domingo, 5 de mayo de 2013

Limpieza de sangre

A principios de los noventa, la Diputación de Sevilla publicó cuatro volúmenes, sin ilustraciones pero maravillosamente editados, de una Guía de la Música Clásica grabada. El cuarto de ellos, en realidad una historia de la música en el siglo XX acompañada de una selección discográfica, estaba escrito por el sevillano Francisco Ramos, especialista en eso que se suele llamar “música avanzada” o “de vanguardia”. Dedicaba bastante espacio a muchos compositores de los que yo no sabía (y sigo sin saber, por desgracia) nada o casi nada. Bastante menos espacio a otros que amo profundamente. Sobre lo que decía de los primeros no puedo opinar. De lo que escribía sobre los segundo, sí: no me gustan nada de nada –por tópicas e insustanciales– las cosas que dice sobre mis queridos Strauss, Prokofiev o Shostakovich, entre otros.

Ahora la editorial Turner ha realizado una edición sustancialmente ampliada de aquel texto. Tuve el otro día la oportunidad de hojearlo en una librería de Madrid. Las intuiciones se confirmaron: bastante más espacio a gente como Cristóbal Halffter o Tomás Marco que a los compositores arriba citados. Nada que no se esperase. Pero el morbo principal era para mí ver si había aparecido esta vez Rachmaninov. Pues no: a tenor del índice onomástico, no se le menciona tampoco esta vez. Habida cuenta de que el autor de La isla de los muertos fallece en 1943 y realiza sus obras maestras bien rebasada la barrera de 1900 (salvo el Segundo concierto para piano, de 1899), la decisión es como mínimo discutible, aunque reveladora de la manera de pensar del señor Ramos.

Eso sí, mucho morro por parte de Turner titular la obra como La música del siglo XX. Una guía completa. Porque en semejantes circunstancias, de guía (no guarda un mínimo de objetividad en la selección de autores) y de completa (tampoco están creadores como Gershwin, Respighi o Walton, por no hablar de los que escribieron fundamentalmente para el cine) tiene bien poco. Más bien de pedante, autosuficiente y sectaria.

El asunto, para este tipo de linea de pensamiento, es en realidad muy simple: a mayor facilidad auditiva y/o popularidad entre el público tradicional, menor categoría tiene una música, y viceversa. ¡Pobres compositores adocenados, de esos que le gustan a todo el mundo! ¡Cuánta culpa la de escribir música fácil! Por eso seguirán teniendo que soportar los sambenitos por parte de esos inquisidores –en este caso inquisición sevillana de pura cepa, y con amenaza de perpetuarse en las nuevas generaciones– empeñados en determinar purezas de sangre y expulsar del terreno que consideran suyo a quienes no han seguido o siguen sus ideas (las únicas válidas, por descontado) de lo que tiene que ser el arte. Así nos va.

21 comentarios:

Bruno dijo...

Ese asunto sí que da para una enciclopedia. Tenía que haber oído a Cristóbal Halfter disertando sobre las sinfonías Leningrado o la Stalingrado, sobre los 67. Sencillas, antiguas, chabacanas. Seguramente tocado por el chorreo que escuchó al estrenar sus Brecht lieder, obra que no he visto luego en sus catálogos.
Si se hace con el Disco de la Canción de la Tierra que editó Belter verá cómo el asustado crítico, creo que Rosendo Llates,trata de defender la posible importancia de la obra y justificar su edición.
Por aquellos tiempos todo lo que no fuera incomprensible era detestado. La tiranía del reconvertido Boulez y compañía.
Al robot.

Bruno dijo...

Abundando en otra vertiente del mismo asunto y ya que le gusta el compositor, ¿conoce la anécdota de Sorozábal al que le prohibieron a última hora interpretar, no sé si estrenar, la Leningrado?
Revoltijo muy sospechoso: uno de izquierdas y un comunista.
Al robot, últimamente benévolo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lo de Sorozábal no lo sabía. Gracias por la anécdota.

En cuanto a Boulez, no niego que él haya sido uno de los más terribles inquisidores de la música "impura", independientemente de su enorme calidad como compositor y director. Ahora bien, entiendo que semejante postura pudo tener algún sentido, antes ético que estético, hace cincuenta años. A estas alturas de la postmodernidad, con el francés reconvertido en director "romántico" y Barenboim dirigiendo Rachmaninov (el año que viene hace el Segundo con Lang Lang), mantenerse en semejantes niveles de intolerancia me parece difícilmente comprensible.

Bruno dijo...

Ya se habrá dado cuenta de que me gusta polemizar. No debo entender bien el alcance que le da a “antes ético que estético”. Si algo es este debate, es estético. Si supongo que lo de ético va con la modernidad, los valores dominantes y la política le tengo que recordar que el pontificado de Boulez se extendía por Europa y no exclusivamente a España. Estaba la disciplina de esa ciudad alemana. Darmstadt, como ejemplo, que proclamaba que sólo ellos eran los buenos. Yo personalmente pienso que era una postura para hacerse notar y que envidiaban al que componía y era entendido por el público. Una manera de quitarse competencia y darse relevancia así como excusarse de la escasa repercusión de su obra en el público. Porque dedicarse a Mahler después de lo que le dijo y luego, peor, trató de justificar, implica un rostro bastante duro o mucho deseo de figurar. La charla de Halffter era lo mismo. La oscuridad y el vacío fuera de Webern. Y no digo que sean malos compositores, faltaría más, sino que, como Ud. seguramente piensa, hay mucho espacio para otros. No es, para mí, una cuestión ética. En la valoración estética de una obra hay muchos factores a considerar y uno muy importante es la comunicación con el oyente medio. Porque no creo que a Boulez no le gustara tener mucha más difusión sin merma de su nivel de calidad.
Aparte de todo esto, claro que el asunto de la música y su acercamiento al público da para un buen tomo. Y otro tanto ver qué obras van sobreviviendo y cuáles no.
Su artículo me ha inducido a informarme sobre D. Francisco Ramos. Ya he localizado una foto. Por su edad, no sé si por formación, puedo suponer que está más inclinado a la “escuela de Darmstadt” que a la del oyente corriente. De todas maneras, por lo que he visto, se trata más de un libro sobre “vanguardia” que sobre música “clásica contemporánea” en las acepciones habituales. Quiero decir vanguardia casi como equivalente a experimental, casi dedicado a colegas profesionales. No le extrañe entonces que el espacio dedicado a los autores le resulte descompensado. Como no lo he leído no juzgo lo que dice, por ejemplo, de Prokofiev, otro enfant terrible al que casi despiden del Conservatorio pero, a ojos de la progresía musical, reaccionario. Así funciona la historia y el prestigio.
Al robot. Espero que no sea serial.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Por supuesto que no me refería a España, sino a lo que entendemos como "mundo occidental" en general en la etapa de la Guerra Fría. Y no creo que lo de los retoños de Darmstadt sea exactamente envidia (ellos podían haber compuesto de otra manera si hubiesen querido), sino totalitarismo.

Con lo de la cuestión ética no quiero justificar en modo alguno aquella postura, que obviamente detesto. Lo que intento es entenderla: en parte pudo ser una respuesta vital ante un mundo que se consideraba caduco. Ya se sabe, la famosa frase de Boulez de que había que quemar los teatros de ópera y todo eso. Al final, la lucha contra lo peor de la tradición terminó conduciendo a su propia clase de totalitarismo.

Ignoro la edad del señor Ramos. No tengo el gusto de conocerle. Lo cierto es que si lo que ha escrito es un texto sobre "música avanzada", no debería titularlo como "Guía completa de la música ("clásica", se entiende) del siglo XX". Porque más que guiar, lo que hace es desorientar a quien está dando sus primeros pasos en este terreno, dejándose guiar por unos criterios tan subjetivos como totalitarios.

En cuanto a Halffter, ¿no se podría aplicar eso que él dijo de la Sinfonía Leningrado a su propio "Tiento de primer tono y batalla imperial"? Por cierto, que la estética "burguesa" de Shostakovich fue perseguida por el régimen comunista mientras que la música "comprometida" de Halffter fue apoyada por la dictadura franquista. Pero ese es otro tema, claro, en el que sinceramente no tengo ganas ni tiempo de entrar.

vicentet dijo...

De nazis musicales se explica perfectamente su comportamiento en el libro el ruido eterno, como las presuntas vanguardias iban a gritar y a insultar a compositores de los denominados tradicionales.Y mirame oyendo la sinfonia Aitana de Esplá que es una obra bellisima y no muy alejada a ciertos ritmos sincopados de Olivier Messiaen y nadie la programa. Una lastima que haya tanto taliban de lo politicamente correcto suelto, no hace falta hundir una musica para ensalzar otra.

Luis dijo...

Enormemente rigurosa la opinión y el debate subsiguiente, surgidos de hojear un libro y mirar su índice onomástico, no de haberlo leído.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Me parece a mí que es usted el que no lee, Luis. En mi post queda muy claro que he leído -no ahora, hace años- el libro de Francisco Ramos, obviamente en su edición antigua. La nueva, la de Turner, no la pienso leer: como parece que es más de lo mismo, no merece la pena perder mi tiempo en algo que no me va a satisfacer.

Bueno, en realidad la mañana que estuve con un ejemplar en mis manos sí quise leer un trocito: como esa misma noche iba a escuchar la Sexta sinfonía de Vaughan Williams, quise ver qué decía del autor británico, por curiosidad. Pues bien, me quedé de piedra al ver la importancia que le daba a su Primera sinfonía, con diferencia la peor de las nueve. Suficiente para confirmar que este señor y yo no sintonizamos en absoluto.

La cuestión es que si lo que cuenta de autores que conozco no me parece fiable, ¿debo darle validez a lo que escribe sobre los que apenas he escuchado? Tendré que buscarme otras fuentes para conocer este repertorios, porque de Ramos no me fio en absoluto.

Bruno dijo...

Una de mis fuentes de ilustración ha sido la extensa reseña de D. José Luis López López en MundoClásico. Debe ser una coincidencia del nombre con el contertulio Luis. Menciono que no he leído el libro y que el contenido, ampliamente expuesto en dicha reseña, se refiere a música preferentemente innovadora. No a una valoración completa y proporcionada de la música contemporánea. Me limito al objeto del libro y a su definición, como hace D. Fernando. Luego lo de la valoración del conjunto de la música frente al factor innovación es cosa de cada uno. Una historia apasionante. Igual que la postura de los vanguardistas.
Como D. Fernando desea abandonar el asunto, lo hago. Pero no me resisto a mencionar que me llama la atención lo de “ellos podían haber compuesto de otra manera si hubiesen querido”. No lo tengo tan claro. Y por ese camino llegaríamos al caso Schostakovich que, contrariamente a lo que acabo de decir, sí que lo supo hacer. El asunto da para mucho.
Al jeroglífico.

Anónimo dijo...

Naturalmente que puede escribirse una guía de escucha del siglo XX sin Rachmaninov. Y sin Vaughan Williams. Demuestra usted un profundo desconocimiento de la música avanzada.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Argumentos tan vacíos como su nombre, señor anónimo. Aunque claro, escribir, claro que "se puede" escribir cualquier cosa.

Cualquier día de estos escribo yo una guía de las vanguardias pictóricas desde el último cuarto del XIX hasta la II Guerra Mundial que trace una línea desde Monet hasta Dalí que incluya a Morisot, Seurat, Solana, Gris, Dufy y Klee (todos ellos enormes pintores, por cierto) pero se ningunee a Renoir, Picasso y Dalí, porque a mí me da la real gana. Va a quedar preciosa.

Anabel dijo...

Buenas, he caído en este blog cuando en realidad estaba buscando otra cosa, como suele pasar en Internet, a veces para bien, :)

Yo voy a discrepar, con tu permiso, jeje.
Creo que la reseña es un poco infantil, sin ánimo de ofender.

Evidentemente cada autor tiene su criterio, y por tanto con los que que no coincidan con el nuestro no estaremos muy de acuerdo, y siempre encontraremos a otros cuyas querencias nos sean más cercanas, pero sinceramente creo que prentender considerar a W. Walton como un compositor destacable es una «moñez» soberana y síntoma de que el gusto empieza a adolecer y deberíamos «entrenar» para fortalecerlo más.
No vale que un autor tenga 3 o 4 obras curiosas, ni siquiera un par de obras buenas, para asignarle un puesto en la evolución de la música de todo un siglo, a no ser que dichas obras hubieran sido capitales y de influencia notable, lo que no ha sido el caso en los autores que mencionas. Y no creo que ese tema sea una cuestión de criterio sino de una sana formación del carácter. Sus melodías suaves, su armonía sencilla, sus formas trilladísimas resultan en piezas agradables, que no molestan porque en realidad no dicen nada, son, salvo alguna excepción en la obra de V. Williams, y, en la poca de Walton que conozco, diría que ninguna. Música de ascensor, suele decirse.
Esta música banal, que agrada a todos porque al no decir nada no puede ofender a nadie, creo que son como las chuches: algo agradable que puede torcer nuestro gusto hacia lo insustancial y lo fácil; y la autocomplacencia siempre me ha parecido hasta «peligrosa» para el individuo, ergo para la sociedad.


De los autores exclusivos, o casi, de música para cine... En fin... Supongo que como profesor de música conoces el poco halagador comentario de “parece una banda sonora” cuando alguien por el conservatorio opina sobre alguna composición de algún compañero o, aún peor, tuya. Eso como cuando un fotógrafo te dice que tu foto de tal sitio «parece una postal».
Pues eso, poco hay de importante para la historia de la música en piezas que en la mayoría de las de los compositores de cine más interesantes simplemente tienen una buena factura técnica, un par de detalles interesantes aquí y allá, y mucha, muuuucha referencia, cuando no plagio impúdico, a otros que escribieron antes, más y mejor.

Obviamente los dogmatismos son aún más peligrosos, y los serialistas integrales lo ejercieron sin piedad durante varias décadas, así que opiniones aparte, cada cual que escuche y escriba lo que le dé la gana, faltaría más, pero eso vale para todos; es decir, que este señor del libro tiene derecho a opinar sobre los autores que considere verdaderamente valiosos y a no mencionar a los que considere más «pop», se esté más o menos de acuerdo con sus preferencias, sin que aparezca el «dogmatismo de la masa», otro dogmatismo no menos peligroso, pues idiotiza la sociedad, tachándole de elitista, insinuando memeces como que cantidad y calidad son poco menos que equivalentes, asumiendo que un artista ha de ser la p*ta del público y estar ahí para satisfacer los deseos más primarios de la masa, y toda la retahíla de tópicos con los que la crítica populista suele atacar o denostar a los artistas que crean lo que quieren ellos, buscando algo nuevo, guste o no a los demás. Recordemos que el que uno no pueda entender algo no significa que el de al lado tampoco pueda: yo no entiendo a Rembrandt, me deja totalmente fría. Lo siento, no soy capaz de aprehenderlo. Algo pasa delante de mis ojos sin que mi intelecto y/o mi sensibilidad sea capaz de atraparlo mientras que los de millones de personas sí. Hay gente pa' to'. Seamos más humildes, señores...

Y eso del «oyente corriente» que menciona otro comentario es una milonga: El «oyente corriente» no escucha música artística (Eso de «clásica» suena tan pedante... ¿Pierre Henry o Mauricio Sotelo son «clásicos»?) escucha a Rihanna, Pablo Alborán, Pitbull y...

[Leñe, no me deja publicar todo lo que había escrito. Lo troceo]

Anabel dijo...

[Sigo]

... Pablo Alborán, Pitbull y similares; ni siquiera el oyente de música de masas más presentable, cierto rock y música un poco más alternativa, se puede considerar «oyente corriente», así que deberíais quitaros esa aureola de «normalidad» que os habéis autootorgado algunos. No sois los «normales» y otros los alienados por un intelectualismo mal entendido o por una pose snob y pretenciosa, que de todo hay, también entre los que se pirran por Puccini. Tan «freakies» son los que se derriten con las melodías más horteras y banales de Gershwin -otro del que salvo Porgy y Bess, y la Rapsodia no sé si escribió muchas más piezas interesantes, más allá de la curiosidad novedosa que pudo tener en su época- como los que sienten erizarse su vello con Uaxuctum, de Scelsi.
Idle a alguien de 25 años y preguntadle si como oyente corriente le gusta Respighi, a ver qué os responde... No, no sois el «oyente corriente». El oyente corriente tiene menos de 35 años, va a todas partes con sus orejas conectadas a los auriculares de su «smartphone» y está los fines de semana en los botellones y discotecas. Esos cientos de millones de jóvenes de todo el mundo que escuchan cerca de millar de horas de algo parecido a la música al mes son el oyente corriente, no los «cuatro abueletes» que escuchan a V. Williams ni por supuesto los «aún menos de cuatro» que escuchan a Ligeti.


Dicho todo lo anterior, yo también creo que Rajmáninov (no es invención mía; es la transliteración correcta al español según Wikipedia, que en general huye de las transliteraciones alemanas e inglesas tradicionales) es un autor de interés suficiente, más allá de ese gusto cursi postrromántico trasnochado que por desgracia sigue tan presente a principios del siglo XXI como para aparecer en una guía de música del siglo XX. Cuando uno lo lee, analizándolo, al piano sí puede apreciar en muchas de sus obras, sobre todo la obra tardía, como La Isla... o los Estudios-Cuadros, verdadero talento, aunque hay que admitir que en mucha de su obra, demasiada, hay que rascar muy mucho para encontrar algo de valor debajo de ese barniz dulzón y esas capas de «pintura» rosa chicle y verde pistacho, o hacer grandes esfuerzos para profundizar con la mirada tras un montón de pirotecnia para encontrar algo de interés...
Todos nos hemos dejado seducir por sus encantadoras melodías; nadie es perfecto y todos tenemos en ocasiones momentos «moñas» en los que su segundo concierto, la variación 18ª de las Paganini, o el 3er momento musical nos ponen un nudo en la garganta, pero si somos serios y ejercemos eso que tanto escasea, la honestidad intelectual, escuchar a nuestra inteligencia auqnue nos diga cosas que no nos guste, tenemos que admitir que esa música es en general bastante previsible y complaciente; una vez que «Raj» inicia el camino ya sabemos por dónde va a ir, hay poco lugar para la sorpresa y poco más que redundar en la misma idea y el mismo «pazos» a veces hasta lo obsesivo. Pero admitamos, haciendo uso de esa honestidad intelectual que esas piezas más fáciles, que emocionan a mi abuela tanto como la emociona Raphael, no son de una calidad como para considerarla entre la mejor del siglo pasado, no son siquiera lo mejor de su autor; saben muy bien dónde poner el azúcar -sin mucha mesura, por cierto- para provocarnos ese «subidón de glucemia» que a veces necesitamos. Pero esa música «terapéutica» es complaciente, «fácil» y no siempre muy valiosa más allá de sus efectos.
No, no creo que Raj sea una figura de primera, ni quizá de segunda fila, pero probablemente sí de tercera, lo que no es poco.


Y se puede meter toda la música contemporánea más o menos vanguardista en el mismo saco: no creo que el Ritual in memoriam Bruno Maderna de Boulez, con todo su lirismo, se pueda meter en el mismo saco que sus Derivas, ni que los Gritos de Londes de Berio se puedan meter en el mismo saco que los experimentos de sus Secuencias. Creo que hacerlo es mostrar una profunda ignorancia de la música...

[Troceo]

Anabel dijo...

[Termino]

...Y no [perdón, pero creo que antes me comí el «no», así que republico corrigiendo] se puede meter toda la música contemporánea más o menos vanguardista en el mismo saco: no creo que el Ritual in memoriam Bruno Maderna de Boulez, con todo su lirismo, se pueda meter en el mismo saco que sus Derivas, ni que los Gritos de Londes de Berio se puedan meter en el mismo saco que los experimentos de sus Secuencias. Creo que hacerlo es mostrar una profunda ignorancia de la música contemporánea en la que hay una variedad de lenguajes y estilos como no ha habido en ningún otro periodo de la historia de la música.
¿Cómo metes en el mismo saco a Pärt y a Sciarrino, a Britten y al malogrado Romitelli, a recientemente desaparecido con 104 años Elliott Carter y a los minimalistas coñazo -en mi opinión, evidentemente- como Philip Glass o Steve Reich, o incluso a un mismo autor pero en épocas diferentes, por ejemplo al Schönberg de los Gurrelieder o el de las 5 Piezas para orquesta con el dodecafónico? Es absurdo, por eso precisamente, porque en el último siglo ha habido mayor riqueza de estilos creativos que en toda la historia, habría que tener mucho más cuidado al denostar a todos los compositores «modernos». Mucho me extraña que nadie posterior a 1920 guste a los que por norma rechazáis la creación musical posterior.


En fin, intentemos ser más serios y no denostar a alguien que tiene una postura estética sólida, auqnue no la compartamos. Intentemos comprender dicha postura sin hacer crítica banal y sentimentaloide, es decir, pueril, sino crítica inteligente, que seguro que hay muchos puntos discutibles en el libro mencionado desde otra postura que no sea la pataleta de «como no hablas de Fulanito, que me gusta mucho, tu libro es una mier..».


Para equilibrar un poco la cosa quería que me permitieras poner un enlace a otra crítica de opinión diametralmente opuesta a la tuya, y que sean tus lectores quienes decidan con cuál se quedan, o si se quedan con un poco de cada una, que a veces también pasa:
http://www.mundoclasico.com/ed/documentos/doc-ver.aspx?id=ce39726e-9910-4aeb-b447-9b9004a7a807


Y permíteme terminar con un enlace a un trocito de los Juegos, de György Kurtág. Una miniatura preciosa constituida simplemente por las 7 notas de la escala mayor diatónica. Todo un haiku musical.

Http://www.youtube.com/watch?v=UzRsDD5xbOE


Perdón por el ladrillo, y saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por los pacientes comentarios, Anabel. Me siento incapaz de contestar por extenso y como se merece. Solo una puntualización.

Obviamente discrepamos mucho sobre el valor de Rachmaninov (lo escribo así por costumbre, ya sé que es incorrecto), de Walton y de, qué se yo, Bernard Herrmann. Pero lo que conozco de Berio, de Xenakis, de Sciarrino, de Scelsi, de Carter, de Boulez o de Sánchez Verdú (que no, que no soy tan tonto como para meterlos a todos en un mismo saco, ni tampoco a la totalidad de las creaciones de cada uno) me parece sensacional. Por eso mismo no me considero muy "normal", ni voy de ello: algunos seguramente ven mal que adore a Puccini (y yo lo adoro) y que al mismo tiempo me caiga de asombro ante el Scardanelli-Zyklus de Holliger. Por ejemplo.

Pero en las artes plásticas me pasa igual: Rembrandt es, por cierto, uno de mis pintores favoritos, pero también me parecen fascinantes los frescos románicos de San Isidoro de León, las creaciones de los Van Eyck, los nenúfares de Monet y los lienzos de Zóbel. Por cierto, que si me tocase escribr una Historia de la Pintura no se me ocurriría dejar de lado, qué se yo, a Tintoretto o a David, aunque no sean mis preferidos. Pues eso. Un saludo.

Bruno dijo...

El meollo del asunto está claro Una cosa es la Historia de la Música y otra la Historia de la Vanguardia Musical. Ya veo que, exagerando, Mozart, y bastantes más, no entran en la Historia de la Vanguardia musical, que es la fetén, única y verdadera. Seguimos en Darmstadt. La Serenata Nocturna, una pesadilla.
Para defender unas obras no vale despreciar a otras y, menos, por el delito de llegar al público.

Vicentet dijo...

Seguimos con algunos Adornos del Siglo XXi que le siguen negando el pan y la sal a los Rachmaninov, Sibelius y demas por no hablar de Turina, Esplá o Sorozabal.Una chorrada cuando hasta el propio Berio compuso una sinfonia utilizando temas de mahler que es la quintaesencia del romanticismo,por mas que aqui y alla haya modernidades, como las puede haber en Biber. Una actitud que es la misma que la de los nazis hacia la musica degenerada. Igual que pasa con la historia del arte, nadie puede negar el virtuosismo de avida dolars que me parece mas interesante que cualquier Miró o Pollock de la vida.

Jesús Gonzalo dijo...

Pobre comentario a un libro, amigo Fernando. Debo entender que se encuadra en lo de "fobias y maledicencias..."

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Es que no es el comentario de un libro, sino de una actitud. La del autor de este libro y la de otras personas de línea similar.

Anónimo dijo...

Fernando:

Ya que eres amante de la música para cine, y te gusta la música moderna, de vanguardia, querría plantearte una pregunta: ¿Conoces el Beabourg de Vangelis (1978)? ¿Qué te parece?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lo lamento, lo ignoro casi todo sobre la música de Vangelis; salvo Blade Runner, claro, que me gusta mucho. Un saludo.