Magistral artículo el que hoy publica Elvira Lindo en El País. Me ha hecho recordar lo que me ocurrió hace unos meses con un crítico musical sevillano que creía amigo mío: justo el que escribe las notas al programa de XXXXXX XXXXXXX, sin ir más lejos.
Un día, no sé muy bien por qué, empezó a mandarme WhatsApps en contra del presidente Pedro Sánchez. No eran críticas lógicas y justificadas a su gestión, que haberlas (¡justificadísimas!) bien que las puede y debe haber en un sistema democrático. Eran palabras furiosas, salidas del odio más atroz. Lo de narcisista era lo más suave que soltó. De ahí hasta criminal, pasando por dictador, psicópata y no sé cuántas cosas más.
Le recordé que yo, pese a ponerle muchos reparos y a no considerarme "sanchista", entendiendo por tal admirador acérrimo y acrítico de su figura, ni a considerarle cosas tales como referente de la izquierda mundial -porque tela de aduladores hay por ahí, ya lo creo-, aplaudo su gestión global. Pero eso él ya lo sabía. Se trataba de tocarme las narices, de atacar a los que estas personas que tan maravillosamente describe la autora de Manolito Gafotas consideran su enemigo: los que no deseamos ver en la cárcel al líder del PSOE.
Le rogué repetidamente, les aseguro que con mucha educación, que parase de mensajear. Que no era el momento ni eran las formas. No lo hizo. Le dije que las críticas estaban muy bien, pero que ese tono no era precisamente el de lo que se supone que él era, una persona de izquierdas decepcionada por Sánchez. Finalmente le solté aquello de "venceréis, pero no convenceréis". Touché. En ese instante me bloqueó el teléfono, y desde entonces me evita todo lo que puede en el Teatro de la Maestranza. Ni las buenas noches, vamos. Debe de estar feliz con lo que ha hecho: ¡un enemigo más de la democracia bloqueado por los que somos verdaderos demócratas! Y luego hay que leerle sobre lo sensible que es la música de Schubert y tal... Así está el patio.
Aquí el enlace al artículo de Elvira Lindo.

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