miércoles, 16 de agosto de 2017

Quinta de Bruckner por Abbado en Lucerna

Empecé escuchando esta Quinta de Bruckner registrada en agosto de 2011 en Lucerna, con soberbia calidad de imagen y gloriosa toma de sonido por los ingenieros de Accentus, con la mejor voluntad posible. Sabía que me iba a encontrar, desde luego, con esas irritantes sonoridades ingrávidas que tanto le gustaban a Claudio Abbado en la última etapa de su carrera, y también con esos grandes contrastes dinámicos, antes espectaculares que llenos de significado expresivo, que pareció heredar de Karajan cuando el italiano llegó al podio de la Filarmónica de Berlín. Pero estaba muy dispuesto a disfrutar de las bellísimas sonoridades que el maestro iba a extraer de la orquesta del festival, de su fraseo lleno de cantabilidad, de su asombrosa capacidad para matizar las dinámicas hasta extremos impensables, de su incuestionable claridad polifónica, de su empaste al mismo tiempo cálido y luminoso en el que la luz mediterránea parece bañar las brumas germánicas. De las muchas virtudes, en definitiva, que aún seguía conservando quien había sido un enorme director sinfónico.


Lo hice, al menos durante un primer movimiento muy bien llevado. Ya en el Adagio empecé a darme cuenta de que la propuesta era superficial, de que apenas se apreciaba la religiosidad agónica y trascendida que caracteriza al compositor, pero me resultaba muy difícil sustraerme a semejante despliege de belleza: terrena antes que espiritual, ciertamente, pero belleza al fin y al cabo. Dejó Abbado de convencerme en un Scherzo carente de tensión y garra dramática, incluso un tanto blando en el trío. Y en el Finale, tan extraordinariamente difícil de plantear para cualquier batuta, la irregularidad de la arquitectura se hizo bien patente y la discontinuidad terminó imperando, dejándome un mal sabor de boca pese a una coda extraordinaria.

Entiéndaseme bien: esta es una interpretación de altura, pero resulta difícil comprender por qué tantos músicos y melómanos se entusiasmaban y siguen entusiasmando ante el Abbado de los últimos tiempos. Y por qué este Blu-ray ganó tan importantes premios.

9 comentarios:

bruckner13 dijo...

¿Y cuál quinta te parece más redonda? Yo me debato entre Celibidache y Wand-Berlín.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola. La verdad es que solo tengo diez grabaciones escuchadas desde que empecé a tomar anotaciones. La de Wand no la conozco. Las puntuaciones que tengo puestas son las siguientes (por orden de audición):

Jochum/Concertgebouw: 9
Solti/Chicago: 10
Barenboim/Chicago 2005 (radio): 8
Klemperer/Viena: 10
Karajan/Berlín: 9
Celibidache 1985: 9
Herreweghe: 6
Barenboim 2010: 10
Abbado 2011: 7

Creo que la primera que escuché en mi vida fue la de Klemperer en EMI, pero hace muchos años que no la pongo. Lamento no poder ayudar más. Tendré muy en cuenta tus recomendaciones de Wand y Celi (en este último supongo que te refieres a la de EMI). Un cordial saludo.

Rafa dijo...

¿Qué te parece Harnoncourt?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

La de Harconcourt no la he escuchado nunca. Sin embargo, esta misma mañana he vuelto a escuchar la de Celibidache de 1993 en EMI, de la que no tenía ninguna anotación. Me ha gustado algo más que la filmación de 1985, le pondría un 9,5 de nota. He tomado las siguientes anotaciones:

"Aunque algo más lenta que su filmación ocho años anterior (87:40 frente a 84:04), el resultado es, siempre dentro del concepto espiritual y reflexivo pero no por ello precisamente resignado ni escaso de tensión interna que caracteriza al Bruckner de Celi, más bien similar. Por eso mismo, lo menos interesante es un primer movimiento dicho con extraordinaria nobleza pero carente de ese espíritu combativo y de esa garra dramática que parece pedir. Lo mejor vuelve a ser un Adagio paladeado al límite y dicho con infinita poesía: la exposición del tema coral resulta sublime e irrepetible. El Scherzo posee fuerza y tensión más que suficientes, si bien el maestro rumano prescinde de sus posibilidades más inquietantes y destila una poesía llena de encanto en sus temas líricos. El Finale es impresionante a pesar de su enorme lentitud –solo superada por Klemperer en EMI–, estando construido con mano verdaderamente maestra –los picos de tensión son abrumadores– ofreciendo una amplitud y una solemnidad grandiosas sin caer nunca en lo retórico."

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

He rebuscado en mi mueble de discos pendientes de escuchar y he encontrado una de Celibidache en Tokio y otra de Von Matacic con la Filarmónica Checa de 1970. Ya puesto, he escuchado esta última (sí, dos Quintas de Bruckner en una sola mañana, por supuesto que sin hacer otra cosa mientras escucho). Ahí van mis anotaciones:

Al frente de una orquesta de maderas con sonoridad peculiar –oboe algo gangoso- y metales no muy allá que deslucen el resultado final, el maestro croata realiza una interpretación más interesada por los aspectos dramáticos de la página que por los espirituales que funciona de manera bastante desigual. Así, tras una introducción sugerente y con acentos de interés, ofrece un primer movimiento que es un constante tira y afloja entre secciones bien paladeadas y otras en las que se deja llevar por el exceso de nervio. El Adagio sí que está irreprochablemente construido, pero aquí la sensualidad y la poesía brillan por su ausencia; que sobresalga algún pasaje escarpado no loga remedia la frialdad de la lectura. El Scherzo está dicho con enorme corrección, siempre dentro de las limitaciones que sufre la orquesta. Lo mejor, sin duda, es un Finale dicho con decisión, energía y gran fuerza expresiva, magníficamente delineado en su compleja polifonía, que solo pierde en unos minutos finales donde el maestro vuelve a caer en el nerviosismo y cierta precipitación. La coda rebosa energía, pero también resulta un punto escandalosa.

¿Nota? Un siete le pondría. Y ahora que alguien me diga qué han visto tantos críticos en la Filarmónica Checa de los sesenta y setenta, porque yo no me lo explico.

Sergio dijo...

Ni yo...

agustin dijo...

Buenos días:
Yo me quedo con KLEMPERER, un director que cuanto más escucho, más me impresiona.
Me llaman la atención los directores que, con orquestas que no son de primera fila aunque sí muy buenas, como Klemperer con la Philharmonia o Szell con Cleveland, consiguen resultados grandiosos y consiguen mejorar esas orquestas.
Eso es lo que tiene gran mérito pues con una Filarmónica de Berlín, por ejemplo, es mucho más facil.
En ese sentido, me han impresionado mucho también las interpretaciones de BAREMBOIM con la Staatskapelle de Berlín, una orquesta que yo no conocía de antes y que Baremboim pone al nivel de la propia Filarmónica de Berlin.
Está claro de hay y ha habido directores de orquesta con un arte, una competencia y una calidad IMPRESIONANTES.

Sergio dijo...

Hombre, Philharmonia y Cleveland eran entonces de primerísima fila. Y creo que aún lo son...

agustin dijo...

Buenos días Sergio:
Gracias por la respuesta.
No es ésa la idea que yo tengo, ya he dicho que eran orquestas muy buenas pero no al nivel de las más grandes, como la LSO, la CSO, la RCO o las Filarmónicas de Berlín o Viena.
Sin embargo, Klemperer con la Philarmonia o la New Philarmonia está fantástico, él y la orquesta casi siempre.
A éso me refería, a que su mérito es mayor, creo yo.
Un cordial saludo.