domingo, 15 de octubre de 2017

Flauta mágica desde el Met, por Levine y Taymor

Soy de los que piensan que James Levine hizo algunas cosas importantes en los setenta –entre otras más bien mediocrespara convertirse en un maestro deplorable en los ochenta y noventa: todo a base de zurriagazo limpio, en la peor línea del inefable Stokowski. Paradójicamente, y a tenor de las últimas cosas que le he escuchado, en estos últimos años de enfermedad –problemas de espalda más párkinson, ahí es nada para un director de orquesta– parece haber mejorado de manera sensible en lo artístico. Ayer sábado le pudimos ver en los cines Yelmo bajando al foso del Metropolitan, terriblemente envejecido y literalmente atado a una silla de ruedas especial, dirigiendo de manera más que satisfactoria un título tan complicado como es La flauta mágica.


La verdad es que en estos tiempos en los que lo históricamente informado consiste en hacer un Mozart y no solo Mozart, que la marea negra llega hasta Beethoven, Schubert y Brahms rápido en los tempi, aéreo en lo sonoro y liviano en la expresión, resulta un placer escuchar una interpretación así, musculada y densa, dicha con lentitud y una apreciable delectación melódica, fraseada sin necesidad de exagerar los contrastes, noble mucho antes que incisiva, llena de calidez humanística... Cierto es que Levine sigue sin ser un gran mozartiano. No podemos ocultar que se echó de menos depuración sonora –texturas un tanto espesas–, que hubo alguna morosidad y que a veces su dirección fue prosaica. Pero también es verdad que este Mozart es muy superior al que hacía con la Filarmónica de Viena para DG hace algunos lustros. Sí, Jimmy parece haber encontrado la inspiración. Y su incuestionable sentido del humor, quizá la importante de sus virtudes empuñando la batuta –dos de sus mayores aciertos fueron Barbero y Falstaff–, le viene de perlas en muchos momentos de Zauberflöte.


El elenco me pareció bastante irregular. Me gustó mucho la Pamina de Golda Schultz, una señorita de gran atractivo físico que posee una voz bien timbrada riquísima en esmalte– y una exquisita línea de canto, bien matizada en las dinámica, atenta al peso de los silencios –perfecta complicidad con la batuta y con difuminados de gran belleza, en la que encontramos toda esa melancolía teñida de amargura que caracteriza lo mejor de la escritura vocal mozartiana. El ingrato rol de Tamino corrió a cargo de Charles Castronovo, al que recuerdo como protagonista de El cartero y Pablo Neruda junto a Domingo: la voz es adecuada para el rol, da las notas y está atento a la vertiente heroica del personaje, pero me resultó más bien distante, poco cálido. Claro que, para frialdad, la de Markus Werba haciendo de Papageno: en escena se desenvuelve bien, pero lo que se escuchaba era más bien desangelado, pobre en cantabilidad, escaso en picardía, paupérrimo en matices.


Kathryn Lewek tuvo problemas en las notas más agudas de "O zitt' re nicht", pero en "Der Hölle Rache" las coloraturas salieron casi perfectas. Lo más importante: acertó a la hora de transmitir la ferocidad y el carácter implacable de la Reina de la Noche, más sin perder la elegancia que Mozart exige. A René Pape lo encontré un tanto gastado en lo vocal, pero su arte sigue intacto y logró hacer un buen Sarastro. Excelente el Monostatos de Greg Fedderly, discreto el Orador de Christian Van Horn, muy bien las tres damas y más bien mediocres los niños. El coro de la casa, solvente sin más.

Se reponía la producción escénica de Julie Taymor. Me ha gustado muchísimo, a pesar del fuerte regusto a déjà vu: el concepto general es muy similar al que utilizó la directora en esa verdadera maravilla teatral –no así musical– que es El rey león, y además hay algunas ideas –la referencia a las esculturas de las islas Cícladas– que ya estaban presentes en su Oedipus Rex de 1993 con Ozawa. En cualquier caso, disfruté muchísimo con la desbordante imaginación de la señora esposa del compositor Elliot Goldenthal, con sus preciosas marionetas e imaginativos figurines, con su hábil resolución de los problemas de un libreto tan deslavazado como el de Schikanede, con su inteligente integración de los recursos del teatro negro y con su acertada concepción de los personajes, muy particularmente en lo que a Monostatos, Sarastro y Papagena se refiere. Los principales, curiosamente, quedan un tanto desdibujados, aunque siempre se agradece que no cayera en la brocha gorda la hora de mostrar las gracietas de Papageno.

Y ahora, permítanme un descanso de unos días. Tengo tal acumulación de trabajo que me resulta imposible atender al blog. Volveré el lunes 23. Hasta entonces.

14 comentarios:

Nemo dijo...

Solo quería apuntar que Levine se parece a Stokowski como un huevo a una castaña.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues a mí me resultan parecidos, la verdad. Dos horteras.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sergio dijo...

Hola. Para los que comenzamos a conocer la música clásica, particularmente la sinfónica, de la mano de Karajan (el mercado discográfico lo dominaba él y la señorita de El Corte Inglés siempre lo recomendaba como lo más de lo más), y de la mano de Walt Disney-Stokowski con la película Fantasía, siempre guardaremos un pedacito de corazón para don Leopoldo y uno más grande para don Heriberto, por supuesto. Ahora bien, después de haber escuchado a lo largo de los años a muchos otros, Stokowski me suena, la verdad, como dice Fernando hortera. Más hortera de bolera aún me resulta Gergiev, que no puedo con él, lo siento. Y Levine me parece mejor director que los anteriores, aunque tampoco me suela entusiasmar. Es mi opinión. Gracias. Saludos.

Sergio dijo...

Perdón, cuando dije que Levine me parece mejor que los anteriores me refería a Stokowski y a Gergiev, no a Karajan, faltaría más. Gracias.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Sí, yo también prefiero a Levine frente a Stokowski y Gergiev. Con mucho. Obvbiamente, Karajan estaba muy por encima de cualquiera de los tres, independientemente de que se comulgue más o menos con sus maneras de hacer.

Unknown dijo...

Fernando, ¿cuál es tu Tamino favorito de la historia fonográfica? La elección es difícil, ya lo sé: Simoneau, Dermota Wunderlich, Gedda, Haefliger, Araiza...

http://estanochebarralibre.blogspot.com.es/2012/04/clasico-revisitados-die-zauberflote.html

Buen finde, Fernando, y "coraggio"!!


Unknown dijo...

Por cierto, maravillosa y emocionante la "Harmoniemusik" de esta ópera, la haya escrito quien la haya escrito: https://open.spotify.com/album/3iSOH4wWapgvoJZYLDtWHz

Unknown dijo...

La Harmoniemusik fue un género cortesano, ideado para acompañar bodas y partidas de caza, que fue olvidado en el Romanticismo, con alguna excepción: https://www.youtube.com/watch?v=5nxcmOrVmVU

Aquí un interesante artículo: http://www.sinfoniavirtual.com/revista/021/harmoniemusik.php

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lamento no conocer lo suficiente la discografía como para decicidirme. También lamento no tener tiempo suficiente para contestar: mi trabajo se ha vuelto de locos. Saludos.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
agustin dijo...

Esta ópera se puede definir como grandiosa, entre otros calificativos elogiosos.
Lo reúne todo: belleza melódica, hondura expresiva, concepción de la música como arte abstracto, etc.
En cuanto a versiones, son excelentes las de BOHM y SOLTI por ejemplo.
Ya que se ha nombrado, reivindico a KARAJAN.
Parece un director discutido pero al público le gusta y el público siempre tiene razón ¿no?
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hobre, no. El público no siempre tiene razón. ¿Sabe usted cuál fue durante lustros la película más taquillera del cine español? No desearás al vecino del quinto. Permaneción en el escalafón hasta que llegó... ¡Torrente!

Dicho esto, a mí me parece que Karajan fue un gran director, y que en Mozart hizo algunas cosas muy considerables. Un saludo.

agustin dijo...

Buenas tardes Fernando:

En efecto, el público no siempre tiene razón.
Mi primera aproximación a la música clásica fué con las sinfonías de Beethoven por Karajan y quedé muy impresionado, especialmente con la 3ª y la 7ª.
A partir de ahí desarrollé la afición a la música, por lo que en cierto modo le debo algo a Karajan.
Evidentemente ha habido directores mucho mejores que él, pero tenía un don especial para comunicar.
Hablando de directores, hay uno actual que me parece muy bueno: Kent Nagano.
Saludos.

Veinte años de Ismael Jordi

Ayer 26 de septiembre pudo por fin ofrecerse en el Teatro Villamarta de Jerez el concierto que iba a tener lugar el pasado abril celebrando ...