miércoles, 1 de febrero de 2017

La Novena de Böhm

Novena de Beethoven, se entiende. Me anima un lector a publicar una discografía comparada de la obra. Tengo treinta y siete interpretaciones comentadas en mi bloc de notas, pero si saco esos apuntes alguien saldrá enseguida, seguramente con razón, mencionando algún disco cuya omisión resulta imperdonable, así que prefiero esperar a tener unas cuantas más. Ahora bien, hoy he vuelto a escuchar una interpretación, la primera que tuve en compacto, que me sigue pareciendo una de las más imprescindibles: la de Karl Böhm y la Filarmónica de Viena registrada por los micrófonos de DG en la Musikverein vienesa en noviembre de 1980. Y no me resisto a decir algo.


En la cumbre de su inspiración y a tan solo nueve meses de su fallecimiento, el de Graz nos ofrece una interpretación muy “de anciano director”, esto es, esencial, desmaterializada y de una fortísima carga espiritual; muy lenta en los tempi, fraseada con naturalidad, flexibilidad y delectación melódica; poco interesada por los grandes contrastes teatrales y por las descargas de electricidad, pero no por ello serena o laxa, ni menos aún beatífica. Antes al contrario, la espiritualidad que el maestro propone está cargada de inquietud, de incertidumbre, de interrogantes a los que no son precisamente ajenos unos silencios que adquieren aquí un enorme peso dramático, ni los tremendos calderones con los que se atreve.

En este sentido, podría decirse que es la suya una versión gótica, atmosférica y reflexiva, lo que le emparentaría con el Furtwängler tardío si no fuera porque la manera de materializar dicha idea, carente por completo de los arrebatos temperamentales de Furt, resulta por completo distinta. Tampoco tiene nada que ver con la teatralidad y la inmediatez de un Solti, y desde luego se encuentra en el polo opuesto a la épica marcial de un Karajan. Quizá se podría pensar en la sobriedad y el distanciamiento de un Klemperer, pero a diferencia del de Brelau, Böhm sí que está dispuesto a cantar (¡y de qué manera!) las melodías del tercer movimiento y a recrearse, aun manteniendo siempre las distancias, en la belleza puramente sonora de las notas, dichas por una Filarmónica de Viena que él hace sonar más marmórea que nunca.

El Himno a la Alegría, por descontado, es misticismo puro –la marcha nunca ha sonado menos militar–, alcanzando sus momentos de inspiración más sublime en los pasajes en los que se interroga al cielo con la vana esperanza de encontrar respuesta. Walter Berry, Plácido Domingo, Jessye Norman y Brigitte Fassbaender –esta última algo más lírica de la cuenta– forman uno de los mejores cuartetos que se hayan escuchado en discos. Y estupendo el Wiener Staatsoperchor, redondeando así una interpretación no diré que ideal para acercarse por primera vez a la partitura, pero sí rebosante de genialidad. Que la toma sonora, fidelísima en lo tímbrico, resulte un punto fría, no resta valor alguno a esta joya.

PD. Aquí va algo más sobre las posibilidades interpretivas de la Novena.

7 comentarios:

Nemo dijo...

La tengo desde hace muchísimos años y coincido con todo lo apuntado por Fernando.
Es una de las grandes Novenas de la discografía de todos los tiempos.
La de Böhm para su ciclo en DG era también muy buena, excelente, pero esta grabación tardía consigue ir un poco más allá.
En efecto, está presente la genialidad, cargada además de personalidad y calidad.

Bruno dijo...

Si lo dice por lo de los pianistas húngaros, lo retiro.
Pero le recomiendo a Ranki. Está en youtube. Se puede hacer una idea.

Sergio dijo...

La compré en vinilo cuando salió y la tengo por una joya de la discografía, imprescindible.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por todos los comentarios.

Bruno, no se preocupe: cada vez que hago una discografía, alguien me recuerda las omisiones. Hacen todos ustedes bien, porque uno no puede estar en todo, aunque posiblemente sobrestiman mi tiempo libre.

Un cordial saludo.

Adrián Deschamps dijo...

Hace relativamente poco que comencé a explorar las diversas versiones de esta sinfonía. Como no podía contar con recomendaciones particulares indagué en foros españoles, estadounidenses y canadienses. Y de a poco, y gracias a la increíble facilidad para comprar por internet (y con un poco de paciencia, que la teletransportación de discos aún cuenta con impedimentos cuánticos —¡benditos 24/96 Flacs!—).

Así, di con notables versiones y otras en que solo podía pensar "no entiendo tanta prisa blanda".

Finalmente, por fin una persona de carne y hueso me recomendó dos: una de Gunter Wand y otra de Karl Bohm, aclarándome cuál versión de cada uno. A diferencia de otras versiones que estaban prácticamente regaladas, estas no lo estaban, por lo que se comprende perfectamente que no sea factible contar con todas las versiones "referenciales", al menos si se las quiere oír en la mejor calidad de audio posible.

Comencé con la primera aludida, que venía en una caja con todo el ciclo de sinfonías, y tan positiva fue mi impresión de esa novena, que literalmente me pasé semanas explorando esa caja y no me aboqué a oír la de Bohm (solo una fugaz audición al primer movimiento; se me hizo demasiado lento y lo dejé).

Luego de un tiempo, volví a la versión que compete a este artículo. Y donde antes, por las prisas y el alto listón dejado por la versión de Wand, me pareció percibir blandura en los tiempos tan lentos, ahora sentía estar ante una versión casi agónica, pero increíblemente reflexiva, como si el autor quisiese deconstruir la obra y volverla montar para dejar con ello un testamento musical. Es una versión hermosa pero que debe escucharse con detenimiento, porque su elevada inspiración no apabulla, sino que envuelve. Para cuando llegué al cuarto movimiento, en la "Ode an die Freude" (la menos ortodoxa que habré oído, pero genial —de genio no de "cool"—) me invadió el cuerpo una electricidad o rubor como hacía mucho tiempo no me hacía sentir la música. Uno solo puede fantasear con qué pensaría el maestro de esta versión, seguramente tan diferente a como él la concibió.

Se agradece la revisión, Fernando y disculpa la "sobre-expresividad".

agustin dijo...

Karl Böhm es uno de los mejores directores de la historia.
Respecto a las sinfonías de Beethoven, pienso que están sobrevaloradas y escucho con mucho mayor interés a otros autores como Mozart, Haydn, Schumann o Tchaikovsky.
Eso sí, la Tercera de Beethoven es genial.

Anónimo dijo...

Hola
ayer adquirí en una bicoca el doble de Beethoven/Bohm con la 3ra y 9na y acabo de escuchar por 1ra vez la novena por este director, y en este momento recuerdo que a lo largo de años la he visto en ediciones full price y siempre tuve el prejuicio de que "se ha de tratar de un bodrio sin sangre propio de un geronte, tempis de una tonelada, etc" y hoy debo decir que no hay nada de esto! me ha parecido de las mejores interpretaciones de la discografía existente que es muy amplia por cierto. la calidad de la grabacion es excelente y transmite muy bien el sonido delicioso de la de Viena. y el abuelo Bohm cierra el ultimo movimiento con una aceleración considerable bien lograda a diferencia del polemico italiano de Parma que en una de sus primeras grabaciones la dirige como una tarantela a ´78 revoluciones y en los últimos segundos donde para ser al menos coherente no debería sacar el pie del acelerador lo hace...dejando un aborto a la posteridad.
Te mando un Cordial Saludo

Julián