martes, 4 de abril de 2017

El primer Sibelius de Rattle

En diciembre de 1981 un Simon Rattle de veintiséis años se metía en los estudios de Abbey Road para ponerse al frente de la Philarmonia Orchestra y grabar su primer disco dedicado a Jean Sibelius: el flojo poema sinfónico Cabalgada nocturna y amanecer, escrito en 1907, y la mucho más conocida Quinta Sinfonía. Esta última recreación no debe ser confundida con la que grabó poco más tarde con la Orquesta Ciudad de Birmingham, ni menos aún con las dos que tiene filmadas con la Filarmónica de Berlín. La de Birmingham no la conozco: al parecer, el primer movimento de considerablemente más rápido. Las de Berlín sí que las he escuchado, y lo cierto es que esta que ahora comento es bastante parecida.


Y se trata de una muy notable Quinta. Al frente de una orquesta excepcional (¡qué metales!) a la que su batuta modela con pinceles finos, claridad y atención al detalle, Rattle acierta con el lenguaje de la obra aportando el punto justo de equilibrio entre tradición y modernidad, sin resultar en absoluto romántico o hinchado, aunque tampoco particularmente escarpado o electrizante. Su fraseo, además, es natural y posee el carácter nervioso –en el buen sentido– que demanda esta música, mientras que la tímbrica ofrece el punto adecuado de incisividad.

Dicho esto, a mi entender el desarrollo de las tensiones no está del todo conseguido, al menos en un primer movimiento en el que juega tan arriesgadamente con los pianísimos que la continuidad está a punto de venirse abajo –lo mismo le pasará en Berlín–, mientras que en el segundo se echa de menos la efusividad poética que proponen los pentagramas. Lo mejor, un tercer movimiento brillante y con garra pero sin retórica, dicho además con un punto amargo muy adecuado, aunque tampoco posea la grandeza y el carácter visionario que ofrecen los grandes directores de la página, es decir, Barbirolli y Bernstein.

El carácter descriptivo, animado y colorista de Cabalgada nocturna y amanecer le vienen como anillo al dedo al joven Rattle, que sabe ofrecer vivacidad, nervio e incisividad sin asperezas y no desatender los ecos románticos que aún se perciben en la pieza, pero sabiendo asimismo no caer en el mero hedonismo sonoro. Eso sí, se pueden echar de menos la nobleza, la calidez y la cantabilidad de Sir Colin Davis en su registro de 1998, mucho más lento que este (17’01 frente a los 14’28 de Rattle).

La toma sonora está realizada a un volumen bajísimo, lo que permite recoger una muy extensa gama dinámica. Disco recomendable, pues. Quien esto firma lo encontró, con la carcasa destrozada y a precio de saldo, hace ya años en un mercadillo junto a la iglesia de San Sernín de Toulouse.

4 comentarios:

Nemo dijo...

No conozco las interpretaciones de Rattle, ninguna. Supongo que las últimas, en Berlín, deben tener un sonido fantástico.

Mis versiones de la Quinta de Sibelius son: Bernstein (DG), Barbirolli (EMI), Celibidache (DG) y grabación radiofónica con Múnich. Todas fabulosas.

Tenía en mi lista profundizar y reescuchar el Sibelius de Colin Davis, el de Maazel o el de Karajan.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Confieso que la de Celibidache en DG no me ensutiasma. La de la radio no la conozco. Sí me gusta muchísimo la de Ashkenazy. Saludos.

Cristiandelicia dijo...

Estimado Fernando:

Si bien no guarda relación con el Sibelius de Rattle, me gustaría saber tu opinión respecto al último concierto de Kirill Petrenko frente a la Filarmónica de Berlín (así como tu parecer respecto al flamante director titular).

Saludos desde el Cono Sur.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mil perdones por contestar tan tarde, Cristiandelicia. Pensaba ver ese concierto estos días, y así satisfacer su curiosidad y la mía, pero lo cierto es que no me ha sido en absoluto posible. En cualquier caso, espero verlo después de Semana Santa. Un placer recibir noticias desde la mismísima Santiago de Chile. Saludos cordiales.