miércoles, 30 de agosto de 2017

Iberia desde el Cono Sur: Arrau y Barenboim

En el Cono Sur nacieron dos de los más grandes pianistas del siglo XX: Claudio Arrau y Daniel Barenboim. Ambos sintieron la tentación de grabar la Iberia de Isaac Albéniz, pero a la postre solo registraron los dos primeros cuadernos de los cuatro que integran ese enorme monumento. La razón debe de residir en la extraordinaria dificultad digital que presentan los dos últimos, y de hecho el de Buenos Aires ha confesado que si no ha completado el ciclo es porque sus dedos no pueden con Lavapiés. De hecho, no son pocas las grandes figuras del teclado que no han tomado la iniciativa de adentrarse en las terribles dificultades de la partitura. Pero volviendo a nuestros artistas, veamos que hicieron con la primera mitad de la obra.


Arrau registró los dos primeros cuadernos para el sello Columbia entre 1946 y 1947, en grabación monofónica recientemente reprocesada que suena bien en formato HD. Como era de esperar, el chileno mira mucho antes a Francia que a España a la hora de abordar la partitura, careciendo en este sentido de cualquier tipo de sintonía con el folclore y el sabor que la misma demanda. Por otra parte, a sus cuarenta y tres años Arrau no era todavía el genial artista en que se convertiría más tarde, entiéndase que en lo expresivo, no en lo técnico: sin ser el más virtuoso de los pianistas posibles, su destreza a la hora de enfrentarse a las terribles dificultades de la escritura es digna de admiración, al menos en estos dos cuadernos "fáciles" en comparación con los otros.

Así las cosas, los resultados son irregulares. Evocación, en manos de Arrau puro Debussy, es una maravilla. En El puerto hay pasajes desaprovechados y otros –toda la parte final– de elevadísima inspiración poética. Inspiración de la que no hay ni rastro en El Corpus Christi, salvo quizá en la melancólica sección conclusiva. El segundo cuaderno está todo él bien a secas: dicho con encanto, con empuje y con garra, cantando las melodías de manera muy hermosa y ofreciendo detalles aquí y allá de una excelsa categoría, pero sin saber muy bien por dónde tirar. ¡Qué lástima que el maestro no volviera a llegar al disco esta música en las excelsas últimas décadas de su carrera


Barenboim espera más tiempo –cincuenta y siete años frente a los cuarenta y tres de Arrau– a la hora de llevar al disco esta música, haciéndolo en Berlín entre diciembre de 1998 y febrero de 2000. Y acierta en ellos mucho más que su colega. En primer lugar, porque él sí sabe atender a todas las facetas estilísticas de esta música. Como con Arrau, hay aquí mucho de la delicadeza, la sensualidad y el perfume poético de lo francés. Pero el de Buenos Aires añade considerables dosis de sentido racial, de sabor español, quizá éste visto–comparto la apreciación realizada en su día por Pedro González Mira– desde el otro lado del Atlántico, estableciendo así un puente con América Latina igual que lo hacía en barco el puerto de Cádiz al que hace referencia la segunda de las piezas. Y hay también mucho –en su poderosísima sonoridad, en su planteamiento de las tensiones, en sus abrumadores clímax expresivos– de ese pianismo lisztiano con el que claramente entronca la personalidad de Barenboim; ese mismo pianismo al que hizo directa referencia Esteban Sánchez en su magistral recreación discográfica de la obra completa, sobre la que el propio director de la Staatskapelle de Berlín se deshizo en su momento en elogios.

En segundo lugar, ya al margen de estas consideraciones de estilo, el artista porteño hace gala de un impresionante vuelo poético. Su sonido es riquísimo en colores y en acentos. Su fraseo, muy amplio y cantable, respira naturalidad por los cuatro costados, concede un enorme peso a los silencios y a las retenciones de tempo, se mueve con apreciable flexibilidad y está marcado por una enorme concentración (¡increíbles los finales!). Las melodías vuelan lejos. El sentido del ritmo y el sabor popular se dan de la mano con las atmósferas evocadoras y con la hondura reflexiva. Todas y cada una de las frases son un prodigio de inspiración, como también de dominio de los recursos técnicos puestos al servicio de una idea no solo sensible y seductora, sino también atenta a toda esa riqueza expresiva que alberga la partitura. Es dudoso que Barenboim pueda algún día completar su hazaña abordando los dos cuadernos restantes, pero no queremos perder la esperanza.

8 comentarios:

Rafa dijo...

Lamentable el desinterés de las figuras internacionales por el pianismo español (hasta el todo terreno Richter confesaba que sólo le interesaba la "Alborada del Gracioso" (!!)... Por cierto que me pillas escuchando las "Goyescas" de Granados por un tal Luisada.

amd dijo...

Por lo que se refiere a la IBERIA, más vale que ni lo intenten. Van a quedar por las suela de los zapatos de ESTEBAN SANCHEZ

kapsweiss2016 dijo...

A mi una que me gusta muchisimo y es dificil de conseguir hoy en dia, es la de Rafael Orozco. En spotify se puede escuchar Evocacion. A ver si suben el resto. Recomendacion absoluta.

kapsweiss2016 dijo...

Por cierto, en lo que se refiere a Arrau y la musica española, en el libro de Victor Garcia de Gomar "Y tu ¿Que escuchas?" entre las 8 grabaciones que selecciona el artista chileno para una isla desierta estan las Goyescas de Alicia de Larrocha. Muy interesante el libro. Se muestran las selecciones de unos 1000 artistas de hoy en dia o del pasado. Es curioso saber los discos favoritos y las preferencias musicales de Barenboim, Arrau, Kissin, Giulini, Domingo, y muchos mas. Hay muchas sorpresas.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por todas las aoprtaciones. Sobre la versión de Esteban Sánchez acabo de dejar algunas notas:

http://flvargasmachuca.blogspot.com.es/2017/09/la-iberia-de-esteban-sanchez.html

La de Rafael Orozco lamento no conocerla, aunque fue con él con quien escuché la obra por ver primera: Teatro de la Maestranza, 1991. Fue un desastre, pero no por el pianista cordobés, sino por las toses: jamás he presenciado una mayor falta de respeto por parte del público a un artista. Recuerdo que fui a pedirle un autógrafo y estaba que se subía por las paredes. Con toda la razón.

Kapsweiss2016, muy morboso lo del libro que usted cita, del que no tenía noticias. Intentaré conseguirlo.

kapsweiss2016 dijo...

Desde luego hay mucho morbo en algunas elecciones. Harnoncourt escogiendo la edición completa EMI de Celibidache, Herreweghe escogiendo el Mahler de Klemperer. Pierre Hantaï escogiendo el disco de Scarlatti de Horowitz ¡¡al piano!!, Giulini el Rigoletto de Toscanini, Boulez la sinfonía 9 de Schubert por Furtwangler...

El autor ha hecho un trabajo tremendo de recopilación de entrevistas y listas de discos de isla desierta publicadas a lo largo de muchos años en revistas como Diapason, Gramophone, BBC Magazine, Goldberg, Classica, Pianiste... Eso sí el libro no incluye los comentarios de los artistas solo las listas. Está pensado para picar de aquí y allá y curiosear antes que para leerlo de continuo. Al final hay un apendice con las elecciones musicales de artistas plásticos, directores de cine, poetas, etc.

Anónimo dijo...

La de Rafael Orozco está completa en youtube con un sonido muy bueno.
https://www.youtube.com/watch?v=R13GcRQSPxU

Saludos. José.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Kapsweiss, esas recomendaciones resultan realmente chocantes. ¡Herreweghe y el Mahler de Klemperer! Teniendo en cuenta la cursilísima, ridícula cuarta de Mahler del maestro belga, no puedo menos que quedarme pasmado. Boulez y Furt... pues algo parecido, aunque aquí sí que hablamos de dos grandes maestros.

Anónimo, muchas gracias por el enlace.