los primeros minutos, pero en ningún momento se intentan forzar las cosas. Sokurov deja hablar a las imágenes y a la música, permitiendo que éstas nos retraten a un artista que se movió en el filo de la navaja alternando las servidumbres ideológicas con su nihilista opinión sobre el ser humano. No debe extrañar, pues, que las autoridades soviéticas ordenasen el secuestro de la película y que esta se mantuviese prohibida en la URSS hasta 1986. Y eso que el desencuentro del artista con el régimen de Stalin sólo se trata de pasada.

La cinta nos permite, por otro lado, escuchar una conversación telefónica entre un ya moribundo Shostakovich y David Oistrakh en torno, precisamente, a la Sonata para viola, o comparar la majestuosa recreación que del final de la Quinta Sinfonía hace Mravinsky con la más bien desbocada que realiza un a todas luces inmaduro Leonard Bernstein. El DVD, que ya conoció circulación en España y que pasa ahora a manos de otra distribuidora, ofrece subtítulos en castellano.

Testimony_Tony_Palmer
No los tiene, ni en este ni en ningún otro idioma, la esperadísima edición de Testimony, la obra cinematográfica (no es un documental televisivo: fue filmada en Panavisión y estrenada en cines) que Tony Palmer ofreció en 1988 como recreación de las presuntas memorias de Shostakovich que en 1979 había publicado, partiendo de no menos presuntas entrevistas mantenidas con el compositor, el musicólogo Solomon Volkov.

La cinta de Palmer sigue una narración no convencional en la que secuencias digamos “realistas” de la vida del compositor -que narra desde el Más Allá a partir de la escena su entierro- se alternan con numerosos pasajes de carácter onírico y de pretensiones abiertamente “artísticas”, aunque no sean estos siempre los más logrados: a veces las imágenes, en hermosa fotografía en blanco y negro de Nic Knowland, resultan un tanto pretenciosas. Por no hablar de los momentos en los que interviene la Filarmónica de Londres (con Rudolf Barshai a la batuta y con solistas por delante como Felicity Palmer o John Shirley-Quirk), que acercan en exceso la cinta al terreno del documental.

En cualquier caso se trata de una hermosa, personal y sugestiva película en la que brilla con luz propia la portentosa recreación que del atribulado protagonista realiza ese enorme actor que es Ben Kingsley, quien nos ofrece un Shostakovich especialmente nervioso y asustadizo, pero también dotado de una enorme fuerza interior y de un prodigioso autodominio que le permite sobrevivir en el irrespirable ambiente social, político y artístico de la URSS de Stalin, convertido aquí en siniestro antagonista.

Ahora bien, ¿es este un Shostakovich real? Al contrario de lo que ocurre en la cinta de Sokurov, la imagen que Tony Palmer ofrece es tan subjetiva como la del libro de Volkov, al que recientes investigaciones denuncian como falsificación en cuanto que memorias: parece que el compositor nunca leyó ni autorizó la mayoría de los textos editados por el musicólogo, y que los folios del manuscrito en los que aparece la firma de Shostakovich no pertenecen, significativamente, a las nuevas y reveladoras confesiones presuntamente realizadas ante el investigador, sino a textos mucho más antiguos del artista incorporados en el libro. Vamos, que Volkov le hizo firmar páginas inocentes para que, intercaladas de manera más o menos habilidosa, el texto por él escrito (abiertamente “inventado”, según los más radicales) pasara ante la opinión pública como auténticas memorias autorizadas por el compositor.

Ahora bien, el que la obra de Volkov sea una falsificación no tiene por que significar necesariamente que el retrato que libro y película ofrecen sobre Shostakovich no se corresponda con la verdadera realidad política y espiritual del autor de La nariz. Así nos lo demostraron por las mismas fechas Gennadi Rozhdestvensky en su demoledora integral sinfónica o el Cuarteto Borodin en sus acongojantes registros camerísticos, en ambos casos desde dentro de la propia URSS, al igual que lo hicieron -con menor virulencia- gente como Rostropovich o Bernstein desde el otro lado del telón de acero. Artistas todos ellos que no tienen por qué tener el monopolio interpretativo, claro está, pero que significativamente están considerados con unanimidad como referencias a la hora de poner en sonidos la música del autor. Ésta es, en cualquier caso, la que tendrá siempre la última palabra.

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Artículo publicado en el número de septiembre de 2009 de la revista Ritmo.

PS. Sobre la polémica en torno al libro de Volkov, resulta recomendable echarle un vistazo a la Wikipedia (enlace).

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Podrías darnos noticia sobre la música de Shostakovich para la película de Murnau "Fausto"?. ¿Es música compuesta para esa película o se le añadió después?
Gracias
Federico.