lunes, 17 de marzo de 2014

El Concierto para violín de Dvorák con la Filarmónica de Berlín

Si en la anterior entrada comentamos una interpretación del Concierto para violín de Dvorák de absoluto sabor local, la de Josef Suk, Karel Ancerl y la Filarmónica Checa, ahora vamos a por dos más bien germánicas, correspondientes a sendos conciertos protagonizados por la Filarmónica de Berlín bajo la dirección del alemán Klaus Tennstedt y el austriaco Manfred Honeck respectivamente. Peter Zazofsky y Anne-Sophie Mutter son los violinistas.


La de la violinista alemana la he visto a través de la Digital Concert Hall de la orquesta, tratándose de una filmación del 9 de febrero de 2013. Es la misma, si no me fallan los datos, que ha sido editada en DVD por Deutsche Grammophon en medio de una intensa campaña de promoción, aunque no se corresponda con el audio comercializado por el sello amarillo, pues el CD es una toma cuatro meses posterior. ¿Quedarían insatisfechos los artistas y decidieron repetir? No tengo ni idea. Lo que sí sé es que lo que en este vídeo se oye corresponde exactamente a lo que podía esperar de la Mutter de los últimos años: su sonido es de una belleza absolutamente insuperable, su técnica sigue siendo inmaculada, pero su enfoque de la partitura es más sentimental que dramático, no muy intenso y con detalles de blandura. Alto nivel, en cualquier caso, convenciendo sobre todo en un tercer movimiento muy animado y luminoso.

La dirección de Honeck resulta encendida, fresca y adecuadamente rústica, pero también algo primaria, más vistosa que profunda, antes directa que matizada, y rematada por una coda final un tanto vulgar. Por descontado que la orquesta realiza una labor portentosa, no solo por su sonoridad –tan adecuada para la obra–, sino también por las intervenciones de sus solistas. El público reacciona con un enorme entusiasmo, a mí entender excesivo: las cosas se pueden de manera más convincente.

Tennstedt Dvorak Schubert

Para comprobarlo, retrocedemos al mes de abril de 1983, cuando Klaus Tennstedt ofrecía en la Philharmonie una visión poderosa y dramática, de profundo pathos, altamente reflexiva y muy atenta a los aspectos más dolientes de la página, mucho antes que fresca, luminosa o de aires folclóricos, que es más bien lo que hace Honeck. A mí me parece mucho más convincente que la de este último, aunque desde luego hay que estar de acuerdo con el enfoque de Tennstedt, por cierto no muy distinto del que ofreció Barenboim en su grabación de 1974 con Perlman. ¿Y el solista? Es la primera vez que escucho al norteamericano Peter Zazfosky, y debo decir que ha sido una grata sorpresa: sin poseer la belleza sonora de la Mutter ni su enorme precisión, parece en esta página más sincero que su colega, menos interesado en seducir que en conmover, sintonizando perfectamente con el enfoque de la batuta y ofreciendo acentos muy lacerantes.

En la segunda parte de su programa, Honeck y la Filarmónica de Berlín ofrecieron el Concierto para orquesta de Lutoslswki: ya hablé aquí de él. El de Tennstedt incluía La grande de Schubert, del que conviene decir algo. Por lo pronto, con una orquesta y un director semejantes solo se puede esperar una versión robusta, cálida y densa, centroeuropea en el mejor sentido, pero por fortuna ello no significa que la interpretación resulte pesada o ampulosa, porque la agilidad, el brío y la tensión dramática están garantizadas. Asimismo, el maestro evita la rigidez y ofrece una buena dosis de flexibilidad e imaginación, tratando siempre a la orquesta con perfecto estilo y un buen sentido de la plasticidad.

Ahora bien, los dos primeros movimientos resultan a mi entender en exceso premiosos y se resienten en su vertiente más lírica, aunque en el segundo haya algún detalle de enorme hermosura, como la “pausa” en la que la orquesta “toma aliento” para continuar su lucha épica. Mejor funciona el tercero, rápido e implacable, mucho antes enérgico que disentido, y espléndido el cuarto, que por cierto acaba con un regulador que no hacen todos los directores.

El concierto de Tennstedt está editado en un doble compacto, con muy buen sonido, por el sello Testament. Se vende a precio de uno solo, pero aun así sale algo caro. Lástima.

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