sábado, 2 de enero de 2021

Scherzo, o el triunfo del espasmo

Las listas de "los mejores discos del año" suelen caer en el más absoluto de los ridículos, pero lo que ha hecho Scherzo en esta ocasión no tiene nombre. Estúpido de mí, que he tenido la ocurrencia de echarle un vistazo a la edición digital de la revista esta mañana (leer aquí). De los treinta lanzamientos seleccionados, ni uno solo de Barenboim, quien últimamente nos ha regalado cosas tan sublimes como su nueva grabación de las sonatas de Beethoven, los tríos del mismo compositor, el Triple del de Böhm con Ma y Mutter más la Séptima sinfonía, el Dvorák con Soltani o los Tríos de Mozart.

A cambio, una larga selección de espasmos historicistas. Catorce discos corresponden a esta línea interpretativa, incluyendo nombres tan terroríficos entre los HIP como pueden ser Il Pomo d’Oro, Accademia Bizantina, Tur Bonet, Roth (¡la Quinta de Beethoven!) o el tándem Faust/Melnikov ("articulación saltarina, de arcos cortos y un legato muy suave", escribe el inefable Mengíbar como si eso fuera una virtud).

En fin, puedo decir claramente que nunca –con la excepción de la etapa Suñén– me gustó la línea editorial de esta revista, esa misma en la que se escribió que Barenboim era un correcto pianista metido a director, pero con el señor Eduardo Torrico se ha superado a sí misma. ¡Fíjense en que su crítico discográfico estrella es Norman Lebrecht! Como dijo el gran Marx, Groucho Marx: que paren el mundo, que me bajo.

3 comentarios:

xabierarmendariz88 dijo...

La verdad es que las ausencias son muy sorprendentes. En concreto, muchas de las grabaciones de Barenboim que citas me parecen preferibles a algunas de las grabaciones que salen en el artículo y he tenido oportunidad de escuchar; no creo que entre las mejores grabaciones del año estén las sonatas para piano más recientes de Barenboim, pero sí el Concierto para violonchelo de Dvorák con él y Soltani, y con creces. Y también me parecen exageradas algunas observaciones. Posiblemente la grabación de La mujer sin sombra por Thielemann sea muy buena, pero compararla con el Tristán de Furtwängler… Me parece que eso son palabras muy, muy mayores.
Personalmente, de las grabaciones que no he escuchado las únicas que me tientan son el disco Cristóbal de Morales de la Capella de Ministrers, el recital de Sokolov y las sonatas para clarinete de Brahms por Widmann y Schiff, que me parece que últimamente ha adquirido un profundo poso como pianista. Y quizá las sinfonías de Beethoven por Gielen (con muchos reparos) y La mujer sin sombra de Thielemann, claro. También en parte la Quinta de Beethoven por Roth, al menos si no estuviera envuelta en la presentación de Scherzo de elogios tan excesivos a priori. Pero lo demás no me llama nada en absoluto.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Puede que Justo haya sido hiperbólico en exceso calificando esa Mujer sin sombra (¿cuántas grabaciones de ópera son equiparables al Tristán de Furt?), pero al menos esa selección nos trae repertorio tradicional en interpretación no menos tradicional.

El problema de la lista no es tanto que se ningunee con todo el descaro a Barenboim (se me olvidaba citar su excelente Elgar con Garança), sino la clara voluntad de que el peso de la selección recaiga en el mundo HIP.

En el fondo se trata de pura pedantería: poner, qué se yo, las sinfonías de Tchaikovsky bajo la batuta de un director más o menos comercial, resulta muy "poco exquisito". Lo que se busca es poner en primera fila el repertorio menos frecuentado, y que cuando se otorgue espacio al tradicional, se haga preferentemente en interpretaciones historicistas, ya que estas se distancian de los gustos del "populacho" y solo el verdadero "connoisseur" puede apreciarlas en toda su presunta grandeza.

No han cambiado en exceso las cosas en Scherzo, a decir verdad. Recuerdo bien aquellos tiempos en que comencé a leerla, finales de los ochenta y principios de los noventa, en los que era moneda corriente recomendar como referencia interpretaciones inencontrables, preferiblemente de los años de maricastaña. Raramente una referencia podía estar en un Karajan o un Solti, en Deutsche Grammopon o en Decca. Por si fuera poco, cuando uno lograba localizar la presunta joya resulta que lo que se escuchaba valía muy poquito... Hoy esa técnica no vale, claro está, porque en Spotify se encuentra todo.

Antonio Pérez Villena dijo...

No se puede decir que yo esté muy en 'la actualidad' de lo que se cuece en el mundillo musical, pero es sabido de siempre que estas revistas han estado muy condicionadas a las servidumbres publicitarias de las discográficas. A día de hoy, con la radical transformación de la distribución de la música, no termino de ver claro cual es su papel, me temo que son carne de extinción.

También creo que habrá un instante en que la exaltación del historicismo a los niveles que ya conocemos, llegará a apagarse y todo se pondrá en su sitio. El tiempo es un juez implacable, y se verá que cosas son de muy alto valor y cuales una patata auténtica.

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