martes, 14 de mayo de 2013

La palmera Rubinstein

El pasado sábado por la mañana me sentí agobiado. Otro fin de semana, pensé, aislado en la Sierra de Segura. Muchos kilómetros  y poco dinero para ir a cualquier lugar interesante. Carísimos el Don Pasquale con Muti y los conciertos de Ibermúsica: los que no vivimos en Madrid tenemos que abstenernos, porque el precio de las entradas sumado al alojamiento nos resulta inasumible. Y el cercano Festival de Úbeda descartado, porque este año he decidido mantenerme alejado del mismo (también del de Granada: no es casualidad). Así que encerrado en casa, en vísperas de mi cumpleaños, trabajando y escuchando música, mientras el tiempo playero invitaba a salir...


Y de pronto me harté. Busqué un hotel barato y cogí mi coche rumbo a Elche, una ciudad que tenía bastantes ganas de conocer. Muchas cosas me llamaron la atención. Por ejemplo, la extrema erosión y aridez del suelo, que me hace comprender cada vez mejor las necesidades hídricas de la zona levantina, de Murcia y de Almería (conflictos entre comunidades incluidos, por los trasvases). O el injustificable deterioro del litoral que ha saciado la inmensa avaricia de unos pocos matando a la gallina de los huevos de oro (y la cosa no para: véase la Ley de Costas del PP). O el maravilloso brillo del sol en la capa de agua que cubre las salinas de Santa Pola. O la increíble extensión del palmeral en el interior de la ciudad, que conocía solo de oídas y ahora me ha dejado maravillado. O el gran dinamismo del centro urbano los sábados por la noche. O la belleza de la portada barroca de la Basílica de Santa María. O la gran calidad expositiva del renovado Museo Arqueológico, a pesar de la circunstancia de que en las numerosas pantallas táctiles solo funcionaba la opción en valenciano (castellano e inglés parecían estar desactivados).


Pero, sobre todo, lo que me ha impactado es el jardín botánico conocido como Huerto del Cura. Solo por ver esta maravilla -de allí son las imágenes que acompañan este post bastante tontorrón- ya merecían la pena las tres horas de coche. Plantas de todo el mundo muy bien ordenadas y mejor cuidadas. Entre ellas palmeras, muchas palmeras, que conocen una curiosa costumbre: cada vez que viene un visitante ilustre, este "bautiza" con vino de la tierra un ejemplar al que se le pone un rótulo con su nombre (algo parecido se hace en Jerez con las botas de vino de las bodegas). La palmera más famosa es la Imperial, que debe su bautizo a la mismísima Sisí, pero hay otras muchas interesantes. Entre ellas, una que llamó poderosamente mi atención: la de Arthur Rubinstein, que visitó la ciudad en 1972. Junto a él, rótulos del compositor Conrado del Campo (1940) y del musicólogo Federico Sopeña (1954). ¡Qué alegría que la música y sus gentes sean tenidas en consideración! O que lo fueran en su momento, al menos. Porque de seguir así las cosas en nuestro país, cualquier día vemos palmeras con el rótulo de Belén Esteban o de Paquirrín.


4 comentarios:

Bruno dijo...

No soy quien para pedirle excusas. Quiero seguir pensando que la Comunidad Valenciana es una tierra hospitalaria con todos los españoles.En realidad, excepto algunos maleducados, se procura atender a cada uno en su lengua y el castellano se usa sin problemas.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mi experiencia en este sentido en la Comunidad Valenciana ha sido siempre positiva, ciertamente, aunque se ve que algunos gestores piensan más con la bandera que con el sentido común.

Otra cosa es Cataluña: es el único lugar del mundo donde siempre que he estado me he sentido incómodo, cosa que en absoluto me ha pasado en lugares mucho más lejanos, en todos los sentidos, como Londres o Berlín, en los que me siento como en casa.

Myriam dijo...

Hola, Fernando, Bendita palmera!!! Me alegro que se haya honrado a un gran músico, yo lo amo. Además ¡qué espíritu el de ese hombre, enamorado de la vida, supremo intérprete de Chopin! Impresionante su biografía en dos tomos.

Una amiga Melchiana me refirió a tu casa, a propó de un sencillo pero sentido homenaje que le hice estos días pasados en mi blog.

Un saludo, te enlazo

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias, Myriam, un saludo.