martes, 6 de mayo de 2014

Dos Primeras de Bruckner muy encendidas: Jochum y Abbado

Como Barenboim ha estrenado su sello propio Peral Music (web oficial) con las tres primeras sinfonías oficiales de Bruckner, ando escuchando grabaciones de diversos directores para valorar correctamente las del maestro de Buenos Aires. Y así he llegado a dos interpretaciones de los años sesenta que me parece interesante traer aquí. Una es la de Eugene Jochum con la Filarmónica de Berlín, esto es, la de Deutsche Grammophon de toda la vida que se registró en la Jesus-Christus Kirche en octubre de 1965. La otra es toda una curiosidad, porque se trata de una filmación, disponible en Youtube, de un Abbado de treinta y cinco años al frente de la Filarmónica de Viena que tuvo lugar en la Musikverein en abril 1969, unos meses antes de que los mismos intérpretes registraran la partitura para Decca.

Como era de esperar, el milanés hace gala en esta lectura (edición Haas) de la manera en la que por aquel entonces concebía la interpretación musical, es decir, interesándose poco por la belleza sonora en sí misma, priorizando los aspectos más escarpados de la partitura e inyectando una indesmayable tensión en el fraseo, sin que todo ello signifique renunciar al cuidado de la gama dinámica o al matiz expresivo. Por desgracia, semejante planteamiento no está aquí llevado a la práctica con el suficiente control ni con la adecuada variedad de atmósferas, ni siquiera con el idioma correcto, de tal manera que en el movimiento inicial, en exceso apremiante y cuadriculado, la música no respira y el resultado es excesivamente feroz, por no decir machacón y de cara a la galería, pese a la enorme energía desplegada.

Las cosas funcionan mucho mejor en el adagio, fraseado –aquí sí– con cantabilidad y hondura reflexiva. El Scherzo está admirablemente trazado y se mueve en unos parámetros expresivos correctos, pero no ofrece nada en particular. En el Finale, incandescente a más no poder, se retoma el planteamiento agresivo y descarnado del primer movimiento, aunque ahora con una más flexible planificación de tensiones y distensiones. La orquesta, ni que decir tiene, está gloriosa, con un oboe particularmente ácido. La realización televisiva, en blanco y negro y con sonido monofónico, deja bastante que desear: casi se ve más a Willi Boskovsky que a Abbado, y la Sala Dorada vienesa apenas resulta reconocible.

Jochum Bruckner 1

La interpretación de Jochum (edición Nowak) posee un importantísimo nexo en común con la arriba comentada: la tremenda dosis de empuje, inmediatez y garra dramática con que se aborda la partitura, que está dicha con un entusiasmo y una visceralidad admirables. Ahora bien, a esas alturas el ya muy madurito maestro germano –a punto de cumplir los sesenta y tres– ya se las sabía todas sobre Bruckner, por lo que su dominio del idioma y control de la arquitectura son mucho más satisfactorios que los de su joven colega. Hay que reconocer, eso sí, que en el primer movimiento cae en el mismo error que el milanés, esto es, un exceso de nerviosismo que redunda en cierto atosigamiento y en una relativa falta de grandeza interna de la música. En cualquier caso, los resultados son superiores a los de Abbado: aquí no hay machaconería ni agresividad innecesaria, y la sonoridad bruckneriana está mucho más conseguida.

El Adagio es sublime. Se trata, por descontado, de una interpretación a la manera religiosa en la que Jochum abordaba a este compositor, pero no se puede hablar de una religiosidad meramente contemplativa y desmaterializada, porque hay mucho aquí de sensualidad, de turbulencias expresivas y de éxtasis (¡menudo clímax!) no se sabe muy bien si celestial y humano. Magnífico el Scherzo, lleno de fuerza, y espléndido el final, muy escarpado y adecuadamente visionario pero siempre bajo control. Si hay que ponerle algún reparo a estos dos últimos movimientos es que, siendo la sonoridad la más adecuada –densa y organística–, el entramado polifónico podía estar aún mejor diseccionado y cada una de las líneas de fuerza más matizadas. Es decir, justo lo que consigue Barenboim en su grabación de Peral Music. Pero de eso escribiré mucho más adelante.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Fernando, ¿Has escuchado las sinfonías de Bruckner interpretadas por Eschenbach?Te lo digo porque hay varias de ellas en concertarchive y me parecen enormes. En concreto ,he escuchado unas magníficas cuarta con la Staatskapelle Dresden, sexta con la Filarmónica de Nueva York y sobre todo tres novenas, con la Sinfónica de Chicago, Filarmónica de Nueva York y en especial una fabulosa con la Sinfónica de Boston(quizás por sonoridad la menos adecuada para Bruckner pero del que este director obtiene un rendimiento asombroso)que es casi celibidachiana por su duración.Gracias.AMCSánchez.

Bruno dijo...

¿Qué pasa con la grabación de Decca? Hace tiempo que no la escucho pero queda en mi memoria como buena. Por aquella época Decca lanzó muy buenas versiones de Bruckner con Böhm o la 9 con Metha.
Solti hizo unas 7 y 8, buenas, que luego mejoró.
Su amigo Carrascosa también ponía muy bien, creo recordar, esa 1ª.
A Stein no llegué por falta de cuartos. (Y Maazel hizo para rematar una 5ª) Es una lástima que Böhm no grabara una versión moderna de la 9ª. Cuento todo esto porque luego Abbado no llegó hasta eso en este repertorio.

Bruno dijo...

No me convenció mucho con las palabras de Baremboin.
Vuelvo que a lo que tiende el hombre es a la verdad, la belleza y el bien. La música participa de la belleza, pero también muchas otras cosas. La otra cualidad divina estaría en el acto de creación a partir de la nada. Un compositor, los buenos, crean. Una cualidad que les asemeja a Dios. Pero también crean otros tipos de artistas o técnicos.
Si piensa en otro tipo de cualidades que nos acercan a la divinidad me quedo, entre multitud de manifestaciones, con la honradez, la risa o la caridad. Ciertamente la música clásica es un arte y una comunicación. Pero no se necesita decirlo así. Parece un poco pedante y una apropiación en exclusiva. Que la gente no la aprecie es cosa de los profesores y próximos. Esto no va con segundas.

vicentet dijo...

Tengo entendido que Karl Bohm nunca grabó la novena. En cambio si grabó la primera Quinta en edicion Haas, la unica obra que no regrabó.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias a todos por las aportaciones.

AMC Sánchez, intentaré escuchar a Escenbach. Por desgracias, no es fácil sacar tiempo para escuchar a Bruckner: sus sinfonías son tan largas... Me interesa especialmente ver qué hace con la Novena.

Bruno, Ángel Carrascosa le puso en su lista un 7,5 a la interpretación de Abbado/Viena en Decca. Yo no la conozco, pero presumo que será myu parecida a esta que he comentado, a la que yo también le pondría esa nota, quizá algo menos: un 7 justo. La lista de Ángel la puede consultar aquí:

http://www.forumclasico.es/BLOGSFOROS/Blogsconnombrepropio/tabid/65/ID/103/Las_grabaciones_de_las_Sinfonias_de_Bruckner_1_parte.aspx

Vicente, tienes razón. No tengo datos de ninguna Novena de Böhm, efectivamente, pero sí que aparece una Quinta (¡del Treinta y siete!)en esta muy completa lista:

http://www.abruckner.com/discography/symphonyno5inbflat/