miércoles, 25 de diciembre de 2013

La Navidad más estirada

He tenido esta mañana de Navidad la malísima idea de escuchar un compacto que me compré hace meses en un mercadillo por un euro: páginas navideñas (desde Noche de Paz hasta el Panis Angelicus de Franck pasando por motetes de Guerrero y Cabezón) interpretadas por Alfredo Kraus, Renata Scotto, el Coro del Conservatorio Superior de Música de Badajoz y la Orquesta de Cámara de Bratislava bajo la dirección de Erich Binder, una producción de Edelmiro Arnaltes –que se reserva para sí el órgano–registrada en la catedral pacense en noviembre de 1991 por RTVE Música. Existe también filmación del evento, de la que les dejo un par de ejemplos.

¿Saben qué? Mi admiración por el tenor canario se ha transformado durante la audición en auténtica grima. Me importa un pito todo eso de la emisión canónica, de la técnica de la máscara, de la igualdad de registros, de la perfecta dicción y todo lo que los defensores del maestro quieran argumentar (Reverter acaba de publicar hace poco un libro sobre Don Alfredo: miedo me da) cuando se canta de manera tan fría, estirada y redicha (¡esas eses en Campana sobre campana!). Por no hablar de su narcisista obsesión por los agudos: el que se marca al final de Adestes Fideles –ahí abajo lo tienen–, todo lo bien emitido que se quiera, es de un mal gusto expresivo que echa para atrás. La Scotto, con sus problemas de siempre en la zona superior, me parece bastante más expresiva que su colega, la verdad.

En fin, que ya tengo un proyecto para el año que viene: plantearme seriamente si me gusta el arte de Alfredo Kraus Trujillo. De momento, quizá tenga que escucharme un poquito de su justamente mítica Lucrezia Borgia con la Caballé para quitarme el mal sabor de boca.

6 comentarios:

Agustín dijo...

Yo, desde lo de Tchaikovsky, me voy a creer todo lo que publique aquí (siempre que no sean cuestiones políticas).

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Jajajajaja. ¡No se crea usted nada! Pero si leerme a mí y a otras personas le ayuda a caminar por su propio sendero, ¡estupendo! Feliz Navidad.

Teresa dijo...

Vaya, por fin veo escrito lo que siempre he pensado de muchas de las interpretaciones de Kraus...
La técnica es algo que está al servicio del arte, no al revés. Y el arte pura emoción, incompatible con envaramiento y "agudismo incontinente".

Ángel Carrascosa Almazán dijo...

Por fin lo ves claro, Fernando. Antes contemporizaste con que los reverteres dan más importancia a eso y otros se la damos a otras cosas. No, la técnica NO es lo más importante, sino el ARTE. Y mucho me temo que ése no era el fuerte de Kraus. Ahora, prepárate para las invectivas de los krausistas que sólo lo salvan a él y, si acaso, a otros tenores al menos una generación anterior a la suya.

Anónimo dijo...

Bueno, bueno, matizemos. Pienso que casi todos coincidiremos en que las características esenciales de la personalidad van acentuándose (no nos engañemos, frecuentemente para mal) con el paso del tiempo. Creo que fue lo que , como a tantos otros, le pasó a Kraus: la pureza de emisión, los resonadores craneales, la dicción, etc, todo lo que en su día le ayudó a lograr interpretaciones como la Lucrezia que citas o un Alfredo que, emitido por Radio Clásica, me hizo, hace un porrón de años, aplaudir en mi habitación de adolescente, terminó, con la inevitable y mal digerida pérdida de facultades, por llevarle a interpretaciones como ésta que comentas en las que Kraus se interpreta a sí mismo hace los años que fuera cantando lo que fuese. Hay casos en los que no ocurre: en la anteior entrada del blog citabas a la Schwarzkopf; también es mi cantante (de cualquier cuerda) favorita; pero en su caso, pienso que la pérdida de brillo vocal fue suplida por la inteligencia de la artista: la escuchas cantando a Strauss con Szell y, aunque la voz era más hermosa en su interpretación con Ackerman muchos años antes, ahora no se interpreta a ella misma cantando, el texto y la musica de Strauss siguen ( al menos yo lo siento así) estando en primer plano; la emoción que antes me producía la belleza de su voz ahora me la suscita la matización, el refinamiento... en fin, no sé qué.
En cualquier caso, es sanísimo no caer nosotros en el envaramiento y poder decir, sin temor a excomunión, no me gusta Kraus o (Feliz Navidad y mil perdones, Fernando), no puedo con el Brahms de Giulini, pero el de K. Sanderling con Dresde ¡que Tercera!, me entusiasma.
Sigo tu blog hace mucho tiempo y disfruto y aprendo mucho de él. Enhorabuena.

José María.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Teresa y Ángel: completamente de acuerdo.

José María: también en todo de acuerdo salvo en lo del Brahms de Giulini, claro. Por cierto, ahí tengo precisamente listos los dos ciclos de Sanderling para escuchármelos ahora en enero (el de Dresde no lo conozco, el de Berlín hace mucho que no lo escucho).

En cuanto a Kraus, sigo pensando que hay muchísimo que admirar en él. Otra cosa es que yo haya llegado a un momento en que tengo que replantearme ciertas cosas. Por ejemplo, hasta qué punto sintonizo con las maneras de hacer del tenor canario.

En cualquier caso, siempre he tenido clarísimo que la técnica es un medio: jamás debe convertirse en un fin en sí mismo. Y también he tenido claro que no comparto la postura de los que afirman que lo de Kraus es el "canto verdadero" (como si tal cosa tuviese una definición única y excluyente) y "lo otro" (no hace falta decir qué) una engañifla para ignorantes.

Gracias a todos por dar vuestra opinión.