sábado, 7 de junio de 2014

Koopman con la Nacional: Haydn y Mendelssohn

Siempre y cuando no se considere la única o la mejor de las opciones posibles, me cuento entre los que ven con buenos ojos la interpretación “históricamente informada” del repertorio del clasicismo y del primer romanticismo, sea con instrumentos originales o sin ellos. Por eso tenía mucho interés por el programa que ofrecía el pasado fin de semana frente al Coro y Orquesta Nacional de España nada menos que Ton Koopman, sin duda uno de los músicos que mejor, aportando sensatez sin tener que renunciar a una sonoridad y una articulación plenamente historicistas, ha aplicado estos criterios a autores del periodo referido: con él, y a diferencia de lo que ocurre con otros colegas a veces más famosos, no hay confusión entre incisividad y sequedad, entre agilidad y trivialidad, entre ligereza sonora y cursilería. Y eso que el holandés no es un músico que se distinga precisamente por su falta de personalidad o de criterio.

Koopman

El Haydn que le he escuchado en otras ocasiones me parece espléndido; por ejemplo, el que hizo con la mismísima Filarmónica de Berlín que comenté por aquí. En el programa que ofreció en el Auditorio Nacional, que yo pude escuchar asistiendo a la función del domingo 1 de junio por la mañana y luego en el podcast de Radio Clásica, dirigió de manera muy notable –aunque solo eso– el Concierto para violonchelo nº 2 del autor de Las Estaciones, sabiendo abordar la obra mirando no solo hacia el encanto, el equilibrio y la galantería bien entendida de un Boccherini –vínculo que apunta en sus notas Ángel Carrascosa–, sino aportando también una buena dosis de claroscuros y de teatralidad, además de ese peculiar sentido de la rusticidad haydiniana.

Concretando un poco, lo que me pareció menos logrado fue el Allegro moderato inicial, un tanto frío. El Adagio no resultó especialmente emotivo, pero sí que desprendió un regusto amargo la mar de interesante, además de estar fraseado con amplitud, naturalidad y el imprescindible sentido de la cantabilidad. Lo más redondo fue el tercer movimiento, donde Koopman ofreció un toque de sal y pimienta muy adecuado. Obviamente, quien esperase encontrar en su lectura la densidad y el hondo carácter reflexivo de un Barbirolli (en la extraordinaria pero estilísticamente discutible interpretación con Jacqueline Du Pré), saldría insatisfecho.

El violonchelista fue en Madrid al joven Adolfo Gutiérrez Arenas, quien además de ofrecer un sonido muy bello y tocar estupendamente, sintonizó sin problemas con la visión establecida desde el podio tanto a nivel estilístico –violonchelo moderno pero articulación historicista– como en el expresivo: siempre equilibrado y dotado de un buen sentido de lo clásico, resultaron muy atractivos sus acentos dramáticos en el segundo movimiento, mientras que llenó de espíritu jovial el Allegro conclusivo. Hubo propina: Allemande de la Suite nº 1 de Bach en interpretación fluida, equilibrada y natural.

No se movió en absoluto Koopman de sus parámetros historicistas en lo que a articulación se refiere en la Sinfonía nº 2 de Mendelssohn, aunque estemos hablando de una obra ya de 1840. La Nacional de España –considerablemente reducida en tamaño también en este autor– supo hacer frente al reto y tocó como lo pudiera hacer la Orquesta Barroca de Ámsterdam, con un sonido que a algunos melómanos sin duda les chirriará en este repertorio. A mí no, desde luego, aunque reconozco que se me hace raro escuchar esta música sin apenas vibrato.

En cualquier caso, lo importante es que el maestro holandés realizó una lectura globalmente satisfactoria de esta Sinfonía Lobgesang, porque supo ofrecer ligereza mendelssohniana sin caer en la ingravidez, fraseó con holgura, matizó las dinámicas y se interesó no tanto por la belleza sonora en sí misma (¡menos mal!) como por la expresión, a la que supo dotar de los adecuados claroscuros. En cualquier caso, debo reconocer que la primera parte me pareció solo buena –al segundo movimiento le podría haber sacado más partido–, subiendo el nivel en lo que es el “canto de alabanza” propiamente dicho, trazado con decisión y ardor ajeno a la retorica vacua.

El Coro Nacional de España, dirigido para la ocasión no solo por Joan Cabero sino también por Frank Markowitsch, realizó una labor muy digna en su larga y muy comprometida parte. No así el trío de solistas, que se quedó en lo aceptable: Sibylla Rubens no se encontraba en su elemento, con esa voz tan bonita como pequeña y esos agudos apretados, mientras que el tenor Jörg Dürmüller –no muy grato en lo tímbrico– necesita más carácter; Stella Doufexis apenas tuvo tiempo –su intervención es brevísima– de demostrar sus capacidades.

Muy buena recreación de la Lobgesang, en definitiva, y nueva demostración cómo con un músico como Koopman los criterios historicistas enriquecen tanto a los repertorios poco frecuentados por este movimiento, en este caso a Mendelssohn, como a las orquestas no habituadas a trabajar con semejantes criterios.

Ahora bien, no conviene perder de vista que hay competencia: en este mismo auditorio, los micrófonos del sello Arts recogieron el 27 de febrero de 1997 una interpretación a cargo de la Sinfónica de Madrid y el Orfeón Donostiarra de auténtica referencia. Peter Maag fue el autor del milagro, y de ello espero hablar en una breve discografía comparada que presentaré en otra ocasión. Claro que antes tendré que hablarles del mamarracho que esa misma noche le escuché en Úbeda a Ivo Pogorelich… De traca.



2 comentarios:

Bruno dijo...

Me sospecho que algo está pasando con su entrada de Les Arts. Se deben de estar desperezando somnolientos melómanos.
A mí lo de hacer ese huevo actual para incluir ópera me parece un disparate. Seguido por el de condenar a la orquesta y otros conexos.
Todo eso requiere planificación y amor al arte y yo no lo veo en filibusteros. Lo de ya indicar el nacimiento del Director Musical pues es de chiste. Deberán elegir al mejor que venga por el presupuesto de que dispongan. Y elaborar ese presupuesto requiere encaje de bolillos.
Todo esto me lleva a Frübeck, que está enfermo. Yo lo recuerdo como el único que clamó porque no se tocara el Real y se hiciera una ópera nueva. Una construcción sólo a hacer. Pues nada, hicieron dos. Luego no hay dinero.
Y lo de los 10 euros y la cárcel, pues ¡qué voy a decir!. Que hay mucho sinvergüenza y mucho lladre.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bruno, adivinó usted: cité -aun haciéndolo de pasada- a Cataluña y se lió la cosa. Culpa mía, por citar el tema innombrable. He cerrado ese hilo de comentarios y me niego a seguir con el tema. Si le publico a usted este mensaje es porque no sabía nada de lo que había pasado.

Le ruego a los lectores no relicen más comentarios sobre el tema nacionalista. No tengo tiempo ni ganas de discutir sobre semejante tema quem, eso sí, parece despertar mucho más los ánimos que la ruina de Les Arts. Lástima.