sábado, 14 de septiembre de 2013

Moral, Mortier, Matabosch… La historia se repite

Lo que está sucediendo estos días en el Teatro Real –el asunto va para largo– no es sino la historia de siempre en lo que a gestión cultural en España se refiere: hay un cambio de gobierno y, tras un tiempo de tira y afloja, se dinamita el trabajo realizado durante el periodo anterior, se larga de mala manera a las personas que hasta entonces estaban al frente de las instituciones y se colocan a dedazo limpio a otras nuevas.

Así se rompió con Antonio Moral –cierto es que terminaba su contrato, pero liquidaron buena parte de la programación planificada– para sustituirlo por Gerard Mortier. Y así se le da la patada ahora a este último enfermo pero no difunto, como él mismo ha recordado– para colocar a Joan Matabosch. En realidad, de este modo ha venido funcionando el teatro de ópera madrileño desde antes de su reapertura (¿se acuerdan de Lissner/Ros-Marbá?), y me temo que así lo seguirá haciendo en este país de democracia reciente, inmadura y mediocre. Los políticos podrán acertar, o no, en cada uno de los giros de timón, pero está claro que estas no son las formas.

En cualquier caso, lo que hace que esta destitución resulte no solo lamentable desde el punto de vista de la gestión, sino también repugnante desde la perspectiva humana, es el hecho de que se haya realizado con Mortier enfermo de cáncer y residiendo en el extranjero para recibir tratamiento de quimioterapia, teniendo encima que enterarse de su despido por la prensa. Que él mismo haya acelerado con sus amenazas el devenir de los hechos no es justificación alguna para semejante villanía, aunque al menos ésta ha servido –el caso está teniendo lógica repercusión en el extranjero– para que por ahí fuera se enteren de la chulería y la poquísima categoría humana de nuestra clase política. Por una vez voy a estar de acuerdo con Norman Lebrecht: “El Teatro Real se ha cubierto a sí mismo y a la ciudad de Madrid de vergüenza e ignominia” (leer artículo completo).

1 comentario:

Bruno dijo...

Lo de Mortier es un asunto muy controvertido. Pero como me toca de lejos hablaría de oídas. Pero el que sea "progresista", en lo artístico, no le otorga patente de corso. Tampoco a los mandamases. Se han lucido con la forma de hacerlo. Porque tampoco tienen patente de corso.
Pero lo que me llama la atención de su comentario es eso de "democracia reciente, inmadura y mediocre". Lo de reciente e inmadura. Ya sé que será un asunto controvertido y que cada uno tendrá su opinión. Pero a mí me suena a excusa de los políticos para justificar lo de mediocre y corrupta. Y bastante inútil y nociva. ¿Cuánto tiempo necesita una sociedad para la democracia? Sólo el que llegue una generación dispuesta a creérselo y a ponerlo en práctica. No es cuestión de tiempo sino de conocimiento y ganas.
Ya nos aclarará lo de Rafaela. Empiezo a pensar que fué una "novatada" de principio de curso. Pero tenía su gracia. Yo lo hubiera dejado como muestra de la controversia sobre el arte. Y cómo la música tiene sus fans e hinchas.