sábado, 7 de noviembre de 2015

Lo último de Nelsons en Berlín: Shostakovich y Strauss

Me encuentro en una situación tal de estrés que en la última entrada prometí no volver a escribir en este blog hasta que le llegara el turno a la próxima actuación de Andris Nelsons en Madrid, que tendrá lugar la semana que viene dentro del ciclo de Ibermúsica. Sin embargo, no me resisto a decir algo sobre el concierto que el maestro ofreció frente a la Filarmónica de Berlín (hay que insistir: ¡menuda oportunidad perdida no haberle nombrado titular!) hace tan solo unos días, el pasado 30 de octubre, que acaba de colgar en la red la Digital Concert Hall de la formación alemana. Concierto para violín nº 1 de Shostakovich y Sinfonía Alpina de Strauss en los atriles, contando en la primera de las partituras con la participación de unas de las violinistas favoritas de Nelsons, Baiba Skride.

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La interpretación de la obra de Shostakovich se sitúa muy cerca de la cima de una discografía amplia y bien servida, sobre la que ya dejé por aquí algunos comentarios. El maestro letón, irregular en sus interpretaciones de la música de este autor, realiza aquí una lectura soberbia que, además de beneficiarse –como ya hicieran Abbado, Rattle y Bychkov– de la impresionante sonoridad de la cuerda grave de la formación berlinesa, ofrece sinceridad expresiva, hondura y alto voltaje dramático, además de una buena dosis de visceralidad en un scherzo en el que, eso sí, se podía haber ahorrado los acelerones en el tempo.

En cualquier caso, quien se termina llevando el gato al agua es su compatriota Baiba Skride, quien convence no solo por la enorme belleza de su carnoso y cálido sonido, profundo en el registro grave, y por la concentración y la cantabilidad de su fraseo, sino también por su manera de conjugar congoja, humanismo y consuelo sin que este último ingrediente le lleve a resultar excesivamente lírica o contemplativa ni, menos aún, meliflua en la expresión. Se podrán preferir enfoques más rebeldes y desgarradores –tampoco se queda precisamente corta en visceralidad en el segundo movimiento–, pero en esta línea reflexiva Skride se ha convertido en una de las más grandes recreadoras de la partitura.

Nelsons ya tenía dos registros de la Sinfonía Alpina: la filmación con la Orquesta de París de 2012, comentada aquí, y la toma para disco compacto realizada dos años antes para el sello Orfeo junto a la Orquesta Ciudad de Birmingham. Ahora, con una formación superior a las dos citadas aunque no exenta de algunas leves vacilaciones propias del directo, Nelsons vuelve a demostrar su excelencia a la hora de interpretar la obra ofreciendo un trazo global sencillamente perfecto, fuerza expresiva controlada con mano maestra, apreciable sentido narrativo y brillantez tan comunicativa como ajena a la retórica. Quizá la visión resulte no tan extrovertida y algo más madura que antes, y si el resultado final no llega a la altura de las más grandes recreaciones fonográficas de la pieza es porque –como en sus grabaciones anteriores– se echa de menos un trabajo aún más minucioso con los detalles y con las texturas; también porque sobra alguna frase algo más sentimental de la cuenta en la primera parte de la obra y, sobre todo, por la circunstancia de que la meditación final resulta un punto más resignada, digamos religiosa en el sentido más tópico del término, de lo que hubiera sido preferible. O así me lo ha querido a mí parecer.

La toma sonora no ayuda, porque se queda algo corta a la hora de recoger la amplia gama dinámica que exige la partitura: el audio sigue siendo el punto débil de la Digital Concert Hall, aparte de los molestísimos parones que sufre quien no disponga de una conexión lo suficientemente rápida. En la actualidad no suelo encontrarme con ninguno, pero hace tiempo les aseguro que resultaba enervante.

2 comentarios:

Javier dijo...

Precisamente pude ver este concierto a través de la Digital Concert Hall el viernes pasado y, partiendo de la base de que no tengo tus conocimientos ni he oído más que un par o tres de versiones de cada obra, me pareció un concierto magnífico y consiguió que no perdiera el interés en ningún momento durante la Alpina, cosa que no me había sucedido hasta ahora.

Cambiando de tema, estaría bien que compartieras tus impresiones del ciclo Beethoven que Rattle dirigió en septiembre, yo ya lo he oído y no puedo ser muy elogioso (intuyo que tu tampoco lo serás). La octava me pareció muy buena y la tercera (a pesar de un primer movimiento un poco "perdido") también. El punto bajo la séptima. Eso es lo que puedo decir ahora, yo no tomo notas, mis criterios son solo en base a impresiones. Y el sonido de las grabaciones de lo peor que he oído en la concert hall, o ¿quizá era la sonoridad que buscaba Sir Simon? Se salvaron la 6,8 y 9 de ese sonido que calificaría como pobre y gris.

Saludos cordiales.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchísimas gracias por las aportaciones sobre el nuevo ciclo de Rattle, Javier. Desdichadamente no he encontrado un hueco para escuchar "en serio" ninguna de sus interpretaciones, aunque sí que he puesto, mientras trabajaba en el ordenador, la Primera: me gusta regular, tiene nervio pero también excesivo nerviosismo, que no son la misma cosa. A ver si más adelante puedo escuchar la integral. Saludos.