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Antoni Wit con la ROSS: lirismo más que otra cosa

Hay conciertos que cambian la vida musical de una persona. En mi caso, fue una verdadera revelación la velada en la que escuché por primera vez en mi vida el Romeo y Julieta de Prokofiev: Sinfónica de Sevilla bajo la dirección del malogrado Vjekoslav Sutej, en la Sala Apolo de Sevilla –un antiguo cine– en el que fue uno de los primerísimos conciertos de abono de la orquesta, hace ya un montón de años. Queriendo repetir la experiencia, invertí una considerable dosis de esfuerzo físico –y de dinero, las entradas de patio no son baratas– en acudir ayer jueves 15 a una interpretación a cargo de la misma orquesta, en esta ocasión bajo la dirección del prestigioso maestro polaco Antoni Wit, al que nunca había escuchado en directo. En la primera parte del programa iba la Primera Sinfonía de Tchaikovsky, desde luego no una obra maestra pero sí una música bella que a mí me gusta mucho (aquí ofrecí hace tiempo una comparativa discográfica). Fue un buen concierto, incuestionablemente, pero a mí me decepcionó un poco: esperaba más tanto de la batuta como de la orquesta.


A tenor de los discos que le conozco y del concierto de anoche, Wit parece un director particularmente acertado en los aspectos más líricos de las músicas que dirige; su sentido de la melodía y su refinamiento para el color son muy apreciables, y a ello hay que sumar un gusto exquisito y una buena habilidad concertadora. Pero tampoco me parece una batuta de primer orden.

La sinfonía de Tchaikovsky conoció una lectura notable, en la que las bellísimas melodías del autor –ni puñetero caso a quienes ponen en duda la categoría de su obra y la califican de burguesa, facilona, lacrimógena y no sé cuántas cosas más– fueron recreadas con un extraordinario sentido de la cantabilidad y con apreciable sinceridad, sin concesión alguna a lo sentimentaloide; destacó, por ende, el segundo movimiento. En el resto de la obra hubo solidez, elocuencia y brillantez controlada, pero eché de menos matices y creatividad; me hubiera gustado un tratamiento de la orquesta con mayor sentido de la plasticidad y más trabajo con la gama dinámica. Y es que no me puedo olvidar de que le escuché esa misma obra no hace muchos años a Lorin Mazel con la Orquesta de la Comunidad Valenciana. Eso, claro, es otra división.

En Romeo y Julieta, desde la referida ocasión con Sutej hasta el día de hoy una de mis cuatro o cinco obras preferidas de la historia de la música, Wit acertó en el tratamiento carnoso, sensual y curvilíneo de las maderas, que sonaron muy a Prokofiev; cantó las melodías con acierto y trató los momentos dramáticos sin efectismo alguno –excelente la terrorífica introducción–, pero sin terminar de ofrecer toda la garra, tensión interna y expresividad posibles. Incluso en la despedida de los amantes (¡qué música más absolutamente maravillosa!) hubo cierto deslavazamiento, cierta falta de organización interna de cada uno de los episodios. Aquí de nuevo tengo un referente, pero en esta ocasión bastante peor: Gergiev y su mediocre Orquesta del Mariinski en el Palau de Les Arts.

La Sinfónica de Sevilla también me dejó un poco a medio camino. No hubo apenas fallos ostensibles –algún momento en Romeo–, pero los violines parecían un punto ácidos a ratos –no siempre–, mientras que los metales sonaron más broncos de la cuenta, y no por “rusticidad rusa” buscada por la batuta, sino porque creo que algunos –trombones, tuba– no estuvieron a la altura de las circunstancias, sobre todo en el muy exigente Prokofiev. La cuerda grave sí que estuvo espléndida, y a la madera no se le puede poner pega alguna. Todas estas desigualdades pueden deberse en parte a los problemas acústicos derivados de la eliminación de las cuatro primeras filas de butacas para adelantar los atriles, suprimiendo la concha acústica y colocando de fondo una cortina –todo ello una decisión desafortunada por parte de Pedro Halffter–, pero aun así creo que las limitaciones de la orquesta son claras.

Después de unos cuantos años escuchando música en directo en Madrid y Valencia, volver a escuchar a la ROSS me permite establecer algunas comparaciones. La formación hispalense es, en la actualidad, algo superior a la Orquesta de Valencia, pero queda muy por debajo de la Orquesta de la Comunidad Valenciana (¡mucho más cara, obviamente!). Con respecto a la capital de España, la ROSS es algo mejor que la Orquesta de la RTVE, pero la Sinfónica de Madrid ha mejorado tanto que está ahora a muy buena altura. Y los últimos conciertos que le he escuchado a la Nacional de España ponen a ésta por encima de sus vecinas y de la formación sevillana, que me parece a mí que a día de hoy no es, como pensábamos hace años, una de las mejores de la península, sino una más entre muchas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola Fernando:
Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo erróneo de la decisión de adelantar el escenario cuatro filas, sacando a media orquesta del espacio cubierto del escenario y prescindiendo de la concha acústica habitual hasta hace un par de años. Tanto Juan José como Pablo y yo lo hemos escrito: el balance entre secciones se ha desestabilizado y al tener tras de sí el telón metálico cortafuegos en vez del material absorbente de la concha acústica, los metales arrojan muchos más decibelios que antes, frente a unas cuerdas metidas en el patio de butacas y sin nada por encima. En este programa sólo se notó un poco y porque Wit lo controló bien, pero te puedes imaginar el infierno decibélico de un Halffter dirigiendo la tercera o la quinta de Mahler.
Un abrazo,
Andrés Moreno
Abel Frías Mazuecos ha dicho que…
Hablando de orquestas españolas, aunque siendo neófito en la música clásica, y no habiendo escuchado a otras formaciones españolas además de la Ross-de la que soy abonado joven-,excepto la Sinfónica de Galicia, destacaría mucho a esta última agrupación. Tuve la ocasión de verla en noviembre en el Palacio de la Ópera de La Coruña interpretando la 3ª sinfonía de Scriabin (marginado en esta temporada de carácter ruso de la Ross), el Festín de Baltasar y una orquestación de Islamey, de Balakirev (verla al piano tiene que ser una maravilla) y me encantó. No hay más que ver el nivel de los directores que han pasado por ella, además del titular Slobodeniouk. El concertino fabuloso. Su canal en youtube, está fenomenal, con transmisiones en HD, y su web, moderna. Me da que saben promocionarse muy bien.
La programación suena de lo más interesante.
¿Cuando te refieres a orquestas peninsulares, es por dejar entrever que la de Gran Canaria y Tenerife sí son de alto nivel, no?
Del concierto de Wit no puedo estar de acuerdo ni en desacuerdo, porque no pude ir por exámenes, pero el de Barenboim no me lo pierdo el domingo.
En cuanto al tema de adelantar los atriles y situarse sobre el foso, otro abonado me dijo que fue un acierto, pero claro, como yo no he conocido la anterir disposición, no puedo comparar. Lo que sí cambia es el telón trasero, oira metálico, ora de tela, que imagino que influirá.
Me encanta tu blog, el estilo en que lo escribe alguien con afición que va a lo que le interesa y que no va de gratis, y lo tengo como referencia. Para hablar de todo esto de los rangos dinámicos y los colores, así como del fallo de un grupo de instrumentos, imagino que habrá que tener conocimientos de solfeo, partituras y armonía, no?
Saludos, Abel Frías
Anónimo ha dicho que…
Claro que es una orquesta más entre muchas. Es que Pedro Halffter ha hecho muchísimo daño. Pero claro, los "entendidos" lo habéis mantenido por la gloria de dios y aquí tienen el resultado.
Hola, Andrés, gracias por tu aportación.

Sí, ya sé que habéis criticado más de una vez el desplazamiento del escenario, pero yo no he podido decir nada hasta ahora porque solo en pocas ocasiones había escuchado a la ROSS en semejante ubicación. ¿Infierno decibélico? Pues a lo mejor Halffter ha tomado la decisión precisamente por eso, con lo que le gusta un buen fortísimo.

Abel, muchas gracias. Sí, la Sinfónica de Galicia es muy buena, aunque confieso que ya hace algunos años que no la escucho. La Filarmónica de Gran Canaria tiene un estupendo nivel. Pero la de Les Arts, a mi entender, es superior a todas ellas. ¿Conocimientos de solfeo, partituras, armonía? Pues mira, no creo que haga falta ser cocinero para saber si una comida está en exceso salada o algo pasada. Ni conocer la técnica de rodaje cinematográfico para explicar las razones de por qué una película le ha gustado a uno o no. De hecho, casi peor: quienes saben de cuestiones técnicas se van fijando más en la ejecución que en la interpretación. Escribir sobre estas cosas no tiene nada que ver con examinar en un conservatorio y decir si los músicos dan bien todas las notas.

Anónimo, ¿insinúa usted que YO he tenido un mínimo de influencia para que Halffter diriga en Sevilla? ¡Pero si no soy nadie! De hecho, ni siquiera los críticos "de verdad" tienen influencia alguna en decisiones de ese calibre (ya pasaron los tiempos en lo que Ramón Serrera lograba que montaran bodrios como Alahor in Granata). Quienes ponen y quitan a los titulares de las orquestas son los políticos, y lo hacen más por eso, por motivos políticos, que por razones propiamente musicales, porque la sensibilidad de estos señores suele andar por los suelos.

En cuanto a Halffter, a mí me parece -ya digo que últimamente la he escuchado poco- que es con él con quien mejor suena la orquesta. Creo que ha hecho cosas espléndidas con ella. Ppero también es cierto que hay cosas suyas que no me han gustado nada, o me han parecido insuficientes, y decisiones que se han mostrado claramente erróneas. Emtre ella, la arriba comentada de desplazar el escenario.

Saludos.
Abel Frías Mazuecos ha dicho que…
Ok, aclarado ese punto, diría que se trata de una jerga musical para poner palabras a lo percibido, de acuerdo a la sensibilidad propia. Pero, por ejemplo, ¿cómo se puede saber si la interpretación ha caído en amaneramientos, ha acertado con el rango dinámico, con el sentido de la plasticidad? O más bien, ¿cómo puede saberse qué significa todo eso? ¿cómo se aprende, o quien lo enseña? Alguna recomendación en especial, para leer, o escuchar sobre esto.
Imagino que la capacidad de saber distinguir entre lo bueno, malo, nuevo o distinto, la dará la experiencia, la comparativa exhaustiva de piezas, una gran familiaridad con ellas, y unos magníficos auriculares o equipo de música que permita apreciar los matices de las grabaciones. Imagino que el oído se va entrenando y la sensibilidad y capacidad de apreciar cada timbre irá mejorando. Espero su respuesta con interés.
Abel, perdón por haber tardado en contestar. No soy quién para recomendar a nadie cómo aprender sobre algo en lo que yo mismo soy un principiante. Pero sí puedo decir que la clave de todo aprendizaje, de cualquier aprendizaje, está en el esfuerzo.

Si uno va al Museo de Bellas Artes de Sevilla a ver las obras de Murillo sin preparación previa puede salir admirando su belleza. Pero si previamente ha leído sobre el pintor, o lleva una guía para ir sacándole partido a cada uno de los cuadros, o luego en su casa busca información adicional, y a partir de toda esa información reflexiona sobre lo que ha visto, obtendrá una experiencia mucho más satisfactoria.

En música creo que pasa algo parecido. Para disfrutar más de ella hay que escuchar mucho, claro, pero también leer bastante y, sobre todo, reflexionar sobre lo que se escucha y sobre lo que se lee.

Yo empecé a adentrarme en este mundillo leyendo críticas y comparando lo que éstas decían con lo que escuchaba, a ver con quién estaba más de acuerdo. Primero lo hacía por una razón muy sencilla: comprarme los mejores discos posibles con el limitado dinero que tenía a mi disposición. Luego descubrí que, además, el disfrute de la buena música y de las buenas interpretaciones iba siendo cada vez mayor. Lo dice Barenboim: a mayor esfuerzo, mayor disfrute. Claro que para eso no solo hay que tener ganas, sino también tiempo. El asunto no es fácil en este sentido.

Personalmente, creo estar aprendiendo con esas discografías comparadas que de vez en cuando me monto. Cada vez es más frecuente organizarme sesiones de varios días con un solo autor o con una sola obra. Ahora mismo, por ejemplo, estoy con Ravel, reparando en muchas cosas que me habían pasado desapercibidas antes.

Al final me atrevo a hacer una recomendación: escuchar todo lo que se tenga a mano, comparar entre diferentes interpretaciones de una misma obra, leer todo lo que se pueda y aprender mucho de todo lo que por ahí se escribe, siempre reflexionando sobre hasta qué punto nuestra experiencia personal nos hace estar de acuerdo con una opinión o con otra.

Venturosamente, hoy hay muchísima más información que antes a disposición del aficionado, así que la tarea no es en exceso complicada. Tampoco lo es hacerse con interpretaciones de calidad de la mayor parte del repertorio. Lo más difícil, como decía antes, quizá sea encontrar tiempo.

Bueno, espero que estas desordenadas líneas sirvan de algo. Un saludo.
Abel Frías Mazuecos ha dicho que…
Muchas gracias por su respuesta don Fernando. Con su primer párrafo ya está todo dicho: el disfrute está en el esfuerzo, válido para todo. Soy como vd. en cuanto a la "obsesión" de cuando me da por algo informarme todo lo que pueda, y de preocuparme en buscar las fuentes más fiables, aunque con muchísima menos experiencia como oyente que vd. , con un oído menos entrenado para captar los matices. Me gusta leer sobre la vida de los compositores (o su universo que crean) que además suelen ser fascinantes, sobre directores de orquesta ilustres, críticas de conciertos y algún libro de teoría musical, leer alguna guia de audición que hay por internet que señale los temas que hay en cada pieza e indique entrada de instrumentos, pero lo de describir los matices de dinámica, colores, marcar los acentos... que escribe vd. y ser capaz de discernir si le ha sonado de una manera sutilmente distinta una audición que otra (sin mirar el nombre del director, ni que la orquesta sea puntera o no, para poner una puntuación peor), ya me parece otra liga, esa jerga musical. En ese punto como de "descripción musical" es donde más me interesa saber cómo lo hace. Imagino que será dedicarse a una pieza y escudriñarla, repetir pequeñas partes de cada disco para ver si suena un pelín distinto o más lento o rápido, etc, como quien analiza las grandes faenas de la tauromaquia y es capaz de ver la evolución del torero o su interpretación de cada lance, su sello que hace al verdaderamente bueno inconfundible. Pongo ese símil porque en los toros sí he ido llegando a ver eso y escribir algo. También imagino que lo bonito y la magia de esto es que si dentro de unos años vuelve a hacer vd. un monográfico de Ravel aún advertirá algún pequeño detalle que, a pesar de haberlo oído decenas de veces, se le pasaba.
Saludos

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