miércoles, 26 de febrero de 2014

Las Goldberg por Schiff y Barenboim

Hacía años que no escuchaba las Variaciones Goldberg, así que he decidido volver a ellas por la puerta grande, visionando en una misma tarde dos filmaciones televisivas editadas en DVD por Euroarts. La primera corre a cargo de András Schiff, correspondiendo a un recital en vivo de 1990; por tanto, se sitúa cronológicamente entre las dos grabaciones en audio del pianista húngaro, la de Decca y la mucho más reciente de ECM. La segunda se trata de una filmación en estudio soberbiamente realizada por Christopher Nupen –nada menos– con Daniel Barenboim de protagonista; se realizó en Múnich en 1992, siendo posterior a su registro en vivo en el Teatro Colón para Erato. Ha merecido la pena la “paliza” (es un decir, ¡qué música tan increíble!), porque siendo ambas excelentes, ofrecen dos visiones distintas y complementarias al piano –el clave es otro mundo– de semejante obra maestra.

Bach Goldberg Barenboim Euroarts

La de Schiff es un modelo de ortodoxia bachiana al piano presidido por la naturalidad: todo fluye con una lógica pasmosa, un pulso perfectamente sostenido a lo largo de la dilatada interpretación (como Barenboim, hace todas las repeticiones), una polifonía de claridad y equilibrio absolutos, un fraseo cantable a más no poder y una comunicatividad a flor de piel en la que el carácter especulativo de esta música da paso a una amplia gama de ambientes expresivos en la que no es necesario cargar las tintas ni forzar nada. Ya digo: naturalidad en estado puro.



Barenboim dice en los diez lúcidos minutos introductorios que ha pretendido llevar los colores de la orquesta del XVIII al piano. Ciertamente lo consigue: en su realización se aprecia un colorido mucho más rico e intenso que con Schiff. También una mayor dosis de claroscuros, de intensidad y de acentos dramáticos, lógicamente haciendo gala de un sonido mucho más denso que el de su colega, pero sin que ello signifique en absoluto que esto le suene a Beethoven o a Liszt. Hay también una ornamentación más abundante, más imaginación en las repeticiones y una mayor continuidad entre las variaciones. En contrapartida, se echan de menos la agilidad pasmosa del de Budapest, su equilibrio polifónico, su luminosidad, su delicada belleza sonora y su comunicatividad: con Barenboim, más filosófico y menos abstracto que Schiff, hay que hacer un esfuerzo superior para adentrarse en la obra.



Ah, la calidad de imagen de la versión de Barenboim es superior, pero la toma sonora convence algo menos. En ambos casos el formato es 4:3 y el sonido PCM Stereo. No hay subtítulos para la locución del de Buenos Aires. La versión de Schiff trae dos complementos de infarto: las Variaciones Haendel de Brahms por Bronfman y las Diabelli beethovenianas precisamente por Barenboim. Lo recomiendo todo.

4 comentarios:

Juan Manuel Triana Ortiz dijo...

La versión de Koroliov es extraordinaria, también. Lo maravilloso de esta música es que resiste multiplicidad de visiones.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Totalmente de acuerdo. Un amigo dice que la cantidad de interpretaciones que admite Bach es una de las muestras de su genio, y tiene toda la razón.

Muchísimas gracias por la recomendación.

Nemo dijo...

Me sorprendió leer a Ángel Carrascosa que el Clave Bien Temperado de Barenboim le gusta mucho (está entre sus favoritas) pero no así las Goldberg del argentino, que le decepcionaron.

No conozco nada del Bach al piano de Barenboim, pero tengo mucha curiosidad. Conozco (tengo los discos) Schiff, Gould, Rosen, Turek, Pogorelich, etc. En efecto el clave es otra cosa. No sabría con cuál quedarme, la verdad.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues esas Goldberg a mí me gustaron en su momento, pero hace lo menos quince años que no las escucho. Efectivamente, a Ángel no le entusiasman precisamente. Lo del Clave sí que tengo claro que es descomunal. Un saludo.