viernes, 7 de agosto de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (XII): Solti, mucho más que electricidad

Suele decirse que la batuta de Sir Georg Solti se caracteriza por su objetividad ante los pentagramas, por su incisividad tímbrica, por su brillantez sin retórica, por su rusticidad bien entendida, por su total alejamiento tanto de la blandura como de la grandilocuencia y, sobre todo, por la enorme electricidad que desprende.

Todo eso es cierto, pero nos quedaríamos en el tópico si no reconociéramos otras virtudes que, desde mediados de los sesenta hasta finales de los ochenta -después viviría unos años de relativa decadencia-, hicieron de él uno de los directores más grandes del planeta. Me refiero fundamentalmente a la enorme flexibilidad de su fraseo -nunca caprichoso, siempre planificado con minuciosidad- y a la concentración que es capaz de desplegar en los pasajes más cantables, donde a veces ofrece una poesía digna del mejor Giulini.



Buen ejemplo de lo antedicho es el ciclo Brahms grabado para Decca al frente de su asombrosa Orquesta Sinfónica de Chicago, por cierto mucho más aprovechada con él que con Levine (enlace), entre 1978 y 1979. Un formidable ciclo que ha conocido varias ediciones distintas (las Variaciones Haydn no se han recuperado hasta la serie Double Decca) y que sigue siendo, a día de hoy, uno de los más recomendables para acercarse por primera vez a estas memorables partituras.

Solti da lo mejor de sí mismo con una referencial Primera Sinfonía, una interpretación en una línea más juvenil que otoñal, dramática sin llegar a ser desgarrada y brillante sin caer en la retórica, llena de entusiasmo sin que el fuego le lleve a perder el control en ningún momento. Y además, como decíamos más arriba, el maestro no descuida en absoluto la poesía ni el intimismo en los momentos líricos, que le suenan -eso sí- más anhelantes que reflexivos, lo que no me parece un desacierto.

En la Segunda, perfección técnica y ortodoxia interpretativa se dan de la mano en una recreación no menos extravertida, comunicativa y brillante que la anterior. Le faltan quizá ternura, intimismo y mayor personalidad, pero aun así el nivel es altísimo.

De la Tercera sinfonía, página con frecuencia interpretada haciendo hincapié en sus complicados pliegues psicológicos y ofreciendo una atmósfera más bien gótica, Solti traza una lectura objetiva y directa, aunque desde luego nada lineal, sino ricamente acentuada, sincera y muy sentida, llena de fuerza interna y emoción.

Ahora bien, hay que reconocer que se encuentra más lograda aún en los movimientos extremos, de enorme fuerza dramática, que en los centrales, muy efusivos y con pasajes de tremenda intensidad, pero sin especial magia. Impresionante en cualquier caso la claridad del entramado orquestal, descubriéndonos el veterano maestro numerosos detalles nuevos en la partitura.

En la Cuarta sobresale un portentoso Andante moderato, paladeado con lentitud y concentración, matizadísimo y de una enorme efusividad, aunque también de una gran emoción y extroversión en el clímax. El resto responde al habitual Brahms de Solti, rápido, directo, sincero, extrovertido -aunque en absoluto superficial-, poco dado a detenerse en los aspectos filosóficos y muy atento al drama, destacando en este sentido el clímax del primer movimiento y todo el cuarto. Cálida y perfecta la orquesta, que quien fue durante muchos años su director titular hace sonar con auténtico sonido brahmsiano.


De las Variaciones Haydn Solti ofrece una recreación intensa, cálida y un tanto rápida, por momentos precipitada, pero muy flexible y riquísima en matices, ya que no particularmente profunda ni humanística. A destacar el marcado contraste que busca en los tempi para subrayar las diferencias entre cada una las variaciones.

En la Obertura Trágica Solti, como no podía ser menos, se mueve como pez en el agua y ofrece una intensidad, un dramatismo y una garra dramática de la mejor ley, sin la menor concesión al efectismo, haciendo además sonar a la orquesta más densa y oscura que en sus otras recreaciones brahmsianas. El punto más débil del ciclo es la Académica, más que notable en apariencia, excelentemente sonada y muy bien trazada, pero algo superficial: le faltan lirismo y, sobre todo, convicción. Sea como fuere, un enorme Brahms el de Solti. A reivindicar.

1 comentario:

Nemo dijo...

Este es uno de los grandes ciclos de Brahms grabados y la verdad es que impresiona.

Se enmarca en la línea literalista, como el de Szell o Klemperer.

Está muy matizado, magníficamente grabado y el conjunto es admirable.

Si tuviera que recomendar un ciclo para iniciarse evitaría los más personales y heterodoxos (Giulini tardío, Bernstein tardío o Celibidache) y buscaría una grabación con un enfoque más objetivo, y de entre estos quizás el de Solti sea el más recomendable.

Estas grabaciones dan la medida del Solti director sinfónico, al menos en estudio. Tiene otras grabaciones de referencia, y muchas de gran nivel, pero en muchos ciclos suyos ambas cosas se alternan (Mahler, Beethoven). Sin embargo en Brahms o Haydn creo que alcanza lo insuperable y se mantiene a ese nivel de la primera a la última nota.