jueves, 4 de abril de 2019

Cuando Mutter hizo Beethoven con Masur

En septiembre 1979 una Anne Sophie Mutter de dieciséis añitos de edad grababa junto a Herbert von Karajan un Concierto para violín de Beethoven que sigue siendo uno de los mejores de la discografía, quizá el más bello desde el punto de vista estrictamente formal. ¡Qué timbre tan refulgente, qué trinos, que fraseo más cantable y sensual! En enero de 2008, la violinista alemana volvía a la obra junto a un despistado Seiji Ozawa y ofrecía una interpretación detestable, por momentos repugnante y ridícula, como en su momento intenté explicar desde las páginas de Ritmo al hablar del DVD editado por Medici Arts.


Entremedias Mutter había lanzado otro registro de la obra, el realizado para Deutsche Grammophon junto a Kurt Masur y Filarmónica de Nueva York en 2002. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de escucharlo, y lo he hecho comparándola con la que hizo con Karajan. La experiencia ha resultado ilustrativa. Veintitrés años después su sonido era todavía más hermoso, especialmente en un agudo que es oro puro. Sus trinos, más alucinantes. Los pianísimos ya rozaban la ciencia-ficción. La sensualidad de su fraseo continuaba siendo extrema, como lo era también su concentración. Y las cadencias de Kreisler seguían siendo un prodigio de virtuosismo. Pero algo había cambiado: no solo se perdía un poco de la elevadísima poesía y de la acongojante intensidad de los clímax de la ocasión anterior, sino que aparecían aquí y allá instantes de narcisismo, e incluso de amaneramiento, que sustituían la sinceridad por cierta impostura en ciertos momentos “romanticoide”. La jovencita rebosante de talento y capaz de lo genial había dado paso a la diva en plenitud de facultades que se gustaba demasiado a sí misma.

Tristemente, en las dos Romanzas para violín y orquesta que completan esta grabación queda más claramente en evidencia el giro "a peor" de la Mutter, pues el carácter aparentemente menos filosófico y profundo de estas dos hermosísimas páginas parecen darle más margen para deleitarse en una expresividad que seguramente ella cree más delicada e íntima que a algunos melómanos –al menos, a quien esto suscribe– resulta más bien narcisista, blandengue y hasta cursi. Por descontado que la artista despliega una cantabilidad admirable y que en algunos momentos –el pasaje central más encrespado de la nº 2– ofrece la adecuada convicción, pero el resultado no solo no convence sino que llega a irritar. Los horrores de su grabación del Concierto con Ozawa quedan a la vuelta de la esquina.

La dirección de Masur me ha parecido muy idiomática y de elevado nivel, pero en modo alguno la encuentro tan lograda como la de Karajan en la op. 61. En el primer movimiento los tutti suenan menos musculados y más contundentes; el segundo no está paladeado con la misma lentitud y elevación espiritual, mientras que en el tercero el relativo distanciamiento del de Salzburgo es ahora sustituido por una apreciable vitalidad, por un carácter más sanguíneo, si bien es cierto que el fraseo resulta un punto cuadriculado. En las Romanzas, Masur se limita a hacer sonar con mucho músculo a la orquesta neoyorquina sin aportar nada en especial.

También defrauda en este disco la toma: escuchada en Blu-ray Pure Audio los graves ofrecen un relieve tremendo, pero el sonido resulta un tanto turbio, no sé si a consecuencia de la acústica del Avery Fisher Hall o de una ingeniería –en vivo– no del todo lograda. La grabación con Karajan suena mejor que esta en su reciente trasvase a HD. En definitiva, un disco que solo interesa como testimonio de lo insatisfactoriamente que fue evolucionando una de las más talentosas instrumentistas que se hayan conocido.

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