jueves, 3 de agosto de 2017

Schippers dirige Prokofiev y Mussorgsky

¿Qué sabía yo de Thomas Schippers? Que además de haber sido amante de Samuel Barber, Gian Carlo Menotti y Leonard Bernstein para luego casarse con una rica heredera y fallecer de manera prematura, ofreció una dirección maravillosa de Lucia di Lammermoor en el registro protagonizado por Beverly Sills. Poco más. Por eso he escuchado con particular interés este SACD editado por Sony en el que el maestro dirige a la Filarmónica de Nueva York –supongo que Lenny le facilitaría el empujoncito hasta su podio– dos obras de repertorio: Alexander Nevsky de Prokofiev y los Cuadros de una exposición de Mussorgsky/Ravel, grabaciones de 1961 y 1965 respectivamente. Ambas parecen confirmar un talento cuanto menos notable.


La cantata del compositor ruso recibe una interpretación entusiasta y comprometida, dicha con la garra teatral que es de esperar en un maestro con amplia experiencia en el foso operístico, a veces arrebatadora –sección central de la batalla en el hielo– y dotada también de un muy destacado sentido del humor en los momentos en los que corresponde. No por ello se encuentra precisamente desatenta a los aspectos opresivos de la página ni a su fundamental vertiente lírica –muy bien recreado el campo de los muertos–, aunque también sea verdad que en determinadas frases –canción de Alexander– se echa de menos ese último punto de elevación poética de la referencial grabación de Abbado. Por lo demás, la claridad es admirable y la tímbrica, incisiva y carnosa al mismo tiempo, resulta la ideal para Prokofiev. La gran pega viene por parte de las serias limitaciones que tenía la Filarmónica de Nueva York por aquella época, por no hablar de las del Westminster Choir. La contralto Lili Chookasian sí realiza una muy buena labor. La grabación, por su parte, es simplemente buena para la época, aunque el SACD multicanal permite obtener un gran relieve en las frecuencias más graves

 
Aunque ello no le impida paladear con delectación el Viejo castillo ni hacer gala de un excelente sentido del humor en los Pollitos –admirablemente desmenuzados, por cierto–, la de los Cuadros es una interpretación que mira mucho antes al mundo de Mussorgsky que al de Ravel, lo que significa que hay poco de sensualidad, de elegancia y de refinamiento, y mucho de carácter bronco, de sonoridades rústicas, ocres y escarpadas, de tensión dramática. Todo ello bien controlado por una batuta ágil y de elevado sentido teatral, pero muy atenta a la claridad y que sabe –ni siquiera en un Mercado de Limoges particularmente bullicioso– no dejarse llevar por la precipitación. A destacar la circunstancia de que en Bydlo, la pieza más alterada –al planificarla como un gigantesco doble regulador– por Maurice Ravel, Schippers parece mirar a la idea del original pianístico antes que a la del compositor francés. La orquesta se comporta aquí mucho mejor que en el Alexander Nevsky que la acompaña, y la toma sonora es también de más calidad.

2 comentarios:

Rafa dijo...

Pues yo sabía que era un verdiano transatlántico de pro... Por cierto, Fernando, ¿cuál de las versiones "modernas" del "Alexander Nevsky" prefieres? ¿Abbado, Dutoit, Chailly, Termirkanov?
Un abrazo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

La de Abbado es sin duda la mejor. El recuerdo que tengo de Dutoit y Chailly es positivo. Más aún la de Reiner, pero está cantada en inglés. La de Temirkanov hay que conocerla porque es una de las pocas que ofrece la banda sonora de la película, no la cantata, que posee menos música y una orquestación diferente, más espectacular. Un cordial saludo.