jueves, 28 de julio de 2016

Sinfonías de Mozart por Klemperer, en SACD

Para quitarme el mal sabor de boca dejado por el raquítico y anodino Così fan tutte de Sylvain Cambreling, nada mejor que haber escuchado el triple SACD que, sobre nuevas y lustrosas remasterizaciones realizadas para la ocasión, editó EMI en 2012 conteniendo las seis últimas geniales sinfonías del salzburgués en interpretaciones registradas por Otto Klemperer al frente de su Philharmonia Orchestra, entre los estudios de Abbey Road y el Kingsway Hall londinense, para el referido sello. Interpretaciones en la línea que era de esperar, aunque haya alguna sorpresa.


Esta llega, sobre todo, con la Sinfonía nº 36. Tenemos que tener en cuenta que a finales de los años cincuenta el ya anciano maestro experimentó un rápido proceso de radicalización en sus maneras de enfrentarse la música que iba a suponer, entre otras cosas, una notable ralentización de los tempi, una sonoridad más granítica y un severo distanciamiento expresivo, amén de una una genialidad tan discutible como personal que convertirá sus interpretaciones en punto y aparte. Por eso mismo hay que fijarse bien en la fecha de esta Linz, julio de 1956, para comprender por qué no se terminan de reconocer aquí las señas de identidad del de Breslau y, por ende, su lectura resulta más ortodoxa de lo esperado. En cualquier caso, no se puede dejar de admirar la increíble tensión, electricidad y empuje –con tempi más bien premiosos, bordeando el nerviosismo en el caso del Allegro spiritoso inicial– con que aborda los dos movimientos extremos, o la increíble tarea de disección de líneas melódicas y planos sonoros que realiza en toda la partitura; por no hablar de cómo conjuga la sonoridad al mismo tiempo rotunda e incisiva de la orquesta (¡sensacionales sus maderas, como siempre!) con una agilidad que ni con formaciones mucho menos nutridas es fácil de superar. Eso sí, el vuelo lírico, la sensualidad y el carácter risueño podrían recibir mayor atención: ya se sabe que esos elementos, ni antes ni después, fueron muy del interés de Klemperer.

A 1960 corresponde la Sinfonía nº 35, "linz". De nuevo, e independientemente de la perfección en la ejecución y de la severidad generalizada, no es tan fácil reconocer a Klemperer en esta interpretación como otras veces, salvo quizá en un poderoso minueto. El movimiento inicial, ágil y vibrante, está delineado con claridad suprema y tensión de extraordinaria firmeza. Cálido, concentrado y muy bien cantado pese a su relativa sobriedad el segundo, desde luego más denso –aunque en absoluto pesado– de lo que es habitual, y nada interesado por la coquetería. Tampoco ésta, ni la chispa ni la picardía que perfectamente podrían tener protagonismo en más de un momento, hacen su aparición en el cuarto, marcado por el empuje, la fuerza dramática y el carácter granítico de la construcción.

Del mismo año es la obertura de El rapto en el serrallo: en absoluto fresca o chispeante, sino lenta, granítica y poderosa interpretación, ofreciendo Klemperer su habitual sentido del humor sarcástico e incisivo al que no resulta ajena la sonoridad de las maderas de su orquesta. La claridad es asombrosa: se escuchan líneas que generalmente pasan desapercibidas.

El resto de las lecturas se grabaron ya en 1962. Histórica la Sinfonía nº 38, "Praga": esta interpretación es un verdadero milagro, porque por una vez el de Breslau decide bajar la guardia y, junto a su asombrosa capacidad para levantar impresionantes monumentos de granito milimétricamente planificados en su arquitectura, con las líneas de la polifonía perfectamente delineadas y una abrumadora fuerza dramática, decide esta vez abrir la puerta a la calidez humanística, a la sensualidad e incluso al encanto, sustituyendo la habitual adustez klemperiana por una buena dosis de luminosidad digamos que mediterránea que enriquece un primer movimiento poderoso a más no poder, otorga una emotividad admirable al Andante –llevado con atención al tempo marcado, sin lentitudes ni fraseos otoñales– y permite al Finale brillar con efervescencia sin perder una pizca de la esperada rotundidad.

La Sinfonía nº 39 ya la comenté en una discografía comparada. La he vuelto a escuchar y no tengo nada que añadir a lo entonces dicho, así que al referido texto me remito. Bueno, debo añadir una importante puntualización: aunque la carpetilla de esta edición afirme que este registro se remonta a 1956, fecha en la que Klemperer y su orquesta ya grabaron la obra, en realidad el que se ofrece es el de 1962.


La sinfonía nº 40 también la grabó por duplicado, en esos mismos dos años. La de 1956 la comenté en la correspondiente discografía comparada, a la que me remito. El primer movimiento, ahora más lento, es el menos extraordinario: necesita algo más de vehemencia e inmediatez. El segundo vuelve a impresionar por su carácter dramático y amargo. El tercero quizá sea ahora aún más rotundo, y el cuarto todavía más poderoso y enérgico, aunque esta impresión puede deberse a que la edición en SACD libera de manera considerable las frecuencias graves y realza la musculatura de la portentosa orquesta británica.

La Sinfonía nº 41, Júpiter, recibe finalmente una lectura densa pero no pesada, ejecutada con enorme precisión y clarificada el con rigor carteriano esperable en Klemperer, quien aporta su particular sonoridad granítica y su desinterés por los aspectos más livianos de la música, aunque no por ello deje de cantar admirablemente el segundo movimiento. Con todo, este no es muy punzante, ni el en cualquier caso espléndido Allegro vivace inicial tiene todo el gancho posible; por el contrario, el cuarto es un verdadero milagro de fuerza, de empuje controlado, de claridad polifónica y de potencia expresiva. La audición en SACD me ha supuesto un verdadero disfrute.

11 comentarios:

Nemo dijo...

Las tengo y me parecen fantásticas.

No conocía la duplicidad de grabaciones en alguna de ellas.

Los testimonios discográficos de Klemperer en los años 50 con buenas orquestas no son demasiado abundantes, y casi todos muestran al director que conocemos. En general, no estoy muy de acuerdo con esa idea de una transformación de Klemperer en los 50. No digo que no se produjera, sino que no hay evidencia suficiente para afirmarlo. El gran cambio que se produce en los 50 es la toma de posesión de la orquesta Philharmonia, una de las mejores entonces, y el comienzo de las grabaciones sistemáticas en estudio con buena producción. Eso sí, Klemperer, dentro de su estilo, evolucionó hasta el último momento.

Tengo las sinfonías de Mozart por Krips, las seis últimas por Casals, las tres últimas en la grabación tardía (que me encanta) de Harnoncourt, y otras versiones sueltas. Klemperer siempre me ha gustado especialmente por esa claridad y peso y dimensión que le da a la música. Lo consigue con Mozart y Haydn.

Jorge Luis Argüero dijo...

Hola Fernando :

Tengo estas Sinfonías, en la versión de
Karl Böhm y la Berliner Philharmoniker.-

Sin exageraciones puedo decir que me gustan,
pero no mucho; claro que yo no tengo un buen oído,
para la apreciación musical.-

Volviendo a las "sinfo", las siento un poco "light"
es decir, algo así como livianas, no sé en realidad...

La carátula del "box-set" Deutsche Grammophon dice:
Original-Image Bit-Processing

Estoy conforme con ellas, pero... (siempre hay un pero)

Desde Buenos Aires te envío un saludo cordial
y siempre muchas gracias, por tus muy docentes reseñas.-

Atte.-

Nemo dijo...

Tengo algunas de Böhm con la Berliner, de las que me había olvidado por completo porque hace una eternidad que no las escucho. Nunca me gustaron. Me parecen "pesadas". Bien tocadas, por supuesto, pero demasiado musculosas y masivas. Böhm, que siempre fue un excelente director, en el tramo final de su carrera dio un salto hacia arriba. Me refiero a los años 70. En general hay muchas grabaciones con la Filarmónica de Viena, aunque también con otras orquestas.

Siempre lamenté que Böhm no grabara en esa época más cosas de Strauss o Wagner, y sistemáticamente cosas de Mozart, etc. que había grabado antes, y muy bien, pero que podían haber ganado una revisión. Un Así habló Zarathustra, por ejemplo, o una Sinfonía Alpina, etc. He esperado que editaran con buen sonido conciertos suyos con estos contenidos en esta última época, pero la verdad es que no ha salido gran cosa.

Jorge Luis Argüero dijo...

Hola Nemo..!!

Mira los hombres; a ti te parecen "pesadas"...
a mí, "livianas"...

Y ya que estoy en esta huella, dime Nemo por favor:
¿qué versiones de las últimas Sinfonías de Mozart, me aconsejas..??

Sin obligación de tu parte, obviamente.-

Muchas gracias y te dejo un saludo cordial.-

pd : entre la Berliner Philharmoniker
y la Wiener Philharmoniker; prefiero esta última...
"me suena" más dulce o algo así.-

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por vuestras aportaciones, Jorge Luis y Nemo.

A mí lás sinfonías de Mozart por Böhm y la Filarmónica de Berlín me gustan bastante, pero me parecen un tanto masivas. Pesadotas, si se quiere decir así. Coincido en que en lo últimos siete u ocho años de su carrera el maestro experimentó un importante giro en su carrera en el que su grado de inspiración subió de manera considerable. Y su Mozart, en general, se hizo menos rígido y más elegante, algo con lo que tuvo mucho que ver la sonoridad de la Filarmónica de Viena.

Es muy posible, Jorge Luis, que cuando usted dice "livianas" quiere decir que las encuentra falta de esos contrastes, esa incisividad y ese punto de sal y pimienta que otros directores consiguen en este repertorio. Probablemente con lo de "livianas" no quiere decir "carácter aéreo", algo que sí se puede aplicar, por ejemplo, al Mozart de un Marriner o un Hogwood, por citar dos líneas diferentes entre sí.

No deje de dar sus recomendaciones, Nemo. Un saludo a los dos.

Nemo dijo...

Hola Fernando y Jorge:

Hay muchísimas versiones de sinfonías de Mozart. Entre los directores de más edad, son magníficos los ciclos de Walter, Klemperer, Casals, Krips o Szell... por citar solo algunas. Es una visión más romántica, en el sentido de estar muy condicionadas por la gran orquesta romántica. En esta misma linea Böhm tiene tres sinfonías con la Filarmónica de Viena: 28, 38 y 39. Hay más grabaciones de este corte, y más modernas, como versiones sueltas de Bernstein, Giulini, Barenboim, y lo que se quiera, pero dentro de esta línea me quedo con los "viejos" maestros citados.

Después hay versiones con orquestas más pequeñas, camerísticas o adaptadas a la música del XVIII, lo que necesariamente afecta al tempo y la articulación. Las hay con instrumentos originales o no. Hay mucho también que citar, desde Marriner, Tate, etc. con un enfoque más clásico, a otras versiones que buscan sacar cosas nuevas. Pero dentro de todo yo citaría la última grabación de las tres últimas sinfonías de Harnoncourt (muy incisivas) y la siempre humanista visión de Sandor Végh para la 40 y 41.

Jorge Luis Argüero dijo...


Don Fernando : es así exactamente el significado que quise darle
al término "livianas", les falta algo de sal y bastante pimienta..!!

Bien ahora, esperemos los consejos (sin obligación) de Don Nemo;
será un gusto para mí, leerlos y -lo más importante- seguirlos.-

Muchas gracias para los dos. Atte.-

Jorge Luis Argüero dijo...

Hola Nemo :

El Mtro. Nikolaus Harnoncourt -lamentablemente- se fue este año;
entonces en su Homenaje, "veré" sus versiones de las Sinfonías.-

Muchísimas gracias por tu dedicado y delicado tiempo, a mi solicitud.-

También muchas gracias a Fernando, puente virtual de magníficas
consecuencias.-

Saludo Cordial. Atte.-

Nemo dijo...

Quisiera añadir que la separación que he apuntado arriba no es total. Szell, por ejemplo, adelanta, para una orquesta romántica de instrumentos modernos, detalles de tempo y articulación que después se vieron en orquestas camerísticas, más adaptadas a las particularidades de esta música. Desde los años 60, precisamente con Harnoncourt, esa adaptación "históricamente informada" se empujó más aún, con la incorporación de instrumentos originales (los que había en la época de las composiciones), con lo que la adaptación interpretativa se acentuó más.

Hoy hay, en discos, de todo, y mezclado. Se puede hacer una ordenación cronológica, pero incluso así, en una determinada época aparecen ya, al menos desde los 60, una superposición de enfoques. Orquestas románticas y enfoque romántico, orquestas románticas y enfoque más clásico (apolíneo), orquestas camerísticas con cambios en tempo y articulación, orquestas camerísticas de instrumentos originales, más radicales, etc. Pero ese acervo acumulado ha permitido que hoy directores que usan orquestas románticas normalmente interpreten esta música con un enfoque personalizado, y traten de combinar todo y encontrar la cuadratura del círculo, o directores de orquestas de instrumentos originales haciendo de las suyas con orquestas románticas de instrumentos modernos.

A mi me gustan las versiones con orquesta romántica, con enfoques románticos muchas de ellas, pero no todas (Klemperer, Szell), pero también las clásicas de orquesta camerística (Tate, Marriner, etc.), y las más radicales, incisivas y teatrales por lo general (Harnoncourt es un buen ejemplo). Hay mucha variedad de enfoques y medios y habría que valorar las versiones catalogándolas antes un poco.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Excelente síntesis, Nemo. Muchas gracias.

Añadiría que resulta preocupante que algunos (o muchos )aficionados clasifiquen el Mozart de los diferentes directores únicamente por la velocidad de los tempi o por lo nutrido de la orquesta, sin tener en cuenta la cuestión expresiva. Por ejemplo, en los sesenta Barenboim apostó por orquesta de cámara, articulación menos pesada que la de muchos directores "tradicionales" y tempi también bastante menos lentos, mientras que Marriner, aunque aligerando más las texturas, empezó a hacer lo mismo muy pocos años más tardes. Sin embargo, el Mozart de uno y el del otro no pueden ser más antitéticos en lo expresivo.

Tampoco se deberían confundir los Mozart de Kubelik y Klemperer, de nuevo dos polos opuestos por mucho que a algunos les parezca que pertenecen a la misma tradición. Ni el de un Gardiner y un Herreweghe, por ejemplo: precisamente de esto último escribo en la próxima entrada, que espero publicar mañana. Un saludo.

Nemo dijo...

Estimado Fernando:

Tienes, por supuesto, razón. Pero quizás tendemos a ordenar de lo general a lo particular, y separar lo objetivo de lo que puede ser más subjetivo y por tanto difícil de catalogar y comunicar.

En efecto, Bruno Walter y George Szell son mundos expresivos totalmente separados, como Barenboim (con orquesta de cámara) frente a Marriner.

En este sentido, puede haber más puntos en común entre Barenboim y Walter y entre Szell y Marriner que entre Walter y Szell por un lado y Marriner y Barenboim por otro, independientemente del tamaño de las orquestas y de la época de las grabaciones.

Pero quizás sea necesario superponer las dos ideas, la expresiva y la contextual (vamos a llamarla así) para valorar, por ejemplo, la aportación de Szell, que se adelanta en muchos aspectos a enfoques que se popularizarían después, con otros instrumentos; o la aportación de Barenboim, que preserva el enfoque tradicional que destaca la hondura humanística de esta música con un instrumento más pequeño y ágil, menos capaz de grandes contrastes.