jueves, 22 de enero de 2009

Arias francesas por Ben Heppner: mucho más que agudos

Páginas de Berlioz, Halévy, Massenet y Meyerbeer.
Orquesta Sinfónica de Londres. Myung-Whun Chung.
Deutsche Grammophon.
CD 74’05’’
Universal
****R

Heppner

Sólo le falta un físico agraciado, don al que podría sacarle mucho partido su casa discográfica -como lo hace con el de Magdalena Kozená, por ejemplo-. Salvo esto, Ben Heppner lo tiene todo, incluyendo esos dichosos agudos que levantan de sus butacas al respetable. Y al margen de que su calificación como tenor dramático pueda resultar bastante discutible, lo cierto es que aborda con deslumbrante éxito un repertorio heterogéneo y muy exigente tanto desde el punto de vista técnico como del interpretativo. Con motivo de su desembarco en DG se zambulle sin salvavidas en la ópera francesa, que en disco sólo ha afrontado puntualmente (Hérodiade, Les Troyens). El resultado vuelve a ser admirable.

Repasemos cuáles son sus puntos fuertes. Primero, un instrumento extenso y homogéneo, dúctil y de timbre grato, manejado con una solidísima técnica. Segundo, una singular atención al texto, perfectamente matizado. Tercero, un talante heroico y viril, que en ningún momento conoce el exhibicionismo, a disposición de aquellas páginas que lo demanden. Cuarto, una línea de canto exquisita y refinada, ajena a todo exceso, que ofrece la mayor morbidez y sensualidad -bellísimas medias voces- sin caer en blandenguerías ni languideces; ortodoxia, pues, pero sin caer en el tópico de “lo francés”.

El programa se ha planteado de manera coherente, desde la introversión de los torturados personajes de Berlioz hasta la triunfal extroversión de La Marsellesa. Así, la primera parte la conforman cinco hermosísimas páginas procedentes de Los troyanos, La condenación de Fausto, Benvenuto Cellini y, cambiando de aires, Beatriz y Benedicto, donde el tenor demuestra su variedad de acentos y capacidad para la introspección psicológica

Con la misma seriedad afronta el tenor canadiense las páginas de Halévy, Massenet y Meyerbeer que conforman el resto del programa, convenciendo con interpretaciones altamente comprometidas, de una profundidad que sorprende si tenemos en cuenta que no ha cantado estas obras en escena. No siempre acierta por igual, pero hay logros excepcionales. Por ejemplo, los dos fragmentos de El Cid, donde supera al más extrovertido y menos idiomático Domingo (tanto en su grabación de CBS como en su interpretación escénica en Sevilla).

La dirección de Chung, en su línea habitual: ágil, afilada, vistosa y un tanto superficial. También la toma de sonido, en exceso reverberante, podía haber estado mejor. A destacar que en la página web de DG se encuentran disponibles los artículos del libretillo, diverso material literario y gráfico adicional e incluso un video del “cómo se hizo”.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2002 de la revista Ritmo.

PS: el hecho de que el instrumento de Heppner sea mucho más lírico de lo que a él le hubiera gustado le ha terminado pasando factura. En el segundo acto de Tristán que ofreció hace un par de años con Barenboim en la Alhambra evidenció un estado vocal un tanto problemático, y la posterior interrupción de su recital en el Teatro Real a mitad de la velada terminó de revelar sus problemas canoros. Espero comprobar mañana mismo en su nueva aparición madrileña cómo se encuentra el en otros tiempos admirable tenor canadiense.

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