jueves, 2 de marzo de 2017

Me siento extraño

Más ahora que nunca, después de las últimas polémicas en este blog. Me siento extraño. A veces me gustan... el Bach de Klemperer, el Purcell de Leppard, el Vivaldi de I Musici, el Haendel de Richter... ¡y el Mozart de Furtwaengler! En algunos casos, incluso me entusiasman. Y eso hoy no está nada bien visto.



Ante el goce que mi persona experimenta con semejantes experiencias auditivas, solo caben dos posturas. Una, intentar convencerme a mí mismo de que estos son gustos desviados. De que debo ser como la mayoría. Esa mayoría de melómanos normales (¡qué alegría, sentirse normal y no diferente!) que encuentran semejantes interpretaciones pesadotas, aburrida, fuera de estilo, "de una pobreza espantosa" (así me calificaban en una entrada anterior la obertura de Don Giovanni por Furt) y por completo pasadas de moda. Escuchar las argumentaciones musicológicas perfectamente razonadas que me dan para demostrar que semejantes maneras de abordar esas músicas arrojan una visión históricamente deformada y expresivamente errónea. Darles la razón y reprimirme a mí mismo.


La otra, decir bien alto que a mí me gusta esto. También lo otro, pues en ocasiones –depende de cómo sea la obra y de cómo haya salido la interpretación– disfruto una enormidad con el Bach de Goebel, el Purcell de Haïm, el Vivaldi de Biondi, el Haendel de Christophers y el Mozart de Pinnock. Pero sin avergorzarme de lo que me gusta. Antes al contrario: sentirme orgulloso de, en un contexto en el que escribir cosas semejantes es ser considerado poco menos que un apestado, reivindicar la necesidad de seguir escuchando a estos grandes clásicos. Y la posibilidad de que en ellos a veces encontremos más expresividad, más hondura, más capacidad para decirnos cosas, y por descontado menos fuegos artificiales, que en algunas –o muchas– de las interpretaciones históricamente informadas.

Por desgracia, cada vez somos menos. O quizá es que estamos más ocultos ante la marea HIP que se viene encima ya incluso para imponer –sí, imponer– sus maneras en el repertorio posterior al barroco. Si siguen así las cosas, va a haber que declarar un día del Orgullo de los Instrumentos no Originales.

PD: Christopher Hogwood declaró en una entrevista que su versión favorita de La Pasión según San Mateo era la de Mengelberg. Se ve que el pobre de Chris, aun manteniendo las formas sobre el escenario, en el fondo era un desviado.

19 comentarios:

Sergio dijo...

Pues a mí también me gustan, ¡qué c...!

Anónimo dijo...

No te sientas extraño. La primera vez que te leí sentí que éramos almas gemelas. A ver si tengo tiempo de escribir largo y tendido, que creo que merece la pena.

Pablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Anónimo, me deja usted intrigado.

Pablo, de esto ya hemos hablado en otro lugar. Usted tal vez no, pero yo sí he aprendido mucho, muchísimo de críticas "enteramente subjetivas". Pero no porque ellas "me iluminen y me descubran la verdad", pues a veces puedo coincidir con las valoraciones emitidas y otras no, sino porque me hacen percibir aspectos que había pasado por alto. O poner en duda mis convencimientos. O quizá, por el contrario, reafirmarlos al descubrir que hay personas más exparimentadas que tienen la misma sensación. Porque me hacen pensar, en definitiva.

Y esto no solo en la crítica: también en el análisis digamos científico del arte he encontrado profesores, ya hablé de mi admirado Enrique Valdivieso, que me han despertado la sensibilidad estética como no podía haberlo hecho ningún análisis meramente morfológico, iconológico o sociológico.

¿Implica esto que las aportaciones científicas sean prescindibles o tengan escaso valor? ¡Por supuesto que no! Yo mismo hago análisis puramente morfológicos de las iglesias góticas de mi tierra, y confío en estar haciéndolo con una metodología rigurosa y en que las aportaciones que hago sirvan para plantear nuevas cronologías y encajar determinadas realizaciones en su contexto histórico-artístico correspondiente de una muy manera distinta a la hasta ahora comunmente aceptada. Pero también es posible que un servidor carezca por completo de talento para despertar la sensibilidad estética ante el gótico y el mudéjar ante personas refractarias ante semejantes creaciones artísticas. Ya me gustaría tener ese don. Saludos.

Juan Zaragoza dijo...

¡Hola!

Soy Juan Zaragoza, el “anónimo” de 2 de marzo de 2017, 20:53. Algo salió mal al enviar el mensaje.

Cuando leí tus primeros blogs me quedé muy sorprendido de la cantidad de coincidencias en cuanto a gustos musicales que compartimos. Nunca me había pasado. El impacto fue tan grande que estuve algunos días sin poder dormir. Medio dormido, medio despierto, llegué a pensar un montón de cosas raras, incluso cuestiones paranormales en las cuales no creo para nada.

Desde entonces voy buscando las grabaciones que recomiendas y, en ningún caso me he sentido defraudado; también comparto casi todas las fobias que manifiestas sobre algunos directores e interpretaciones.

Por ejemplo,mantengo una extraña relación amor-odio con respecto a los instrumentos originales e interpretaciones historicistas. En mi caso concreto (aunque no coincidamos al cien por cien) te diré que me encantan Pinnock y Gardiner, quienes (salvo contadas excepciones) me encantan; detesto a Harnoncourt (el que más sinsabores me ha dado) o a Leonhart (al que no le he oído, como director, dar una a derechas).

Tal vez, si algún día nos conocemos en persona, te cuente algunos pormenores de aquellas "locuras" (no te preocupes, están completamente superadas) que pasaron por mi cabeza en aquellos días. Pero mientras tanto, te repito lo que te decía en el anterior menaje: No te sientas extraño. No estás solo.

Un fuerte abrazo.

Juan Zaragoza.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola, Juan.

Realmente curiosa tanta coincicencia, aunque a veces esas cosas ocurren que sin medie ningún fenómeno paranormal (en los que yo tampoco creo en absoluto, dicho sea de paso).

A este respecto, tengo una anécdota muy curiosa. Me han confundido en repetidas ocasiones con Javier Perianes. Aunque él y yo no estamos muy de acuerdo en que nos parecemos, lo cierto es que mucha gente lo ve así. No solo en el físico, sino también en la gestualidad. Y muchísimo, dicen. Hay más: una vez hablé por teléfono con un señor del mundillo musical que no me conocía físicamente y que, al terminar la conversación, me reveló que mi voz le había recordado muchísimo... ¡a la de Perianes! Y eso ya era el colmo claro, porque dicha persona jamás me había visto. Luego ocurre que Javier y yo, en lo personal, en la manera de ser, probablemente nos parecemos muy poco, pero en todos esos rasgos puramente físicos parece que coincidimos. Qué cosas. ¡Y qué rabia nos da que nos lo digan!

Por lo demás, me alegra que compartamos gustos, y será un placer poder hablarlo algún día en persona. Pero sí es cierto que cada vez me encuentro en ese sentido más solo. Lo de Furtwaengler me ha chocado realmente: para mí era de lo más normal, diríase que incluso convencional, afirmar que su Don Giovanni es un monumento, y ahora resulta que no. Es solo un ejemplo entre muchos. Un cordial saludo.

Hans Grande dijo...

Luis Pastor, cantautor extremeño: "La música es el modo de hacer volar las palabras hacia los corazones, tanto los más lejanos como los más cercanos". Sobran otros comentarios. Un saludo,

Juan Ramón Lara dijo...

Por alusiones.

Me siento incluso honrado por tanta atención, pero me temo que están ustedes montándose una falacia del hombre de paja de tamaño industrial. El raro, miren, creo que soy yo: a nadie he oído ni leído criticar ese Furtwängler, sino todo lo contrario, y algún palo me ha caído en ese vídeo de Youtube (con "ad verecundiam", en ese caso). Y ni yo, desde luego, ni, creo, la mayor parte de la crítica tenemos ya el menor inconveniente en escuchar y admirar versiones no HIP (de instrumentos ni hablo: cada vez me importan menos). Sí me interesan, y mucho, los medios interpretativos que se usan para transmitir la música (la riqueza de articulación, el detalle de fraseo y la, digamos, dicción de las notas, maltratados durante el siglo XX, me parecen las grandes recuperaciones de este movimiento), aunque hasta eso estoy dispuesto a obviar si artísticamente se tiene algo que decir.

Con esa obertura por Furtwängler (ya que saqué el ejemplo, que me parece de libro, lo defenderé; la ópera entera, comprenderán, se me quitaron las ganas de oírsela a este mito de la batuta) me temo que nos toparemos otra vez con el problema de la subjetividad. Yo les diré por qué me parece que, por ejemplo, en el primer minuto y medio F. hace menos música que Lola Flores en una sílaba.

Y bien, ¿qué hace F. en ese minuto y medio? Nada. Nada en absoluto. No he oído nada más antimusical que eso. Los dos primeros acordes (obviando que no entran juntos ninguna de las dos veces) son la planicie total, dinámica, de ataque, de articulación. La cosa no mejora luego: se limita a leer el "piano" de la partitura, de nuevo con homogeneidad total de articulación y dinámica, incluidos ultralegatos empalmados y sin matiz; la música es muy buena, y eso salva todo. Por fin, en 1:25, ocurre un evento musical: ¡un acento!

Naturalmente el acento viene en la partitura. Si uno mira la partitura, F. resulta pegarse a ella como el mejor director HIP, pero destruye alguno de los efectos contenidos en ella. Por ejemplo, las síncopas de los violines en los acordes iniciales, sepultadas entre el legato extremo y un tempo (¿Andante? ¿what?) que solo con ese detalle ya se ve que no tiene sentido. Los timbales no se oyen. Y así sigue todo. El sr. F. se ha montado una obra que no es la de Mozart, a la que nada aporta, sino quita, y que es mucho más aburrida (en términos, si me apuran, de mera teoría de la información).

Ustedes, supongo, me responderán con la filosofía, con el mito, con la genial visión global de la obra, o con el corazón... Yo no oigo nada.

Por cierto, esta orquesta es moderna y peor que la de F. ¿Y? No es que sea la leche, pero desde luego mucho más hacen.
https://www.youtube.com/watch?v=CYohHFJDGec

Saludos
JRLara

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hala. Como si no tuviera ya bastante con haber puesto a Barbara Rey con Rocío Dúrcal, ahora va usted y alimenta mi indisimulado frikismo comparándome a Furtwaengler con Lola Flores. ¡Tú lo que quiere es que me coma er tigre!

(Aclaración para los del otro lado del océano: Lola Flores era de aquí, de Jerez, donde la adoramos, y lo del tigre es una de sus canciones más famosas).

Ahora en serio. Esta entrada no iba contra usted, Juan Ramón. Ni por asomo. Iba sobra mí. Tampoco he intentado montar una falacia. Es la verdad: por las cosas que vengo leyendo últimamente, me siento cada día más raro defendiendo lo que yo creía unánimemente reconocido, a saber, el estilo de la "gran tradición" (por llamarlo de algún modo) en la interpretación del repertorio clásico y del primer romanticismo. Y no digamos defendiendo determinadas interpretaciones no historicistas del repertorio barroco como pueden ser la Misa en si menor de Klemperer, el Mesías de Richter o los Brandeburgo de Leppard, que me parecen descomunales, entre muchas otras que creo siguen mereciendo consideración. Incluso reivindico que se puedan seguir haciendo así, como una posibilidad complementaria frente a las "históricamente informadas": el último Mesías de Colin Davis, grabado hace muy pocos años, es quizá el que más me gusta de todos los que conozco, que no son pocos (sí, y el último de Christophers también me gusta muchísimo).

También quería señalar en la entrada que, pese a lo mal visto que está hoy defender estas cosas, posiblemente algunos músicos consagrados del historicismo sean mucho más admiradores del pasado interpretativo que ellos mismos ayudaron a dejar atrás, que algunos melómanos y músicos admiradores de la HIP "más papistas que el Papa". Es el caso de Hogwood cuando defendía el Bach de Mengelberg, o del Harnoncourt que se rendía ante el Mozart de Bernstein en una cita preciosa que reproduje en esta otra entrada (cuyo título espero no le ofenda):

http://flvargasmachuca.blogspot.com.es/2016/08/talibanismo-historicista-y-estilo-mozart.html

Y finalmente quería expresar arriba que, por mucho que me digan que esto no es lo correcto, a mí en interpretación musical me seguirá gustando lo que me gusta. Ya puede escribirme el crítico Fulanito de Tal veinte folios llenos de erudición e inteligencia demostrando las grandes insuficiencias que siempre ha tenido como tenor Plácido Domingo, que a mí el cantante madrileño me seguirá pareciedo formidable. Bueno, a mí y a miles de personas más. Por poner un ejemplo.

Ahora sigo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

(Viene de arriba).
Vengo tela de cansado del trabajo y no es plan de seguir escribiendo, pero algo tengo que decir sobre Furtwaengler. No se asuste por los desajustes: en Furt era lo normal. De hecho, no sabía dirigir una orquesta. Los músicos dicen que ni miraban sus indicaciones, porque todas eran erróneas. ¿Entonces? De Lola Flores se dice que escribió un crítico: "no sabe cantar ni bailar, pero no se la pierdan". Pues eso mismo. El "duende" es algo indefinible, pero existe. Aquí en Jerez, donde amamos el flamenco, lo sabemos muy bien. Y los admiradores de Furt (algunos de los cuales querrían hacer con usted lo mismo que los admiradores de la Bayer conmigo, como ya puede imaginar) también lo saben. Si siempre se le ha conocido como "director filósofo", por algo será. Otro día continúo. En cualquier caso, le agradezco mucho su análisis de la obertura de Don Giovanni por Furt.

Y en cuanto a Currentzis... Tuve la suerte de entrevistarle. Un señor fascinante, pero un poco tocado. Músico intrépido como pocos. Irregular como él solo. Genial y pretencioso al mismo tiempo. Su Réquiem de Mozart me horroriza (y así se lo confesé). Su reciente Concierto para violín de Tchaikovsky me parece espantoso, insufrible. Pero su Iolanta me parece magnífica, soberbio su Shostakovich, y sublime su Indian Queen.

¿Y su Don Giovanni? Tendría que escucharlo entero (está en Spotify), pero supongo que se parecerá muchísimo a lo que hizo su clavecinista Maxim Emelyanychev en el Maestranza frente a la ROSS. Interpretación que me gustó bastante, como escribí aquí mismo:

http://flvargasmachuca.blogspot.com.es/2014/11/don-giovanni-vuelve-al-maestranza-falto.html

Pero si nos liamos a debatir sobre Curentzis, entonces sí que no acabamos nunca. Me voy a la cama, que no puedo más. Gracias a todos por su atención. Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Ahora ya desayunado, con un poco más de concentración, algo sobre la obertura de Don Giovanni por Furt.

Los primeros acordes me resultan tremendos, abrumadores. Pero no es cuestión medamente de volumen sonoro y de densidad sonora, sino de tensión. Tensión sonora que se traduce en tensión anímica: se abren las puertas del infierno, que se eso precisamente se trata. La atmósfera a azufre viene dada tanto por el fraseo legato de la cuerda (nada que ver aquí con las prácticas HIP, claro) como, sobre todo, por la lentitud del tempo adoptado, permitiendo este último desmenuzar con asombrosa claridad las geniales figuraciones de la madera portentosamente diseñadas por Mozart. Entremedias, más estallidos sonoros cargados de potencia dramática. Puro pathos furtwaengleriano, término este indispensable para comprender en qué consiste su arte. La segunda sección está dicha con cantabilidad y vuelo lírico -de nuevo maravillosas las maderas-, pero el músculo del tratamiento orquestal -tremenda la cuerda grave- no nos permite bajar la guardia: lo de dramma va a ponerse por encima de lo giocoso, lo que va a permitir al maestro poner de relieve los aspectos más visionarios de esta obra.

La interpretación de Currentzis me gusta. Me gusta, sobre todo, porque renuncia a ese Mozart todo delicadeza, todo gracia y todo suavidad que practican intérpretes tanto tradicionales como historicistas. Pero los acordes iniciales, para mi gusto, no poseen el peso dramático de los de Furt. Su fraseo anguloso resulta atractivo, pero carece de atmósfera; puede que incluso, para algunos paladares, resulte un punto frívolo. En las figuraciones visionarias de las maderas enriquece el fraseo de la cuerda con gran valentía, aportando interesantísimos claroscuros teatrales y descubre cosas nuevas, aunque no estoy seguro de que el relieve que otorga a la trompeta resulte del todo adecuado. La transición me parece brusca, mal resuelta, y no precisamente fina la ejecución por parte de la cuerda. A partir de ahí, descargas de adrenalina un tanto en la linea de Harnoncourt: brío y carácter festivo a tope, lo que no está mal para contrastar con lo anterior. Sin embargo, los extremos contrastes tanto dinámicos como tímbricos (las asperezas son considerables) me parecen más efectistas que otra cosa, y el encanto que había en la interpretación de Furt se pierde. Como también se pierde la sensación de amenaza por parte de la cuerda grave. En cualquier caso, me parece muy interesante esta obertura por Currentzis, sí señor.

A ver si escribo alguna entrada intentando explicar el arte de Furtwaengler. Saludos.

Miguel Ángel dijo...

No te gastes, amigo Fernando.
Tú sigue siendo como eres; allá ellos con su ignorancia y su petulancia.
Y no olvides que estás predicando en el desierto. Literalmente.
Gracias una vez más.
Miguel Ángel

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bueno, Miguel Ángel, cada uno es libre de tener los gustos que quiera. Al final, somos herederos de lo que hemos mamado durante nuestro periodo de formación. Y yo mamé a los Furtwaengler, Klemperer, Giulini, Barenboim... Pero precisamente por eso no quiero que me llamen borrico y petulante, como aquí me han dicho, por afirmar que no me gusta tal o cual vaca sagrada del historicismo. Saludos.

Carlos Alberto dijo...

Fernando, aquí otro extraño que se une al club. Absoluta reverencia a los gigantes que has mencionado, entre otros, y también disfrute de otros maestros historicistas, por supuesto, sin que una cosa tenga que excluir a la otra. Por cierto, he seguido un poco tarde y totalmente abrumado y sin dar crédito la gigantesca polémica que ha surgido porque te has atrevido a criticar, con vehemencia y energía, es cierto, a una violinista historicista y a quienes la anuncian deslumbrados, ("una de las mas reputadas violinistas de nuestro tiempo", etc.) y la ensalzan como una estrella cuando no es mas que una interprete mas del monton de esas nuevas formas de interpretar que buscan diferenciarse de lo ya hecho exagerando y hasta deformando si es preciso, cuando no escandalizando a quienes tenemos en mente hitos con los que comparar sus logros. Obviamente, quienes no los tienen, porque en el fondo carecen de cultura musical, y de esos hay muchos, no dejaran de aplaudirla, pues algún merito también tiene, claro, y no olvidemos que toca a los grandes maestros del pasado.
Por supuesto, también los habrá -sospecho que son los menos-que amen esas formas interpretativas aun conociendo lo ya dicho por interpretes anteriores. Estan en su derecho y es respetable.
Pero mostrar la bajeza que algunos han mostrado y reaccionar asi, insultando casi. ¡Que barbaridad!
Me solidarizo absolutamente contigo, como tantos de los que han hablado y siguen tu blog, que brilla precisamente por el rigor y la profundidad de los análisis que planteas, aunque no siempre se compartan, que nunca son gratuitos sino bien argumentados, además del contraste de pareceres en las intervenciones de tus invitados, que enriquecen el debate y mueven a reflexionar y a matizar opiniones y pareceres. No hay muchos blogs asi, de música clásica, o yo no los conozco al menos, y espero que este se mantenga largos años.
Es curioso que siendo cuatro gatos los que amamos la gran música, en ocasiones lleguemos a estos extremos. Y si hablamos de opera, entonces es para echarse a llorar. Es peor que el futbol o que aquellas polémicas de conceptistas y culteranistas en nuestro siglo de Oro...
En fin, no me extiendo, saludos, sigue con tus criticas furibundas cuando te venga en gana y a esperar tus reflexiones sobre el bueno de "Furt."

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por el apoyo, Carlos Alberto.

No son muchos los apoyos que he recibido en este blog, aunque también es verdad que fuera de él hay varias personas de diferentes ámbitos que se han solidarizado conmigo, al tiempo que reconocen no querer entrar en la discusión por no querer enfrentarse con estas personas. Así están las cosas.

Yo tampoco doy crédito a la que se ha montado. Imaginaba algún comentario despectivo, pero no tantos y con tanta agresividad. Y aún no sé si ha sido por lo que dije de Amandine Beyer, a la que al parecer adoran, o por lo que afirmé en general sobre alguna gente que nos toma el pelo en la música antigua a base de excentricidades. Quizá los músicos de la Barroca de Sevilla se lo tomaron como un insulto colectivo. Tengo la sensación de que así fue. Todo esto me ha dejado muy triste, y a tenor de lo que he tenido que leer aquí y de lo que he visto en otros lugares de la red (insultos personales firmados por alguna destacada figura de la interpretación HIP en Sevilla), voy a permanecer muchos años sin escuchar a los artistas sevillanos dedicados a este repertorio. Sinceramente, no me resultaría nada agradable. Y ellos ya tienen a mucha gente que hace lo que yo he hecho durante años: aplaudirles. Uno menos en el público no se va a notar.

En cuanto a mi blog, pues hago lo que puedo, y lo hago con pasión. Para lo bueno y para lo malo. No me dedico a esto para sacar dinero ni para codearme con los artistas. A veces me equivoco y a veces a lo mejor puedo descubrirle a la gente nuevas maneras de ver las cosas. Y yo también puedo aprender de los comentarios.

Por desgracia, algunos artistas no han comprendido que todo esto de la música incluye por parte del público (¡y yo soy público!) una buena dosis de pasión, incluso de enfrentamiento a la hora de defender lo que a uno le gusta. También de polémica. Pero ya ves, hay quienes piensan que son intocables. Al menos, intocables por los no-músicos.

Recibe un cordial saludo.

Juan Ramón Lara dijo...

No se preocupe, Sr. López, que no me he dado por atacado por la entrada en modo alguno. Se agradece el contraanálisis de la obertura. Podríamos hablar durante años de elecciones entre belleza de sonido, transparencia, Harnoncourt, Apolo, Eros y mil cosas más, y no acabaríamos nunca, así que, por ir terminando, dos cosas quería comentar solo.

Creo que esos primeros acordes (para el que quiera verlos en el manuscrito de "Don Juan": http://javanese.imslp.info/files/imglnks/usimg/3/39/IMSLP293277-PMLP36804-Mozart_-_Don_Giovanni__Overtura.pdf) son significativos del enfoque de la "gran tradición" vs. los HIP (la mayoría, que no todos) hacia una obra. Al elegir ese tempo, que no es el que pide Mozart en modo alguno, y desactivar esa síncopa (por ese tempo y por el legato) Fürtwangler, entiendo que deliberadamente, toca una cosa que no es lo que Mozart escribió. En lugar de una idea de inestabilidad e inquietud (ya le decía y sabrá que estas cosas estaban listadas por los retóricos en el siglo XVIII sin subjetividad posible: significan algo concreto) elige un acorde largo y homogéneo. A mí me parece una elección artísticamente lícita, porque tiene una intención musical, aunque no sea la del autor. Prefiero esa intención a la inanidad, a los que nada arriesgan por no molestar a Mozart, que son muchos (esto lo digo en serio: prefiero muchas veces versiones con instrumentos no originales), pero hay que tener claro que eso no es Mozart y que la incoherencia entre compositor e intérprete tiene peligro. Viene a pasar algo similar con la Pasión ssM de Mengelberg, etc.

En cuanto a la forma de encarar una crítica volvemos al tema de la otra entrada: la subjetividad. A Vd. esos acordes le huelen a azufre, nota tensión, ve el infierno, oye el pathos furtwängleriano. Yo escucho dos acordes menores en un forte plano y monótono (mirando los arcos y las caras queda clarito, por si las dudas), como de pasar arco en el conservatorio. De lo que viene después poco más tengo que decir; frases planas que no van a ninguna parte, sin variedad articulatoria alguna, como el Finale de mi PC. Como no tengo dudas de que ambos oímos lo mismo y tenemos los suficientes kms. de música encima para que no se nos escape mucho ahí, colijo que las diferencias están más de oído para adentro (y más dentro que la primera circuitería cerebral), o sea, en las sugerencias y asociaciones subjetivas que cada uno hagamos con eso. Yo las hago con otros músicos porque este señor me deja frío por las causas objetivas que he mencionado; oído eso, no me salen. Afortunado usted, pero creo evidente que sobre entre esos mundos interiores pocos vasos comunicantes hay.

Un cordial saludo
Juan Ramón Lara

PS: No sé si soy de "ellos", así que optaré por no darme por aludido con la "petulancia" y la "ignorancia".

PS2: Lo que Mozart escribe en esos acordes, por cierto, para mi sentido común musical, es esto que hace Harnoncourt (ni F., ni Currentzis). Síncopas, y bajos que no hay que prolongar. Lo que nos escribe Mozart + praxis de la época.
https://www.youtube.com/watch?v=puwZzUeUnPk


Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por tomarse tanto tiempo en este debate, Juan Ramón, que creo que ha sido muy provechoso para todos. Por mi parte solo añadir, con respecto a Harnoncourt, que a mi entender ha descubierto cosas enormemente interesantes pero que también, y con frecuencia, de lecciones de verdadera heterodoxia. Ese mismo Don Giovanni, sin ir más lejos, me desconcierta mucho en algunos de los tempi. Pero eso daría para otro debate igual de largo. Reciba un cordial saludo y de nuevo muchas gracias.

Melómano dijo...

Dice el Sr. Lara lo siguiente al referirse al modo de abordar Furtwängler los acordes iniciales de la obertura de Don Juan de Mozart: “A mí me parece una elección artísticamente lícita, porque tiene una intención musical, aunque no sea la del autor.” No tengo más que darle la enhorabuena al Sr. Lara por estas palabras, porque parece darse cuenta al fin y al cabo de la gran contribución de Furt al arte de la interpretación: afirmar explícitamente que en toda interpretación musical hay que tomar decisiones. No es que antes de él no se tomasen decisiones en materia de interpretación musical, está claro que sí, pero Furtwängler lo hace explícito y hace bandera de este aserto, sentando así las bases de la hermenéutica musical en materia de interpretación. Esto no quiere decir que las decisiones se tomen de forma arbitraria, sino que deben estar orientadas a la búsqueda de la esencia de cada obra (“intención musical”), para lo cual se pueden utilizar elementos heurísticos diversos, entre ellos, claro está, el propio análisis musical de las obras.

Los “literalistas” niegan la mayor, y afirman que no hay que tomar decisiones, que lo único que hay que hacer es ejecutar “fielmente” lo que hay en la partitura. Pero parece que no se dan cuenta que al actuar de este modo ya están tomando implícitamente una gran decisión: la que consiste en circunscribir una obra musical a una simple partitura. El movimiento HIP añade nuevos asertos a este planteamiento reduccionista, y nos dice que además hay que tocar en staccato y frasear de forma clara para que las notas surjan rotundas y precisas todas ellas, además de tener que utilizar instrumentos de tal o cual tipo y tocarlos de tal o cual modo, por la circunstancia de que así era como se tocaba en la época en que se compuso tal o cual partitura.

¿Quién tiene razón? Para mi gusto el punto de vista de Furtwängler es el correcto por tres motivos: (1) reducir una obra a una simple y fría partitura va contra las intuiciones más elementales que todos poseemos acerca del hecho musical y compositivo, (2) una partitura es un código musical sumamente impreciso que expresa variaciones relativas, nunca absolutas, y cuya ejecución práctica está sujeta inevitablemente a la subjetividad por la propia naturaleza de sus signos de expresión, y (3) la búsqueda de “la esencia” de las obras es la única condición de posibilidad que existe para poder diferenciar al artista del simple músico profesional. En definitiva, si una obra es una simple colección de notas que se pueden ejecutar de forma precisa y sistemática porque sus reglas interpretativas están fijadas de forma inequívoca, entonces, ¿para qué queremos a los intérpretes? ¿no podríamos sustituirlos por simples robots, que entonces sí que alcanzarían la precisión interpretativa absoluta?

A partir de lo anterior, se podría afirmar que todas las interpretaciones de una obra musical son legítimas siempre que no la deformen hasta tal punto que las hagan “irreconocibles”. Pero siendo legítimas, sin embargo no todas las interpretaciones son igual de importantes. Para decidir sobre la importancia de una determinada interpretación hay que fijar necesariamente un criterio con el que medir, y esto ya es una cuestión de gustos. Para los literalistas y el movimiento HIP el factor clave es ser “fiel” a la partitura y las prácticas de época, mientras que para Furtwängler el factor clave es descubrir la esencia de las obras.

Al final es el consenso crítico el que dictamina la mayor o menor bondad de un planteamiento interpretativo, y el de Furtwängler ha resistido bien el paso del tiempo y sigue llegando al corazón y al alma de las nuevas generaciones de melómanos, por lo que podemos decir que algo de “verdad” debe de contener. ¿Quizás Furtwängler es el que mejor ha desentrañado la “esencia” del Don Juan de Mozart? Podría ser.

Saludos cordiales.

PD. Fernando, no se sienta Ud. extraño, y sobre todo, que el debate a veces encendido no le confunda y lleve a decir cosas como que Furtwängler “no sabía dirigir a una orquesta” :-( Ánimo y hacia adelante!

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por sus lúcidas reflexiones, Melómano. Las suscribo plenamente. Cordiales saludos.