Del Bach de Herreweghe escribí un par de artículos en la revista Ritmo (I y II). En el segundo de ellos decía que es el suyo “un Bach presidido por la naturalidad, la fluidez, la belleza sonora y, sobre todo, por el equilibrio que el tratamiento coral alcanza entre claridad polifónica y comunicatividad”; pero también advertía que de vez en cuando se apreciaba “una “tendencia a la excesiva relajación, cuando no a la blandura o a la desgana”, tendencia esta que a mi entender más se acrecienta en el maestro conforme pasan los años. Pues aquí no hay problema: Herreweghe tenía aquí solo cuarenta y uno y aún no había comenzado a bajar la guardia, por lo que los resultados son de primera: orquesta y coros sensacionales al servicio de una dirección hermosísima, de gran cantabilidad y belleza transfigurada, de una delicadeza y una elevación poética que no caen –aun rozándola en algún momento– en la blandura ni en la excesiva ensoñación. Eso sí, quede el lector advertido que la aproximación es mayormente apolínea, por lo que no encontrará aquí la teatralidad, los claroscuros y la fuerza dramática de un Harnoncourt o de un Gardiner, este último quizá mi director favorito para el Weihnachts-Oratorium en sus dos grabaciones del mismo.
La dirección de Ton Koopman presenta notables diferencias con respecto a la de su colega: articulación mucho más marcada –a veces en exceso–, menor cantabilidad, tímbrica más rústica e incisiva, continuo más fantasioso y mayor sentido de los contrastes. Opción igual de válida que a mí, en principio, me interesa más que la otra: si a la postre me ha convencido en menor medida se debe simplemente a que el maestro holandés evidencia una inspiración irregular, combinando momentos de gran belleza y sensibilidad con otros más bien mustios, sin júbilo ni luminosidad, empezando por el mismísimo “Jauchetz, Frohlocket”, en el que por cierto ofrece reguladores novedosos y no muy convincentes. En cualquier caso es la suya una labor sensata, musical y perfecta en estilo, sirviéndose además de una orquesta integrada por solistas de justificado renombre.
En ambas interpretaciones se utilizan exclusivamente cuatro solistas vocales, lo que significa que el evangelista canta también las arias de tenor. El equipo de Herreweghe es superior: solvente Barbara Schlick –con algún apuro–, magnífico el contratenor Michael Chance y muy notables Howard Crook y Peter Kooy. Con Koopman nos encontramos a una destemplada Lisa Larsson, una impersonal Elisabeth von Magnus y unos más que correctos Christoph Pregardien y Klaus Mertens que no llegan a la altura de sus respectivos colegas. Los coros son ambos formidables, quizá mejor aún el de Herreweghe.
Ah, la toma sonora de Virgin es sensacional, y desde luego más lograda que la de Erato. Esta última grabación, por todo lo dicho, resulta globalmente decepcionante a pesar de su incuestionable nivel. La propuesta de Herreweghe, por el contrario, me parece imprescindible para los que amanos esta partitura.
4 comentarios:
Completamente de acuerdo con las reseñas, especialmente con las virtudes de la versión de Herreweghe. Le recomiendo, por si nos las conoce, otras dos también muy buenas, aunque ligeramente diferentes: Jacobs en Harmonia Mundi y Fasolis en Brilliant (por cuatro perras, reeditada del sello ARTS)
Siguiendo con las recomendaciones, de Herreweghe y su Bach le recomiendo "su 3ª versión " de la Pasión Según San Mateo.
Impresionante. Lástima que no se hay publicado en DVD o BluRay, aunque se puede encontrar en la red.
http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=vaD5e0w2srU
La de Herreweghe hace tiempo que quiero pillarla. De la de Fasolis no tenía idea. ¡Muchas gracias!
En cuanto a La Pasión según San Mateo, confieso que la primera vez que escuché la de Herreweghe II me entusiasmó, pero cuando he vuelto a ella años después me ha gustado menos: la encuentro un punto blanda. Veremos Herreweghe III... De todas formas, quedo muy agradecido.
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