jueves, 29 de junio de 2017

Kaufmann triunfa como Otello

Como estos días trabajo no por las tardes sino por las mañanas, he podido por fin acudir a los cines UCC de la vecina localidad de El Puerto de Santa María para asistir a una de sus funciones de ópera en directo desde el Covent Garden: Otello de Giuseppe Verdi con debut de Jonas Kaufmann en el rol del moro, Antonio Pappano a la batuta y nueva producción escénica de Keith Warner. Precio más barato que el de las transmisiones del Met (15 euros) y buen surtido de canapés con champán en el intermedio cortesía de la casa. Sala llena y público muy silencioso. Así da gusto, oigan.

No me cuento entre los incondicionales del tenor alemán, porque soy de aquellos a los que las particulares sonoridades que emite del mezzoforte para abajo les resultan desagradables. Pero me ha gustado muchísimo su Otello, sin duda el mejor que he escuchado desde tiempos de Domingo.


Obviamente carece de la bellísima voz del madrileño, también de su línea de canto más claramente latina y, sobre todo, de ese punto de intensísima emoción que Plácido alcanzaba en el “Niun mi tema”. Pero Kaufmann es muy artista y triunfa por completo en el rol más difícil de todo Verdi: lo canta con excelente gusto, plena atención al texto, riqueza de matices expresivos, enorme sinceridad y sin concesión ninguna al efectismo. Nada de sollozos ni de truculencias. Tampoco se recrea en esos brillantes agudos que posee. Ni los escatima. Dicen que en el estreno se reservó, dados los altibajos de su estado vocal en los últimos tiempos, pero ayer miércoles 28 nada hubo de eso. Es además muy buen actor, así que a la postre convenció por completo vocal y escénicamente tanto en la vertiente amorosa del personaje como en aquellos momentos más desquiciados del mismo. Grande.

A Maria Agresta le escuché su Desdémona en Valencia en 2013, en aquella ocasión bajo una lenta y atmosférica dirección de Zubin Mehta. Me sigue gustando muchísimo: voz por completo adecuada, línea de canto sin fisuras –dicen que en el estreno sí hubo problemas–, italianidad al cien por cien y enorme sensibilidad expresiva, concibiendo al personaje con cierta carnalidad digamos que erótica y sin rastro de ñoñería. La esposa de Otello es cariñosa e inocente, pero no una ursulina. En sus dos maravillosas “arias” del último acto estuvo magnífica.


Esperaba mucho peor a Marco Vratogna. Su canto sigue siendo basto, vulgar, y su concepción del personaje bastante grosera, carente de la gran cantidad de pliegues psicológicos que exige Iago (¡cómo olvidar a Fischer-Dieskau!), pero al menos da las notas, las da de manera sonora y es excelente actor. Más que correcto el Cassio de Frédéric Antoun y magnífica la Emilia de Kai Rüütel.

Estupenda la lectura de Pappano, muy distinta de la genial de Barbirolli o de la de Mehta en Valencia, y más bien cercana a la de Sir Georg Solti en el propio Covent Garden (con Domingo: aún hoy versión de referencia) y a la de Carlos Kleiber en La Scala. Es decir, una dirección rápida, incisiva en la tímbrica y en la articulación, tempestuosa a más no poder e impregnada de un poderosísimo sentido teatral; por momentos terrible dramática –a ningún director le he escuchado con semejante desgarro el momento en el que Otello arroja al suelo a Desdémona frente a la embajada veneciana–, pero también maravillosamente paladeada en las escenas más íntimas y dotada de una cantabilidad admirable. También me ha impresionado su trabajo técnico: increíble conseguir mayor claridad con semejante velocidad en los tempi.

El trabajo de Richard Eyre no me ha gustado gran cosa. Respeta a Verdi, a Boito y a Shakespeare –Iago mata a su esposa a final, como en el drama original–, cosa que corriendo los tiempos que corren resulta muy de agradecer. La dirección de actores es buena. Pero no me vale el argumento de que la escenografía es neutra para potenciar el drama humano: la escenografía es fea, y punto. La iluminación oscurísima, incluso cuando no debería serlo, con la excepción de la escena final, en la que ocurre todo lo contrario: la música pide tinieblas y la propuesta nos ofrece un blanco radiante en el lecho de Desdémona, por otro lado de diseño muy contemporáneo a pesar del vestuario de época. Hay también más de una tontería, particularmente la escena en la que el protagonista juega con unos barquitos. Muy sangriento, y por ello mismo chocante, el suicidio del protagonista.

En cualquier caso, las desigualdades de la escena no lograron empañar el enorme nivel musical de este Otello que me hubiera gustado ver en directo: estaré en Londres por esas fechas pero no quedaban entradas, así que ya tengo otros planes para esos días. Y podré ver Turandot en la propia Royal Opera, lo que tampoco está mal.

4 comentarios:

The Wolf dijo...

Todo mundo dice lo mismo de la escenografía: Fea con ganas!! Como si la hubiésen dejado de ultima hora y "como salga".

Era como para que llamen a sus colaboradores de McVicar o de algún otro director, porque la verdad si lo ameritaba la ocasión. Hasta el vestuario, que estuvo genial, opacó a la escena.

Anónimo dijo...

No me gustó nada Kaufmann. Vaya manía de meterse en un terreno que le es completamente ajeno. Además, acusa serios problemas vocales y lo peor es que transmite inseguridad al oyente. Salvo la magistral batuta de Pappano y la deliciosa Desdemona de Agresta, el resto fue para salir huyendo.

Julio César Celedón Orduña dijo...

Que opinión tiene del Otello de Karajan con Del Monaco y el otro con Vickers?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

The Wolf, me temo que estoy muy de acuerdo.

Anónimo, nos enriquecería a todos conocer con mayor detalle sus reparos a Kaufmann. Yo no le vi inseguro en la función de los cines.

Julio César, la versión de Karajan/Del Monaco fue la primera que conocí, hace ahora más de veinticinco años, y desde entonces no la he vuelto a escuchar. Me gustó mucho, pero no sé lo que pensaría ahora. El vídeo con Vickers lo conocí más tarde, pero ahora no recuerdo nada de él. Creo recordar que Freni me gustó mucho y que Glossop estaba regular. Ojalá hubiera tomado notas, pero hace solo once años que empecé a tomar anotaciones de todo lo que escuchaba. La memoria es traidora.

Saludos a todos.