jueves, 24 de abril de 2014

La grandeza de la música

“Creo que la Música nos da las herramientas para comprendernos a nosotros mismos, para comprender el mundo, para comprender las relaciones entre los seres humanos, para comprender las relaciones de la gente con la política, con el gobierno, con Dios… con cualquier cosa que queramos o en lo que estemos interesados. Porque la Música está hecha por los hombres; fue creada por las personas de los último trescientos o cuatrocientos años que no eran solo especialistas en contrapunto, ritmo y melodía, sino que también grandes personas que tenían algo importante que decir sobre la condición humana. Lo dijeron con sonidos porque eran músicos. Esta es la grandeza de la Música.”

Estas reflexiones no son mías (¡ya me gustaría explicarme así!), sino de Daniel Barenboim, quien en abril de 2011 las ofreció al público que abarrotaba el gran hall –antigua sala de turbinas– de la Galería Tate Modern de Londres en medio de un breve recital pensado para promocionar el disco Chopin que editó Deutsche Grammophon. Un recital que tienen ustedes en YouTube y que les recomiendo que no se pierdan: a mí me ha gustado tanto que me lo he pasado a DVD. Escuchen a Chopin pensando en estas palabras del maestro –y sonando en sus manos– y se darán cuenta de qué es lo que realmente hace grande su creación. Mis palabras aquí sobran por completo.

7 comentarios:

Bruno dijo...

La interpretación está muy bien. Pero esas palabras no me gustan. Un artesano y oscuro trabajador puede conseguir lo mismo. Atribuir a la música poderes extraordinarios me parece que está de más.
Bastante tiene con ser bella, e inteligente el que la creó, como otras muchas cosas.

Agustín dijo...

Probablemente Baremboim sea, junto con Zimerman y Lang Lang, el pianista vivo más importante.
Además, ha hecho cosas muy importantes en el ámbito de la dirección orquestal y operística.
Sin duda, es un gran artista pero no hay que sacar las cosas de quicio: también tiene sus defectos.

Anónimo dijo...

y un tal... Kissin. AMCSánchez

Anónimo dijo...

Interesante novedad de hoy sobre Barenboim.

30. April, 15:00
One of the most influential musical figures of our time, Daniel Barenboim, will introduce his new venture Peral Music, curated by the Maestro himself. He will present his ideas behind this initiative and the label’s forthcoming projects. This event will be English.



Note: Peral is Spanish for pear. Barenboim is Yiddish for pear tree.

Barenboim himself has tweeted: Barenboim to introduce new record label. He describes it as ‘a new record label curated by the pianist & conductor.’

Fuente: http://www.artsjournal.com/slippeddisc/2014/04/another-berlin-selfie-barenboim-to-launch-own-label.html

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bruno, si se fija usted la mayor parte de las más emblemáticas de arte de la humanidad lo son por su capacidad para decir cosas sobre el ser humano, desde la Piedad Rondanini de Miguel Ángel hasta El Quijote, pasando por las Sinfonías de Beethoven.

Agustín, en esta entrada no hablo sobre virtudes o derectos de Barenboim. Sobre ello he escrito en otras ocasiones.

AMC, también a mí me parece Kissin uno de los grandísimos.

Anónimo, muchas gracias por la información. Ha sido toda una sorpresa. No he he podido resistir y en cuando salió ayer por la tarde me compré el primer lanzamiento en ITunes, las sinfonías de Bruckner 1, 2 y 3. Ya hablaré de ellos por aquí.

Gracias a todos.

Bruno dijo...

Si lee el literal, Barenboim está achacando a la música unos méritos en exclusiva. Y esos méritos los encontramos, si buscamos, en muchos otros sitios. No sólo en el arte. No me gusta que se le atribuyan a la música méritos en exclusiva. Y que, consecuentemente, se haga del intérprete un mediador con Dios. Es posible que él no lo sienta así, pero es lo que dice.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Tengo la sensación de que no van por ahí los tiros, Bruno. Conociendo su pensamiento a través de sus libros, más bien me parece que lo que hace Barenboim es reivindicar a la música como hecho comunicacional provisto de una fuerte dimensión reflexiva, frente a la visión que muchos tienen de la misma como mero entretenimiento, como juego de sonidos más o menos bellos, más o menos emocionantes, pensados para pasar el rato pero desprovisto de otras posibilidades.