martes, 24 de junio de 2008

Día europeo de la música, a la madrileña

Bajo el lema "Todas las músicas en el Auditorio Nacional" se celebraba en Madrid el Día Europeo de la Música. ¡Menuda cutrez de organización! No se dio mucha publicidad al evento. En Internet apenas había información sobre intérpretes y obras. Y cuando llegas allí lo único que te dan es una fotocopia en blanco y negro con las horas de actuación. Vamos, que quien se asomaba a escuchar, a una hora tan peculiar como las 13:30, a la Joven Orquesta de Gran Canaria, no podía saber ni obras ni intérpretes salvo que se animara a entrar -eso sí, era gratis- en la sala. Allí dentro sí que te daban un buen programa de mano, pero porque se lo traían los de las Islas, que han demostrado ser mucho más profesionales que los señores del INAEM organizadores del evento.

Me lo pasé bien en el concierto. La orquesta alcanza un nivel bastante digno, sobresaliendo una notable sección de cuerda y flaqueando un tanto los metales. Mejor, desde luego, que la Joven Orquesta de Andalucía, para bochorno nuestro. Dirigía Zdzislaw Tytlak, violonchelo solista de la orquesta "adulta" de Gran Canaria, y lo hizo bien, sobre todo en las obras menores del programa, la Serenata Española de Joaquín Malats y la obra homónima de Elgar, la primera de ella solo para cuerdas y la segunda para coro y orquesta. La Fantasía Coral de Beethoven no le quedó nada mal, gracias en buena medida a la muy estimable intervención del pianista José Luis Betancor, y sólo flaqueó un tanto en la Incompleta de Schubert, planteada sin blanduras y con notable carga dramática pero no todo lo bien trazada ni emotiva que debía resultar, echándose de menos además un mayor equilibrio en los planos sonoros y sobrando algunos desajustes. Los Coros Juvenil y Femenino de la OFGC
parecían bastante buenos, y los solistas en Beethoven resultaron apañados.

El escasísimo público asistente (estas no son horas...) aplaudió con entusiasmo y se repitió el final de la pieza beethoveniana. Total, un proyecto muy bonito sobre el papel y que, como demostró este concierto, puede alcanzar un muy digno nivel de calidad, pero que hay que organizar con mayor sensatez, mejor planificación y un mínimo de profesionalidad. Eso sí, al señor Marset luego se le llenará la boca hablando de sus proyectos multiculturales para el Auditorio. Mucho cuento es lo que tiene.

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