miércoles, 6 de abril de 2016

Queyras y los conciertos de Haydn

Vuelvo a escuchar, después de muchos años, la grabación de los dos conciertos para violonchelo de Joseph Haydn, más el único de Georg Matthias Monn, que en marzo de 2003 realizó Jean-Guihen Queyras para Harmonia Mundi junto a la soberbia Orquesta Barroca de Friburgo y su concertino-directora Petra Müllejans, bien apoyados todos por una soberbia ingeniería a cargo de los estudios Teldex. Me sigue pareciendo lo mismo que antes: disco obligatorio para los radicales de la interpretación con instrumentos originales, prohibido para los que las detestan y bastante recomendable, aun con reparos, para el resto de los melómanos.


Y es que nos encontramos ante interpretaciones radicalmente historicistas, no en los tempi –nada de echarse a correr aquí en pos de una presunta fidelidad a las prácticas de la época–, pero sí en la articulación, ágil e incisiva, con predominio del staccato y escasas vibraciones, lo que puede llegar a molestar a algunas sensibilidades en el caso de un solista que toca casi todo el tiempo con sonidos fijos. A mí, desde luego, no me irrita lo más mínimo.

Por lo demás, las dos partituras de Haydn reciben lecturas de apreciable claridad, muy animadas, dotadas de sentido teatral y que aciertan en la rusticidad propia del autor, particularmente en los movimientos conclusivos de ambas páginas, en los que brilla con luz propia la enorme agilidad del solista frente a una dirección llena de efervescencia. En contrapartida, resultan poco o nada cálidas, parcas en poesía escasamente interesadas en el contenido humanista que albergan los dos adagios: imposible aquí olvidarse de Rostropovich y, sobre todo, de Du Pré, por muy discutibles que resulten sus abundandísimas vibraciones.


La obra de Monn, al situarse en la transición del barroco al clasicismo, resulta ideal para las maneras de hacer de Queyras y Müllejans: mientras escribo estas líneas escucho a Du Pré con Barbirolli y aquí esos dos enormes artistas, pese a su maravillosa cantabilidad, sí que quedan claramente fuera de estilo. La presente interpretación resulta espléndida a la hora de mirar tanto hacia el pasado como hacia el futuro, está dicha con irreprochable gusto y cuenta además con el concurso del fantástico clavecín de Torsten Johann.


1 comentario:

dr. ramsés dijo...

Es el primer disco que escuché de esta orquesta, para mí entonces desconocida por completo y aún recuerdo mi impresión, un par de movimientos me conmovieron. Es un registro espectacular que no envejece, por lo menos en mi discoteca)