viernes, 31 de octubre de 2008

El Otello de Solti en DVD: cómprelo otra vez

VERDI: Otello.
Domingo, Te Kanawa, Leiferkus, Leggate, Remedios, Beesley, Earle, Lackner, Powell. Coro y Orquesta de la Royal Opera House de Londres. Dir: Sir Georg Solti.
BBC Opus Arte, OA R3102 D
DVD 146’
DDD
Ferysa
**** R
M


Este Otello tan celebrado por RITMO en el momento de su ya lejana aparición en Laser Disc ya había conocido un trasvase al formato DVD, el realizado por Pioneer en 2001. Descatalogada esa edición, los derechos pasan ahora a BBC Opus Arte, que tiene la desvergüenza de ofrecer subtítulos exclusivamente en inglés. No sólo eso, sino que no incluye junto al estéreo convencional las pistas en Dolby Digital 5.1 y DTS tan apetitosas para quienes tienen en casa un Home Cinema, y que sí aparecían en el DVD ya fuera de circulación (aunque se tratara, como es habitual en las grabaciones no recientes, de una manipulación del sonido original).

Pero en otras cosas salimos ganando. La calidad de sonido es ahora claramente superior. La imagen ha mejorado de manera espectacular con respecto a la edición de Pioneer. Y el NTSC, ya por fortuna casi generalizado en los DVDs de clásica, sustituye al formato PAL europeo que presuntamente acelera la imagen de manera casi imperceptible para al espectador, pero perjudicial al producir una afinación ligeramente más alta en la música, lo que no es de recibo.

¿Tan buena es esta interpretación como repetir la compra? Hay opiniones para todos los gustos, pero para mí sigue vigente la que dio en estas páginas Ángel Carrascosa según la cual tenemos aquí al mejor y más equilibrado Otello de la historia del disco. Y del DVD, podríamos añadir, a tenor de lo que ha venido después. Y eso que la puesta en escena no es para tirar cohetes: ortodoxa, clásica, sensata y muy bien hecha, pero algo falta de personalidad, de imaginación bien entendida y de trabajo para profundizar en psicologías y situaciones. Claro que con los desmanes que hoy se estilan, el respeto que Elijah Moshinsky guarda hacia la música y hacia los planteamientos dramáticos de Verdi y Boito resulta de todo punto encomiable.

Aun sin alcanzar la genialidad de Barbirolli en su imprescindible registro para EMI, la dirección de Sir Georg Solti debe ser calificada como sensacional. Su batuta es todo lo teatral, fluida, contrastada y brillante como en él se puede esperar. Pero es que además, a diferencia de lo que ocurría en su lectura junto a Pavarotti grabada tan sólo un año antes, el veterano maestro muestra en estas funciones londinenses del 23 y el 27 de octubre de 1992 una poderosa concentración con la que consigue no apresurarse en determinados momentos clave sin perder tensión dramática, alcanzar un amplísimo vuelo lírico, desmenuzar pormenorizadamente el entramado sinfónico y, sobre todo, matizar en los expresivo con increíble minuciosidad cada frase musical e incluso cada intervención solista. Se pueden echar de menos la electricidad de un Kleiber -genial en el primer acto, bastante menos en el cuarto- o el sarcasmo y la teatralidad impactantes de un Toscanini -en exceso contundente y no muy sincero-, por citar dos directores en parecida línea, pero lo de Solti en el Covent Garden es globalmente superior.

Leiferkus cumple con solvencia. Es verdad que hace gala de un instrumento en exceso lírico, una emisión digamos heterodoxa y un estilo poco verdiano, pero pone toda la carne en el asador y procura matizar a su Iago sin caer en la truculencia de otros. Te Kanawa está sensacional: no cuenta con la sensualidad ni la rebeldía de Freni, eso es cierto, pero gracias a la pureza de su línea de canto consigue elevarse hasta lo más alto en su gran escena del cuarto acto, donde logra soslayar su habitual tendencia a la cursilería para ofrecer una recreación tan sensible como emocionante.



¿Y Plácido? Releo textos de reconocidos especialistas españoles ninguneando a su Otello, pero en ellos no encuentro argumentos convincentes sino la pedantería de quienes no han querido perdonarle que sea pesetero, comercial y -lo peor de todo- que no pertenezca al pasado sino al presente: por mucho que su instrumento no sea el más adecuado, en ningún otro intérprete se ha dado semejante unión de belleza vocal, estilo verdiano y, lo más importante, capacidad para matizar en lo expresivo sin recurrir a efectos baratos, sino usando exclusivamente recursos canoros. Todo ello en una recreación menos extrovertida y alucinada que en sus registros piratas junto a Kleiber, más matizada y profunda, tanto como en su DVD cuatro años posterior en el Met -dirigido de manera efectista por Levine- y en condiciones vocales superiores a su filmación de 2001 junto a Muti. Este es, pues, su más disfrutable retrato del moro y, en conjunto, la más redonda versión para admirar el genio único de Verdi. Lo dicho: cómprelo… otra vez.
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Artículo publicado en el número 811, septiembre de 2008, de la revista Ritmo.

3 comentarios:

de canciones letras dijo...

excelente tus comentarios amigo,adelante.

Anónimo dijo...

vaya, que blog más bueno! pendiente y agradecido quedo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchísimas gracias a los dos.

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